CON LOS CINCO SENTIDOS
Ahora o nunca
Desde que te conozco, araño la vida, la muerdo, la bebo a tragos infinitos, no sea que su estela me alcance sin haberte consumido y consumado por completo, sin haber aspirado todos y cada uno de los poros de esa piel que tanto amo. El tiempo se me antoja demasiado largo en tus ausencias y se acorta brutalmente cuando estamos juntos. Es una paradoja perversa.
Cuando estoy contigo no me canso, no me agoto, mi respiración profundiza en mis sentimientos y me aporta una energía que, ciertamente a veces, no consigo controlar, la mesura no es una de mis reconocidas virtudes . En el amor, menos aún. A cierta edad, aún me considero una cría, pero ya no lo soy, la vida te pone en el brete de tener que elegir entre una estancia sencilla, monótona, llevadera, para morir poco a poco de aburrimiento neuronal y existencial, o coger cada día por las orejas y llevarlo a tu terreno para devorarlo sin remisión ni compasión alguna.
Nadie pierde, todos ganamos, ganamos tanto…Tenemos un tiempo de reflexión, unos años en los que ordenamos nuestro mundo para poder ser conscientes de que más tarde, cuando todo esté en su lugar y bien encauzado, habremos de soltarnos la melena, asir por la cintura al ser amado y dar lo mejor de nosotros mismos por esa persona, por todos los que amamos y que nos importan. Ya no duelen prendas, ya no aprietan cinturones ni corsés, ya no.
Las apreturas fueron previas, largas y, en ocasiones, inútiles a todas luces. Hoy toca disfrutar, mimarte y mimar al otro. Dar lo mejor que la vida te mostró en el camino a la persona que la comparte contigo para que los recuerdos y las experiencias mutuas sean placenteros, dulces, con sabor a miel de flores y almíbar de semidioses. Esto es tan corto que asusta. Deja que te acaricien los oídos y las manos, di cosas bonitas, tan bonitas que estremezcan las entrañas del otro y hagan que su deseo por tu persona aumente de manera exponencial.
No hablo sólo del deseo corporal, hablo del deseo de estar, de ser, de sentir, de fundirte en el cuerpo, en la piel y en la mente de esa otra persona. Déjate llevar, ya has sufrido bastante y es hora de sentirte bella, liviana y hermosa. Es hora de sublimar tu mente y tu cuerpo por si te alcanza el reloj, ese ser perverso que no se detiene nunca por nada ni por nadie. Es hora de amar en libertad, con los brazos abiertos o en jarras, esperando que tú me agarres de las manos y las ates a tu cuello.
Nélida L. del Estal Sastre
Desde que te conozco, araño la vida, la muerdo, la bebo a tragos infinitos, no sea que su estela me alcance sin haberte consumido y consumado por completo, sin haber aspirado todos y cada uno de los poros de esa piel que tanto amo. El tiempo se me antoja demasiado largo en tus ausencias y se acorta brutalmente cuando estamos juntos. Es una paradoja perversa.
Cuando estoy contigo no me canso, no me agoto, mi respiración profundiza en mis sentimientos y me aporta una energía que, ciertamente a veces, no consigo controlar, la mesura no es una de mis reconocidas virtudes . En el amor, menos aún. A cierta edad, aún me considero una cría, pero ya no lo soy, la vida te pone en el brete de tener que elegir entre una estancia sencilla, monótona, llevadera, para morir poco a poco de aburrimiento neuronal y existencial, o coger cada día por las orejas y llevarlo a tu terreno para devorarlo sin remisión ni compasión alguna.
Nadie pierde, todos ganamos, ganamos tanto…Tenemos un tiempo de reflexión, unos años en los que ordenamos nuestro mundo para poder ser conscientes de que más tarde, cuando todo esté en su lugar y bien encauzado, habremos de soltarnos la melena, asir por la cintura al ser amado y dar lo mejor de nosotros mismos por esa persona, por todos los que amamos y que nos importan. Ya no duelen prendas, ya no aprietan cinturones ni corsés, ya no.
Las apreturas fueron previas, largas y, en ocasiones, inútiles a todas luces. Hoy toca disfrutar, mimarte y mimar al otro. Dar lo mejor que la vida te mostró en el camino a la persona que la comparte contigo para que los recuerdos y las experiencias mutuas sean placenteros, dulces, con sabor a miel de flores y almíbar de semidioses. Esto es tan corto que asusta. Deja que te acaricien los oídos y las manos, di cosas bonitas, tan bonitas que estremezcan las entrañas del otro y hagan que su deseo por tu persona aumente de manera exponencial.
No hablo sólo del deseo corporal, hablo del deseo de estar, de ser, de sentir, de fundirte en el cuerpo, en la piel y en la mente de esa otra persona. Déjate llevar, ya has sufrido bastante y es hora de sentirte bella, liviana y hermosa. Es hora de sublimar tu mente y tu cuerpo por si te alcanza el reloj, ese ser perverso que no se detiene nunca por nada ni por nadie. Es hora de amar en libertad, con los brazos abiertos o en jarras, esperando que tú me agarres de las manos y las ates a tu cuello.
Nélida L. del Estal Sastre





















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