Eugenio de Ávila
Lunes, 20 de Abril de 2020
REPÚBLICO

Pedro y Pablo: entre el querer y el poder

[Img #37993]Desde mi candidez, en pleno caos político y social, provocado por la ineptitud de un Gobierno, magistral para la propaganda, incapacitado para la gestión, me preguntaría si el dúo vírico Pedro y Pablo, tanto monta, monta tanto, preferirían hacer de España una Corea del Norte, monarquía comunista; la Venezuela de Chaves, con cuatro millones de exiliados, pueblo famélico, persecución de la prensa independiente, amedrentamiento del poder legislativo; o quizá la U.R.S.S. de Lenin y Stalin, la de las purgas de Moscú; la de la  gerontocracia; la Alemania Democrática o las naciones del centro y oriente de Europa desde la caída del muro de Berlín, o quizá la Cuba castrista, convertida en un lupanar para españoles e italianos rijosos, con un tercio de cubanos en el exilio, una economía de subsistencia, o apostaría por una democracia como la francesa, con un régimen republicano; la inglesa, danesa, sueca, holandesa, con monarcas, la alemana, federal. De este dilema entre el poder y el querer, escribo ya.

Ya sé que Pablo Iglesias, como suele reiterar, es un demócrata, porque conoce  la frase totalitaria de Lenin –“La mentira es un arma revolucionaria”- después calcada por Goebbels, émulo de sociópata ruso, con “una mentira repetida mil veces se convierte en la mayor de las verdades. Y así, el pueblo llano, se lo ha creído. El líder de Podemos y Unidas es un demócrata que absorbería todos los medios de comunicación privados para transformarlos en públicos, como sucedió en la U.R.S.S., Cuba y España, durante el franquismo, aunque se mantuvieran algunos diarios privados como el Ya, Informaciones, Madrid. Solo se mantendría el Gara, el periódico que leen los etarras y sus admiradores.

¡Cómo dudar de que Iglesias es un demócrata! La democracia de este gran actor izquierdista se basa en acabar con la burguesía, proclamar una república, como la del 1931 –Felipe VI se resistiría, pero, al final, saldría en avión desde Barajas, rumbo a cualquier nación con monarquía parlamentaria-;  eso sí, no se  quemarían  cientos de  iglesias como en mayo de ese mismo año, menos de un mes después de proclamarse; ni  se daría un  golpe de Estado como el 6 de octubre, ni dejar salir a los presos comunes de las cárceles. Por supuesto, los partidos de derechas y centro no podrían presentarse a ningún tipo de comicios, como sucede en Alemania con comunistas y nacionalsocialistas, ideologías prohibidas, por ser causa de los mayores crímenes contra la Humanidad. Me imagino

Pedro y Pablo apostarían por un parlamento –desaparecía el Senado- como el del franquismo, con procuradores, pero sin que legislasen, porque el ejecutivo se encargaría de administrar esos dos poderes del Estado. Crearían un Comité de Salvación Pública, que impediría cualquier movimiento contrarrevolucionario, no solo contra los partidos conservadores, sino también contra los revolucionarios moderados, de los que habrá miles en el PSOE, o de dudosa ortodoxia, a imitación del periodo jacobino de la Revolución Francesa, que tanto aprecia el líder neocomunista, que Lenin imitaría en el golpe de Estado bolchevique de octubre de 1917, con el cierre de la Duma –Parlamento revolucionario proclamado tras la primera etapa revolucionaria, en febrero de 1917-, y el cierre de toda la prensa y persecución de todos los partidos, liberales, mencheviques, eseristas (Partido Social Revolucionario de Izquierdas), mayoritario, izquierda campesina, y anarquistas.

En una segunda etapa, una vez sofocados los grupos contrarrevolucionarios, se confiscarían todos los latifundios, que se distribuirían entre los jornaleros sin tierras. Los pequeños agricultores pasarían a ser funcionarios del sector primario. La ganadería también sería estatalizada. Toda la banca, tanto la pública, cajas, como la privada, dirigidas por técnicos de Unidas Podemos y sanchistas. Perfecto. Todo para el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado.

Aunque el líder de Podemos ha mostrado su simpatía por los separatistas catalanes y vascos, una vez que tome el poder, dudo que consintiera que ambas regiones se separen del nuevo Estado. Como mucho, entrarían a formar parte de la República Federal Española, aunque con ciertos privilegios.

Pero el nuevo régimen debería soportar los graves conflictos sociales que se desencadenarían con el cierre de las plantas de automóviles, propiedad de grandes multinacionales americanas, francesas, alemanas e italianas. Miles de obreros, privilegiados en cuanto a salarios, exigirían al Estado nuevas inversiones para recolocarse, subsidios laborales o jubilaciones anticipadas, dependiendo de la edad de cada cual. Eso sería la descripción de una España revolucionaria. Ahora bien, creo que Sánchez e Iglesias son dos rojos de salón, de boquilla; gente de mucha teoría, pero que se acojonarían para ponerla en práctica.

No obstante, quizá me equivoque y Pedro y Pablo elijan seguir con un rey como Jefe del Estado, un parlamento en el que estén representados todos los partidos, con diputados y senadores elegidos de acuerdo a una nueva Ley Electoral, mucho más justa, que evite la hiper representación separatista, condicionante de  la tarea del cualquier gobierno del Estado; un poder judicial independiente, que sea elegido por los propios profesionales de la Justicia; potenciar el sector primario, vital en algunas provincias como la nuestra; reindustrializar, proteger al pequeño comercio, perseguir a los especuladores, a los que defrauden a Hacienda, purgar los partidos de corruptos, redistribuir la riqueza, sin medidas fiscales confiscatorias, igualar regiones y provincias; facilitar las inversiones en energía verde, como la Biorrefinería Multifuncional de Barcial del Barco; favorecer a las familias y políticas sociales que atiendan a los desheredados de la fortuna, tal y como ejerce Cáritas.

Ahora, Pedro y Pablo deberán elegir entre  construir una democracia profunda,  de calidad, equitativa y justa, como las europeas, o apostar por un régimen como el chavista. Quizá, los españoles que no sean hinchas, ni hooligans, de PSOE ni de Podemos, elegirían la libertad.

He desarrollado en este artículo lo que este Gobierno querría hacer o lo que puede ejecutar; entre perfeccionar esta democracia, con múltiples defectos y carencias, o dar un paso hacia un Estado casi totalitario. Pedro y Pablo, ante un dilema político: entre el querer y el poder.

El problema de España, tras el coronavirus, se llama economía. Las recetas socialistas, como demostró la historia, provocan el caos económico, amén de otras cuestiones aún más graves para la sociedad que las padezca.

“La libertad no solo significa que el individuo tiene la oportunidad y el peso de la elección. También significa que debe soportar las consecuencias de sus actos. Libertad y responsabilidad son inseparables". F.A. Von Hayek,  economista, jurista, filósofo, Premio Nobel Conmemorativo de Economía.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

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