CON LOS CINCO SENTIDOS
Hoy no es mi día
¿No os ocurre a veces que un día os levantáis de la cama, alzáis un pie, después el otro, ponéis ambos sobre la alfombra y os decís mentalmente, para qué coño me levanto hoy? Las circunstancias de la vida superan a cualquiera que no tenga el lujo de ser moderadamente feliz, tener dinero para serlo, amor para compartirlo y una vida ilusionante con trabajo y familia que te apoye y te anime cada día cuando sales de casa y te reciba con los brazos abiertos en canal, ya de noche, cuando vuelves tan cansado que parece que te hubieran molido a palos por el camino o trabajaras en una obra poniendo andamios o cortando leña a machetazos todo el santo día.
Sí, a veces cuando me levanto por las mañanas, me dan unas ganas horribles de meterme de nuevo entre las sábanas, como si éstas tuvieran un imán que me atrae de una manera tan fuerte que es imposible resistir su influjo. Pero me levanto. Piso con un pie, luego con el otro, bostezo, estiro la espalda hasta oír el crujido de cada una de mis vértebras y me levanto. No de un salto, sin café no soy nadie y lo mismo hasta me mareo después de semejante esfuerzo. Después del primer café, cuando mi cerebro empieza a discernir y a darle algo de importancia a lo que hago, empieza mi día.
Pasa muy rápido, no tengo casi tiempo de estar con los míos y con la gente a la que quiero, y eso no está bien. Nada bien. Es una mierda. Por eso me lo pienso tanto por las mañanas al levantarme. ¿Qué sentido tiene estar así un día tras otro dejando escapar la vida? Ninguno. Sólo la subsistencia. Tienes, debes encontrar un motivo para que tu día a día merezca el esfuerzo, pero no te alejes de los tuyos por trabajo, de las personas que quieres, de los amigos, del disfrute, porque estarás muerto en vida. Y eso, amigo, es algo que no merece la pena. Y termino mi reflexión de hoy con este poemilla, para animar vuestras perezosas conciencias: Que la suerte no te engañe a ratos y la vida no te aturda el entendimiento. Que el amor no te abandone nunca y la pasión te acompañe a cada paso. Sólo una vida tenemos, sólo una creía yo. A otros nos regalaron alguna más… No malgastes tus minutos en vano, no sea que no los vayas a recuperar jamás.
Nélida L. del Estal Sastre
¿No os ocurre a veces que un día os levantáis de la cama, alzáis un pie, después el otro, ponéis ambos sobre la alfombra y os decís mentalmente, para qué coño me levanto hoy? Las circunstancias de la vida superan a cualquiera que no tenga el lujo de ser moderadamente feliz, tener dinero para serlo, amor para compartirlo y una vida ilusionante con trabajo y familia que te apoye y te anime cada día cuando sales de casa y te reciba con los brazos abiertos en canal, ya de noche, cuando vuelves tan cansado que parece que te hubieran molido a palos por el camino o trabajaras en una obra poniendo andamios o cortando leña a machetazos todo el santo día.
Sí, a veces cuando me levanto por las mañanas, me dan unas ganas horribles de meterme de nuevo entre las sábanas, como si éstas tuvieran un imán que me atrae de una manera tan fuerte que es imposible resistir su influjo. Pero me levanto. Piso con un pie, luego con el otro, bostezo, estiro la espalda hasta oír el crujido de cada una de mis vértebras y me levanto. No de un salto, sin café no soy nadie y lo mismo hasta me mareo después de semejante esfuerzo. Después del primer café, cuando mi cerebro empieza a discernir y a darle algo de importancia a lo que hago, empieza mi día.
Pasa muy rápido, no tengo casi tiempo de estar con los míos y con la gente a la que quiero, y eso no está bien. Nada bien. Es una mierda. Por eso me lo pienso tanto por las mañanas al levantarme. ¿Qué sentido tiene estar así un día tras otro dejando escapar la vida? Ninguno. Sólo la subsistencia. Tienes, debes encontrar un motivo para que tu día a día merezca el esfuerzo, pero no te alejes de los tuyos por trabajo, de las personas que quieres, de los amigos, del disfrute, porque estarás muerto en vida. Y eso, amigo, es algo que no merece la pena. Y termino mi reflexión de hoy con este poemilla, para animar vuestras perezosas conciencias: Que la suerte no te engañe a ratos y la vida no te aturda el entendimiento. Que el amor no te abandone nunca y la pasión te acompañe a cada paso. Sólo una vida tenemos, sólo una creía yo. A otros nos regalaron alguna más… No malgastes tus minutos en vano, no sea que no los vayas a recuperar jamás.
Nélida L. del Estal Sastre




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.82