NOCTURNOS
Besarte en los labios de tu alma
Nunca me negué a amar. Encaré el amor como si se tratase de una obra de arte. Escribo como amo o amo como escribo. Lo reitero. La misma persona que lees ama de esa forma tan especial, barroca, singular. Amo con metáforas; a veces, con estrofas; otras con prosa lírica. Y esa sensibilidad la proyecto sobre la mujer que deseo, anhelo y quiero.
Soy un fue, como escribió Quevedo de sí mismo. Pero aquel, este que soy y el que será, siempre se enfrentaron al amor como si fuera su última batalla, el último toro de la pasión. Ofrecí las arterias de mi alma para que las partiese el amor. Los muslos de mi vida para que los destrozasen las mujeres más inteligentes y hermosas, las demás más bellas y elegantes. Y supe lidiar el sufrimiento con verónicas de palabras, con manoletinas de subordinadas, con naturales de sintaxis. Nunca supe amar a medias. O todo o nada. Amar eternamente. Nunca por capítulos, como una novela con su final. Jamás pensé en el amor efímero cuando conocí a una fémina que me atrajese. Empecé a amar para morir amando. Quise amarte para morir pronunciando un beso sobre tu alma.
Eugenio-Jesús de Ávila
Nunca me negué a amar. Encaré el amor como si se tratase de una obra de arte. Escribo como amo o amo como escribo. Lo reitero. La misma persona que lees ama de esa forma tan especial, barroca, singular. Amo con metáforas; a veces, con estrofas; otras con prosa lírica. Y esa sensibilidad la proyecto sobre la mujer que deseo, anhelo y quiero.
Soy un fue, como escribió Quevedo de sí mismo. Pero aquel, este que soy y el que será, siempre se enfrentaron al amor como si fuera su última batalla, el último toro de la pasión. Ofrecí las arterias de mi alma para que las partiese el amor. Los muslos de mi vida para que los destrozasen las mujeres más inteligentes y hermosas, las demás más bellas y elegantes. Y supe lidiar el sufrimiento con verónicas de palabras, con manoletinas de subordinadas, con naturales de sintaxis. Nunca supe amar a medias. O todo o nada. Amar eternamente. Nunca por capítulos, como una novela con su final. Jamás pensé en el amor efímero cuando conocí a una fémina que me atrajese. Empecé a amar para morir amando. Quise amarte para morir pronunciando un beso sobre tu alma.
Eugenio-Jesús de Ávila















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