Eugenio de Ávila
Miércoles, 29 de Abril de 2020
REPÚBLICO

Un marxista en La Moncloa

[Img #38478]La Fase 0 es la primera medida del Plan de Transición para la Nueva Normalidad, dos palabras acuñadas por el totalitarismo: desde Lenin al Nacionalsocialismo. La Fase III, es la segunda; la segunda, es la Fase I.  Además, habrá provincias que, en base a unos datos, desconocidos, que se ignora quién lo cotejará, pasen de una fase a otra, como si fuera una competición.

Nos lo dijo anoche nuestra presidente en comparecencia surrealista. “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. Así se inicia el diálogo cinematográfico entre Groucho y Harpo Marx, judíos como Karl, pero libérrimos, que concluye con “por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte”. Pues lo de las fases 0, I, II. III y IV  me pareció algo semejante a la que tanto nos hizo reír en nuestros años mozos. Sucede que   se han derramado muchas lágrimas. Esto no es una broma. Sino algo muy serio, bajo el control de ejecutivo de propagandistas.

Galimatías absoluto de este presidente y sus ministros, nunca tantos. Los empresarios de hostelería abrirán sus terrazas, pero solo al 30%. Dedúcese que deberán reducir sus plantillas en un tercio. Los clientes tampoco podrán utilizar los baños. Por lo que se refiere a los hoteles, otra locura. En nuestra provincia, solo podrán alojarse los zamoranos en cualquiera de los hoteles de la provincia, pero el turista de otras provincias, no.  Nuestros comerciantes, autónomos, podrán abrir, pero dando horas, como si fueran médicos o enfermeras de la Seguridad Social. Me explico: si quiere comprar unos zapatos, deberá llamar por teléfono a su tienda para que le dé una hora de asistencia. Solo habrá un dependiente y un solo cliente. Los comerciantes españoles afirman que existen demasiadas lagunas. Quizá las de Ruidera.

¿Qué sucederá en los cines, en los teatros? Los actores no podrán realizar escenas íntimas. Don Juan, por ejemplo, nunca podría cortejar a Doña Inés sino es a gran distancia. ¿Se disputarán partidos de fútbol? ¿Cuánta gente podrá acudir a los estadios?

El día 2 de mayo, aniversario del inicio de la Guerra de la Independencia contra el Napoleón, unos 37 millones de españoles saldrán a la calle. ¿Se atreverá usted a darse un paseo, cuando casi se haya vuelto a la nuevo normalidad –insisto invento totalitario-, o se quedará en casa, porque le da miedo sin que apenas se hayan realizado test?

Sánchez ha ignorado a las autonomías, a esa oposición a la que reclama unidad, a todos, para presentar su plan de “desescalada” –palabreja que no existe en nuestro idioma-, si exceptuamos a su guardia pretoriana, a la supercasta, y a su prensa, a la que sigue regando con millones de euros.

La normalidad que pretende este Gobierno se parecerá mucho a la de un Estado totalitario. Su vicepresidente, el encargado de velar por las residencias de la tercera edad, aprovechó la pandemia para cargar contra la Monarquía y la Justicia. Las televisiones ya son suyas. Lo anticipó: prefiero los telediarios a cualquier ministerio. Ya son suyas. Todo dispuesto para aplicar sus ideas comunistas: cierres de tiendas, subidas de impuestos, propiedad privada en entredicho, cinco millones de parados, como mínimo, que tendrán que vivir el dinero público, de la limosna que repartirá el líder de Unidas Podemos. Voto cautivo. La suerte esta echada. ¡Dios mío, dios mío, por qué nos has desamparado!

“Soy tan inteligente que a veces no entiendo una sola palabra de lo que digo”. Aserto de Groucho Marx. Nosotros, la gente normal,  no la del Plan para la Normalidad, tampoco entendemos ni una sola palabra a Pedro Marx: ¡Es tan inteligente! Tenemos, pues, un marxista en La Moncloa, y un neomarxista en Galapagar. Humor surrealista. Política simpática y agradable.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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