Lorena Hernández del Río
Sábado, 02 de Mayo de 2020
COVID 19

La Unión Europea y los flagelantes

[Img #38597]Nuevo golpe de realidad: ya podemos comenzar a salir a la calle, pasear o hacer deporte, en una especie de multipropiedad del país, en una suerte de aprovechamiento provincial por turnos horarios. El Gobierno ya no podía estirar más el chicle de la clausura doméstica. Quizá con la emoción de paladear nuestra libertad ambulatoria, no repararemos en que nos encontramos en el punto de partida de la pandemia: nadando en una economía varada, sin vacuna ni realización de test masivos que nos permitan regresar a nuestras particulares vidas.

Quizá, olvidaremos por unos días la preocupación económica que asoma en cualquier cabeza que piense. Que si eurobonos o coronabonos, que si flexibilización en la aplicación de los tradicionales fondos de cohesión, que si fondo de recuperación para los países donde la pandemia se ha ensañado. Ya ha señalado la ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, que España no tiene previsto acudir al MEDE Mecanismo Europeo de Estabilidad, que vendría a ser una especie de fondo de rescate para afrontar niveles de endeudamiento y gastos sanitarios. Con su negativa a solicitar el MEDE, la ministra, en definitiva, está abogando por que la UE nos dé dinerito mediante trasferencias que no tengamos que devolver. Ya salió a escena Ángela Merkel y sus colegas de los Países Bajos afirmando que la idea es otra, muy diferente y de sentido contrario: la de dar apoyo económico a España pero mediante préstamos que tendremos que reembolsar. Lo que se deduce de estas posiciones enfrentadas, es que esta pandemia está poniendo a prueba a una Europa que tendrá que dar una respuesta sin precedentes históricos.

Entre estas negociaciones, surge lo que han venido a denominar la Iniciativa SURE, cuyo objetivo prioritario es mantener a las personas en sus puestos de trabajo y proteger el funcionamiento de las empresas. De inicio, parece una loable pretensión europea. Ante nuevas necesidades, han de surgir nuevos instrumentos. Veremos a ver en lo que queda.

Mientras tanto, otros aprovecharán esta fase inicial de desescalada para silenciar quienes y con que se pagará. Unos ya hablan de deuda perpetua en la que cada país ingresaría únicamente los intereses de lo prestado, otros hablan de transferencias no reembolsables para garantizar una salida simétrica de todos los países y otros, pretenden que este fondo se pague con cargo a impuestos a escala europea como el establecimiento de una tasa por emisiones de CO2.

Durante la peste negra que asoló Europa de 1348 a 1351, similar a la actual pero con muchísimos más fallecidos, surgió un grupo de laicos llamados los flagelantes. Eran mujeres y hombres descalzos, con la cabeza cubierta de ceniza que se dedicaban a flagelarse sin piedad mientras se abstenían de todo placer físico e incitaban a las personas que se iban encontrando a realizar torturas y flagelaciones durante treinta y tres días, en memoria de los treinta y tres años de la vida de Jesucristo. Con su actitud, pretendían alcanzar el perdón de los pecados y ahorrarse un sufrimiento mayor en el más allá. Ahora toca preguntarse qué políticos del gobierno de Sánchez adoptarán el papel de flagelantes ante sus colegas comunitarios. Quienes serán los encargados de implorar perdón y asumir la culpa de los deberes económicos sin hacer, con el pretexto de obtener ingentes cantidades de millones de euros a cambio de casi nada o de casi todo. Quizá sea el propio presidente del Gobierno quién abra el cortejo de penitentes. Ya se le ve venir cada vez que menciona la simetría internacional en el impacto de la pandemia. Falta nuevamente a la verdad. No se puede comparar los efectos de la pandemia en países tan dispares como China, Estados Unidos, Reino Unido frente a nosotros o a Italia que carecemos de cualquier margen de maniobra. Supongo que con ello, el presidente pretende eludir o, al menos, diluir su propia responsabilidad.

Su constreñida posición actual, dividida entre las exigencias comunitarias que tendrá que soportar por un lado, entre las que se incluye su propia cabeza y los requerimientos de su Vicepresidente Pablo Iglesias, por otro, recuerdan al Papa Clemente VI quién pasó en Aviñón la peste negra durante el caluroso verano de 1348. Lo hizo recluido entre dos fuegos que se atizaban permanentemente, mientras él se preguntaba si no estaría ya viviendo su propio infierno personal. Mientras espero con resignación cristiana la respuesta de la Unión Europea, saldré a pasear. Veré cómo crece la hierba entre las baldosas de la plaza de la Catedral e intentaré cruzarme con magos de la talla de Paulino Gil, Miguel de Lucas y Julito Rapado a ver si pueden sacarse de sus respectivas chisteras los test que podamos hacernos los zamoranos consiguiendo así un nuevo record Guinness.

Lorena Hernández del Río

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