Mª Soledad Martín Turiño
Viernes, 01 de Mayo de 2020
ZAMORANA

Reflexiones al caer la tarde

[Img #38573]En una ocasión escuché que uno de los mejores ejercicios que hay, es sencillo y no precisa de acudir a gimnasio alguno, consiste en hacer series de inspiraciones y espiraciones muy profundas para aumentar la capacidad pulmonar. Yo que siempre he sido una persona muy proclive a escuchar y aprender todo lo relacionado con ese complicado engranaje que es la anatomía humana, he sentido a veces la sensación de que si caía al mar no sobreviviría debido a la angustia que generaría tal situación y a carecer de suficiente fuelle. Desde que oí aquello intento hacer ejercicios para aumentar esa capacidad que, como muchos otros órganos de nuestro cuerpo, está anquilosada. Flexibilizar los miembros, aprender a respirar y entrenar el cuerpo en sus múltiples facetas es un ejercicio de salud muy conveniente.

 

            Sin embargo, tanto como el cuerpo es importante el cuidado de la mente, ejercitando la relajación para despojarse de los ruidos que no nos permiten escuchar ese silencio tan cercano a la paz; para ello me he propuesto una de las prácticas que consiste en intentar vaciarla, en la medida de lo posible y con los ojos cerrados, descartando poco a poco pensamientos negativos hasta no pensar en nada; llegar a este punto es muy difícil y no siempre se consigue porque existen ranuras por las que se filtra la negatividad, la inquietud, la distracción, el miedo o el descontrol; también los proyectos, las responsabilidades, las actividades o las preocupaciones diarias... pero hemos de intentar que todo eso nos sea ajeno.

 

            Si lo analizo con detenimiento me doy cuenta de que gran parte de los miedos proviene y se genera por la desconfianza en nosotros mismos y en los demás. Si carecemos de seguridad, el paso será vacilante; de la misma forma la mente inestable, perturbada o inquieta se distraerá tanto en sus propias debilidades que será incapaz de centrarse en sus fortalezas. Es preciso entrenarla para que acometa las preocupaciones de una en una, sin prisas, conscientes de que en ocasiones no hay respuestas para todas las preguntas; y si no lo ha logrado no está de más, ante la impotencia, el reflexionar sobre ese gran proverbio chino:“Si tienes un problema y no tiene solución, ¿para qué te preocupas?; y si tiene solución, ¿para qué te preocupas?”.

 

            Otro factor amenazador y adverso es la percepción que tienen los demás sobre nosotros, el concepto del qué dirán, ese escaparate en el que, a veces, nos movemos para agradar y enviar una imagen que nos encasilla y etiqueta y que muchas veces no se corresponde con la realidad. Cuando el resto de la gente no nos importa y no esperamos nada de ella es cuando se produce el milagro, nos relajamos más y muchas veces, para nuestra sorpresa, esos mismos con los que ya no contábamos, resulta que tienen una respuesta positiva hacia nosotros.

 

            Asimismo es muy importante meditar sobre las previsiones de futuro que hacemos, casi siempre con buena voluntad, pero en ocasiones de una forma obsesiva, lo que nos lleva a vivir un fantasioso porvenir que probablemente nunca se cumplirá evitando así vivir una realidad presente que tampoco se está cumpliendo. Lo mismo ocurre con el pasado, que puede convertirse en un juego peligroso si en ese pretérito hemos sido felices, ya que la tentación es regresar a esa situación para revivir aquella felicidad ahora perdida, pero tal hecho también nos conduce a la adversidad puesto que ese tiempo ya se produjo y no es posible recuperarlo evitando de nuevo la realidad que es el presente.

 

            La clave está en que con el bagage de experiencias positivas que cada uno lleva a la espalda, seamos capaces de encarar cada día con la mayor ilusión, con expectativas pero sin decepciones, sin falsas promesas, sin esperar nada; tan solo gozando del presente desde el primer minuto en que nuestros ojos se abren a un nuevo día, y hemos de levantarnos de la cama con positividad, sin  pensamientos perversos, planteándonos el difícil reto de que cada hora sea vivida serena e intensamente. La esencia es que lo que tenemos es lo que hay; de nada sirve preocuparse por lo que fue o lo que pueda ser; el aquí y ahora es la única realidad donde apoyarnos.

 

            Todo lo expuesto: vaciar la mente, superar los miedos, las previsiones y el parecer de los demás tiene mucho que ver con el concepto de felicidad que es, en suma, a lo que todos aspiramos; sin embargo tal vez sea una entelequia, un concepto, una quimera que solo está en nuestro interior porque como decía Locke: «Los hombres olvidan siempre que la felicidad humana es una disposición de la mente y no una condición de las circunstancias»

 

 

[Img #38573]Mª Soledad Martín Turiño

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