REPÚBLICO
Soluciones para la pandemia económica
Sindicatos, Podemos y Falange coinciden en estrategias
“Urge una reforma del sector energético en España: ¡Nacionalización Ya!”. “Apuesta por la banca pública”. Así, en frío, estos dos deseos, propuestas, exigencias parecen diseñadas por Pablo Iglesias y los mal denominados sindicatos de clase. CC.OO. y U.G.T., este dirigido por un secretario general, asturiano, pero simpatizante del independentismo de la extrema derecha catalana. En efecto, hoy, Sordo y Álvarez salieron a la palestra pidiendo al Gobierno que nacionalice empresas española, no se trataría, según el líder del sindicato socialista, de “nacionalizar por nacionalizar”, pero quiere que el ejecutivo intervenga los sectores estratégicos de la nación. Supongo que las eléctricas y la banca privada deberían ser nacionalizadas para los sindicalistas españoles.
Las frases, entrecomilladas, que abren este artículo, corresponden a Falange Española de las J.O.N.S. Los sindicatos de clase españoles, en perfecto acuerdo con el partido de José Antonio Primo de Rivera. El fascismo no deja de ser el comunismo patriota. Y más: “Un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital con carácter progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas”. También forma parte del Programa de San Sepolcro del Partido Fascista Italiano. Pablo Iglesias, por su parte, un siglo después, apuesta por “Intenso intervencionismo estatal en la economía y rígida regulación laboral para proteger a los trabajadores y acabar con el paro”.
García-Trevijano, el grandísimo intelectual y republicano español, dijo de Podemos, en marzo de 2016, que “es una farsa, con malos actores cómicos…son la revolución pendiente de la Falange. Y subrayó que Pablo Iglesias y su formación solo quieren participar del botín. Cuatro años después, el partido morado lo ha conseguido.
Ahora, cuando llega la pandemia económica, podrá aplicar sus políticas económicas fascistas: nacionalizaciones de la banca privada y de las eléctricas, lo que desean, con toda su fuerza rojinegra, la Falange Española de las J.O.N.S., que se explicaba, con claridad, no hace mucho tiempo: los falangistas apostaron por la reforma del sector energético español: “Defendemos una nacionalización de los servicios de agua, luz y gas, pues los consideramos elementos básicos para poder vivir: agua para mantener una salubridad dentro de las viviendas, luz para poder iluminar y conservar alimentos y gas para poder calentarse en invierno”.
Y, para concluir con las concomitancias entre sindicatos de clase, Podemos y el fascismo italiano esta idea de Mussolini: “Administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias (cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente)”. En definitiva, son todos proyectos de extrema izquierda.
Ahora, en esta primavera de 2020, Pedro Sánchez debe decidir entre la libertad, la economía de mercado, la que rige en todas las naciones del mundo civilizado, a regresar al pasado económico e ideológico. Si se bolcheviza, como Largo Caballero durante la II República, le puede esperar lo que afirmó Besteiro: “Estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos”. El presidente del Gobierno se ha convertido en rehén del neocomunismo. Él lo ha elegido. La historia lo juzgará.
Eugenio-Jesús de Ávila
“Urge una reforma del sector energético en España: ¡Nacionalización Ya!”. “Apuesta por la banca pública”. Así, en frío, estos dos deseos, propuestas, exigencias parecen diseñadas por Pablo Iglesias y los mal denominados sindicatos de clase. CC.OO. y U.G.T., este dirigido por un secretario general, asturiano, pero simpatizante del independentismo de la extrema derecha catalana. En efecto, hoy, Sordo y Álvarez salieron a la palestra pidiendo al Gobierno que nacionalice empresas española, no se trataría, según el líder del sindicato socialista, de “nacionalizar por nacionalizar”, pero quiere que el ejecutivo intervenga los sectores estratégicos de la nación. Supongo que las eléctricas y la banca privada deberían ser nacionalizadas para los sindicalistas españoles.
Las frases, entrecomilladas, que abren este artículo, corresponden a Falange Española de las J.O.N.S. Los sindicatos de clase españoles, en perfecto acuerdo con el partido de José Antonio Primo de Rivera. El fascismo no deja de ser el comunismo patriota. Y más: “Un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital con carácter progresivo que tenga la forma de una verdadera expropiación de todas las riquezas”. También forma parte del Programa de San Sepolcro del Partido Fascista Italiano. Pablo Iglesias, por su parte, un siglo después, apuesta por “Intenso intervencionismo estatal en la economía y rígida regulación laboral para proteger a los trabajadores y acabar con el paro”.
García-Trevijano, el grandísimo intelectual y republicano español, dijo de Podemos, en marzo de 2016, que “es una farsa, con malos actores cómicos…son la revolución pendiente de la Falange. Y subrayó que Pablo Iglesias y su formación solo quieren participar del botín. Cuatro años después, el partido morado lo ha conseguido.
Ahora, cuando llega la pandemia económica, podrá aplicar sus políticas económicas fascistas: nacionalizaciones de la banca privada y de las eléctricas, lo que desean, con toda su fuerza rojinegra, la Falange Española de las J.O.N.S., que se explicaba, con claridad, no hace mucho tiempo: los falangistas apostaron por la reforma del sector energético español: “Defendemos una nacionalización de los servicios de agua, luz y gas, pues los consideramos elementos básicos para poder vivir: agua para mantener una salubridad dentro de las viviendas, luz para poder iluminar y conservar alimentos y gas para poder calentarse en invierno”.
Y, para concluir con las concomitancias entre sindicatos de clase, Podemos y el fascismo italiano esta idea de Mussolini: “Administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias (cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente)”. En definitiva, son todos proyectos de extrema izquierda.
Ahora, en esta primavera de 2020, Pedro Sánchez debe decidir entre la libertad, la economía de mercado, la que rige en todas las naciones del mundo civilizado, a regresar al pasado económico e ideológico. Si se bolcheviza, como Largo Caballero durante la II República, le puede esperar lo que afirmó Besteiro: “Estamos derrotados nacionalmente por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos”. El presidente del Gobierno se ha convertido en rehén del neocomunismo. Él lo ha elegido. La historia lo juzgará.
Eugenio-Jesús de Ávila




















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