Eugenio de Ávila
Sábado, 25 de Abril de 2020
REPÚBLICO

La España gregaria, aleccionada para obedecer a Pedro y Pablo

[Img #38288]Ya he escrito, con reiteración, que todo funcionario, aunque se crea trostkista, ácrata –sí, trabajando para el Estado al que niega- , es un conservador clásico. Quizá, se afilie a un sindicato, porque así da guerra, se libera, si es posible, para dedicarse, por entero, a que sus colegas de profesión adquieran más derechos y trabajen en mejores condiciones y, por supuesto, por énfasis en la subida de los salarios, de acuerdo al IPC o algo más, todos los años, como  marca la ley. Pero, en definitiva, un señor o señora que, tras concluir bachiller, carrera, de grado medio o superior, oposita a un puesto en la función pública, me parece ultraconservador: Busca asegurar un salario hasta la edad de jubilación. Ni un solo riesgo. Todo controlado hasta el final de la vida. ¿Hay algo más conservador?

La mayor parte de los políticos, esos varones y hembras que dicen representarnos, se hallan entre esa gente que trabaja para el Estado. Ignoran lo que es pagar una nómina, pedir un crédito a un banco para montar un negocio, resolver problemas, cotidianos, que plantea la empresa, casi siempre pequeña o mediana, o tener que cerrar después de perderlo todo.

Un funcionario jamás, gane poco o mucho, dependiendo de la oposición aprobada, sabrá qué significa, verbigracia, una quiebra, cumplir con los intereses del crédito bancario, comerse el coco para vender mejor tu producto, para competir con otros empresarios que también ofrecen productos de tu sector, textil, calzado, hostelería, electrodomésticos, alimentación, etc.

Ni Epi Sanchez, ni Blas Iglesias, ni Pamplinas Rajoy, ni Chaplin Aznar conocerán cómo se vive cuando se es empresario. Este Gobierno que, por su soberbia y suficiencia, creyó que esto del coronavirus pertenecía a alguna película americana, incapaz para la gestión, porque lo forman funcionarios, porque es muy conservador, aunque pareciese lo contrario –no hay moral tan reaccionaria como la estalinista-, conocerá también una voraz pandemia económica, a la que solo intentará, sin conseguirlo, frenar con el catecismo comunista, como control de precios, lo que  dará paso a la escasez y el mercado negro; estatalización incluso de los insectos, como buenos totalitarios –todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado-, subida de impuestos, lo que generará más cierres de Pymes, mayor gasto , pero con menos ingresos, para hacer limosna entre las clases más débiles, con lo que asegurará un voto cautivo, como el PER en Andalucía, deflación, congelación de salarios de los funcionarios, de acuerdo con los sindicatos afines. Conoceremos lo que es la izquierda reaccionaria, jamás progresista. Eso sí la clase dirigente del régimen mantendrá su status quo, sus privilegios y aumentará su poder sobre la masa.

Hay dos tipos de seres humanos. Una mayoría gregaria, necesaria para los sistemas dictatoriales, y una minoría rebelde, que siempre se opondrá a cualquier Gobierno, sea de la diestra o de la siniestra. España, de momento, prefiere ser rebaño a buscarse la vida por su cuenta.

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