Eugenio de Ávila
Lunes, 25 de Mayo de 2020
NOCTURNOS

Sensualidad y sexualidad

[Img #39630]Anoche, después de hablar con la mujer que amo, cuando me quedé solo y aproveché para escuchar música, me pregunté a mí mismo, que es la persona con la que más discuto, a la que más cuestiono, si sé amar. Dejé que mi cerebro se sumergiera en un profundo debate con mi sexo y mi seso para explicar cómo amo.

 

Y ahora te lo puedo contar: para empezar,  pues como escribo. Soy un volcán en erupción que expulsa una lava especial por su cráter, una lava lírica, sin rima, que busca abrasar de pasión a la mujer que me ha enamorado. Ignoro cómo se quiere a medias, un poco, porque toca. Si quiero a una dama, la adoro como si fuera una diosa. Me pierdo en el laberinto de su alma, me ahogo en los fluidos de su cuerpo, me sacio de sensualidad en la bahía que se abre entre sus ingles, busco en su ombligo el génesis de su libertad, me olvido de mi época de nómada para asentarme en el valle que forman sus senos, apago mi sed de vivir en su boca, escribo con mi saliva un poema de amor en su paladar, la invito a un combate de esgrima entre su lengua y la mía.

 

Después de llegar al nirvana, la escucho, le pregunto, la admiro, la idolatro. Intento acariciar sus pómulos con mis pestañas, mientras me recita poemas de Safo o me cuenta sus cuitas económicas o sentimentales. Dispongo mis labios para besar su talento. Preparo mis manos para esculpir su inteligencia. Escribo con la tinta de mi alma para escribir sonetos sobre el amor infinito, sobre la pasión que no cesa, sobre el sexo que me acerca a la vida eterna, a ese Dios en quién no creo.

 

Sí, te amo Carlota, como si  fueras el último oasis en el desierto de mi vida, la nube que desafió a Eolo para llover sobre mi alma, el árbol que me dio sombra cuando me quemaba el sol, la abeja que eligió libar el néctar de mi corazón antes que saborear la primera flor del almendro.

 

¡Déjame que bese tu hermoso cabello, que se deslice por mi pecho como una sirena por las olas del Egeo; que acaricie los lóbulos de tus orejitas con las yemas de mis dedos; que la punta de mi nariz se frote con la tuya; que mi pezón izquierdo roce tu pezón derecho;, que te muerda los dedos gordos de ambos pies; que ensalive las pupas de tu piel; que esconda mi lengua entre tus axilas; que recorra tu columna vertebral desde las cervicales hasta el coxis! Permíteme que te ame para morir eternamente.

 

Respondedme: ¿Sabré amar también a quién no me ama?

 

Soy sensualidad y sexualidad, sentimiento y hedonismo, amor y pasión. ¿Necesitas algo más de mí?

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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