COVID-19
La Peste Antonina y la política de postureo
“La peste que nos rodea es menos letal que la falsedad, las malas conductas y la falta de verdadero entendimiento”. Marco Aurelio Antonio
Recuerdo con alegría la canción interpretada por Ana Belén y Víctor Manuel: ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, la Puerta de Alcalá. Estos intérpretes se referían al monumento construido en época de Carlos III que representaba una de las cinco puertas de entrada a la ciudad de Madrid.
Hace dos meses, nadie en su sano juicio, hubiese pensado que la misma podría erigirse en una especie de monumento funerario temporal. Con la colocación de un gran crespón negro se pretende trasladar el pésame del pueblo español a aquellos que habiendo partido, han sido silenciados. Nada más y nada menos que, al menos, y no es un juego de palabras, veintitrés mil.
El Gobierno está obligado a reconocer, en lugar de reprimir, los sentimientos de dolor y de tristeza que asolan España. Resulta patético que sean los partidos de la oposición los encargados de solicitar a las presidencias de las comisiones del Congreso la muestra de un minuto de silencio.
Sin saberlo, este Gobierno está observando las costumbres judías de luto, en concreto la llamada Shiva que abarca los siete días siguientes al entierro, en los que los familiares dolientes no pueden salir de casa, para acabar observando el llamado Sheloshim que comprende un periodo de treinta días, en el que los familiares no pueden asistir a fiestas, ni pueden afeitarse o cortarse el pelo.
Estas actitudes omisivas que delatan a sus agentes, junto a la influencia que la arquitectura del arco de triunfo tuvo en la Puerta de Alcalá me han llevado al año 165 d.C. En aquel año comenzó la peste Antonina, llamada así debido a que los primeros signos de dicha pandemia occidental tuvieron lugar en tiempos del emperador Marco Aurelio Antonino.
Aquella peste, de hace aproximadamente dos mil años de antigüedad, guarda cierta similitud con la que ahora nos asola, por cuanto perturbó la salud, la economía, la política y la cultura de aquel momento. Marco Aurelio murió como consecuencia de esta pandemia, porque al igual que hoy, entonces no se conocía ni la etiología de la enfermedad ni su tratamiento. Durante ese tiempo, el emperador que además era filósofo apodado el sabio, escribió su obra Meditaciones.
Entre las reflexiones que contiene este magnífico libro, se encuentra la siguiente: “La peste que nos rodea es menos letal que la falsedad, las malas conductas y la falta de verdadero entendimiento”. ¿Alguien conoce el número real de fallecidos? Los distintos criterios técnicos de medición en función de la comunidad autónoma en la que te encuentres, se une a la tendencia a la ocultación del Gobierno central, lo que nos lleva a la desinformación, para evitar así llamarlo falsedad, como escribía el emperador.
Respecto de las malas conductas evitaré enumerarlas por encontrarme cargada de profunda subjetividad y respecto de la falta de entendimiento solo tenemos que asomarnos a las indicaciones realizadas por cada uno de los ministros, del ramo y del no ramo, sobre las salidas de los niños a la calle. La situación se resume en: orden, más contraorden, igual a desorden.
A medida que van pasando los días, se observa, de una manera meridianamente clara, que la política de postureo ha sido denostada por la sociedad y, su muerte, ya engrosa la lista de fallecidos por COVID 19. Muerta pues la política de juguete que se apoya en propaganda variada e información sesgada, hay que buscar más que nunca, la estrategia del verdadero entendimiento como indicaba el emperador.
La política de gestión que reivindican diariamente los españoles, exige, entre otras muchísimas cosas, que los principales centros de biomédica dejen de permanecer cerrados, ya que en ellos se concentran docenas de máquinas de realización de PCRs y de profesionales expertos en la realización de estos tests. ¿Acaso los científicos biomédicos no son trabajadores que forman parte de los denominados servicios esenciales?
Hagámonos eco de la recomendación de la O.M.S relativa a hacer tests, tests y más tests. Hasta que contemos con una vacuna, solo la realización de estas pruebas y la responsabilidad individual, nos permitirán salir a la calle en condiciones de seguridad.
La ciudadanía ha dado muerte a la política del postureo, sin mostrarle duelo, pero observando la Shiva y el Sheloshim y además exige gestión en mayúsculas. Una gestión del entendimiento entre representantes de distinto signo político y una auténtica coordinación entre el Estado y Comunidades Autónomas. Decía el último de los llamados cinco buenos emperadores: “Hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros, es contrario a la naturaleza”.
El emperador falleció un diecisiete de marzo, salvando los siglos, tres días después de la fecha en que se decretó el estado de alarma en España. Hay historiadores que consideran esta Peste Antonina como el principal factor desencadenante del declive y posterior caída del Imperio Romano. Al final, resultará verdadera la frase: la historia se repite. En el caso presente, sin libros de seudo emperadores que llevarnos a las manos.
Lorena Hernández del Río
Recuerdo con alegría la canción interpretada por Ana Belén y Víctor Manuel: ahí está, ahí está viendo pasar el tiempo, la Puerta de Alcalá. Estos intérpretes se referían al monumento construido en época de Carlos III que representaba una de las cinco puertas de entrada a la ciudad de Madrid.
Hace dos meses, nadie en su sano juicio, hubiese pensado que la misma podría erigirse en una especie de monumento funerario temporal. Con la colocación de un gran crespón negro se pretende trasladar el pésame del pueblo español a aquellos que habiendo partido, han sido silenciados. Nada más y nada menos que, al menos, y no es un juego de palabras, veintitrés mil.
El Gobierno está obligado a reconocer, en lugar de reprimir, los sentimientos de dolor y de tristeza que asolan España. Resulta patético que sean los partidos de la oposición los encargados de solicitar a las presidencias de las comisiones del Congreso la muestra de un minuto de silencio.
Sin saberlo, este Gobierno está observando las costumbres judías de luto, en concreto la llamada Shiva que abarca los siete días siguientes al entierro, en los que los familiares dolientes no pueden salir de casa, para acabar observando el llamado Sheloshim que comprende un periodo de treinta días, en el que los familiares no pueden asistir a fiestas, ni pueden afeitarse o cortarse el pelo.
Estas actitudes omisivas que delatan a sus agentes, junto a la influencia que la arquitectura del arco de triunfo tuvo en la Puerta de Alcalá me han llevado al año 165 d.C. En aquel año comenzó la peste Antonina, llamada así debido a que los primeros signos de dicha pandemia occidental tuvieron lugar en tiempos del emperador Marco Aurelio Antonino.
Aquella peste, de hace aproximadamente dos mil años de antigüedad, guarda cierta similitud con la que ahora nos asola, por cuanto perturbó la salud, la economía, la política y la cultura de aquel momento. Marco Aurelio murió como consecuencia de esta pandemia, porque al igual que hoy, entonces no se conocía ni la etiología de la enfermedad ni su tratamiento. Durante ese tiempo, el emperador que además era filósofo apodado el sabio, escribió su obra Meditaciones.
Entre las reflexiones que contiene este magnífico libro, se encuentra la siguiente: “La peste que nos rodea es menos letal que la falsedad, las malas conductas y la falta de verdadero entendimiento”. ¿Alguien conoce el número real de fallecidos? Los distintos criterios técnicos de medición en función de la comunidad autónoma en la que te encuentres, se une a la tendencia a la ocultación del Gobierno central, lo que nos lleva a la desinformación, para evitar así llamarlo falsedad, como escribía el emperador.
Respecto de las malas conductas evitaré enumerarlas por encontrarme cargada de profunda subjetividad y respecto de la falta de entendimiento solo tenemos que asomarnos a las indicaciones realizadas por cada uno de los ministros, del ramo y del no ramo, sobre las salidas de los niños a la calle. La situación se resume en: orden, más contraorden, igual a desorden.
A medida que van pasando los días, se observa, de una manera meridianamente clara, que la política de postureo ha sido denostada por la sociedad y, su muerte, ya engrosa la lista de fallecidos por COVID 19. Muerta pues la política de juguete que se apoya en propaganda variada e información sesgada, hay que buscar más que nunca, la estrategia del verdadero entendimiento como indicaba el emperador.
La política de gestión que reivindican diariamente los españoles, exige, entre otras muchísimas cosas, que los principales centros de biomédica dejen de permanecer cerrados, ya que en ellos se concentran docenas de máquinas de realización de PCRs y de profesionales expertos en la realización de estos tests. ¿Acaso los científicos biomédicos no son trabajadores que forman parte de los denominados servicios esenciales?
Hagámonos eco de la recomendación de la O.M.S relativa a hacer tests, tests y más tests. Hasta que contemos con una vacuna, solo la realización de estas pruebas y la responsabilidad individual, nos permitirán salir a la calle en condiciones de seguridad.
La ciudadanía ha dado muerte a la política del postureo, sin mostrarle duelo, pero observando la Shiva y el Sheloshim y además exige gestión en mayúsculas. Una gestión del entendimiento entre representantes de distinto signo político y una auténtica coordinación entre el Estado y Comunidades Autónomas. Decía el último de los llamados cinco buenos emperadores: “Hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros, es contrario a la naturaleza”.
El emperador falleció un diecisiete de marzo, salvando los siglos, tres días después de la fecha en que se decretó el estado de alarma en España. Hay historiadores que consideran esta Peste Antonina como el principal factor desencadenante del declive y posterior caída del Imperio Romano. Al final, resultará verdadera la frase: la historia se repite. En el caso presente, sin libros de seudo emperadores que llevarnos a las manos.
Lorena Hernández del Río


















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