TURISMO
Hotel y playa
Estaba encantado, playa y sol, prohibidas las aglomeraciones. Desde su balcón podía verla, allí a lo lejos, cierto es que sin poder salir del hotel, por la cuarentena. No había muchas de las actividades que los grandes hoteles suelen ofrecer con el verano, en realidad, estaba casi solo con hombres de negocios o sanitarios. Pero podía ver la televisión confortablemente, con el aire acondicionado. Por el ordenador viajaba a través de la península, disfrutando de sus maravillosos "espacios"... Catorce días se pasan pronto. Ya le habían avisado, pero era él un turista fiel, amante de nuestras gentes y nuestros territorios. Había cambiado de ambiente, que es lo que uno busca en vacaciones. Su habitación era bastante confortable.
Sí, el gobierno no quería que vinieran, o eso parecía, pues bien podrían haberle hecho un test antes de tomar el avión, pero no era eso lo que importaba, sino que no acudiera a su cita anual con las playas, con su descanso -que nadie iba a arrebatarle-. No sabían a quién se enfrentaban, el más terco de nuestros turistas, tal vez el único, pero aquí estaba.
Ahí miraba admirado las noticias que ofrecía el televisor, quedándose pasmado, ya que, al no poder hacer otra cosa, comparaba lo que decían unos periódicos u otros, unas radios y otras, disputando, y era asombroso el enredo para intentar aclararse. Si se quiere saber la verdad conviene escuchar los distintos puntos de vista, como en un juico, pero aquí todo estaba embrollado. Habían destituido a quien investigaba unos hechos, por orden de una juez, ya que no pasaba información confidencial -que no debía pasar- sobre las pasadas manifestaciones del 8 de marzo, sobre las que el jefe de la sanidad había dicho que no veía problemas para la transmisión del virus, nada en especial, millones de personas moviéndose, una gran reunión de un partido político, partidos de fútbol, discotecas... Pero, sin embargo, habían desaconsejado una reunión religiosa por motivos de salud... ¿A ver quién entendía tal galimatías? Sabían con antelación lo que sucedía en Italia -un par de semanas antes- y cómo había evolucionado el virus con sus consecuencias en la sociedad, y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud: una pandemia se nos echaba encima... Interesante partido donde cada partido se echaba mutuamente un balón de reproches mientras seguían poblándose los hospitales de cadáveres, y hasta hacía poco sin permitir apenas que los llorasen.
Y las terrazas abiertas, las gentes con ganas de llevar una vida normal imposible. Para eso había venido, para ver el país de los turistas desde cerca, desde dentro, y tanto, enclaustrado en su habitación. Lástima que este turista solo fuera una invención para estas líneas pues no existió ni tendrá lugar. El mundo ahora parece una quimera, e intentamos abandonar el reino de las pesadillas.
Ilia Galán
Estaba encantado, playa y sol, prohibidas las aglomeraciones. Desde su balcón podía verla, allí a lo lejos, cierto es que sin poder salir del hotel, por la cuarentena. No había muchas de las actividades que los grandes hoteles suelen ofrecer con el verano, en realidad, estaba casi solo con hombres de negocios o sanitarios. Pero podía ver la televisión confortablemente, con el aire acondicionado. Por el ordenador viajaba a través de la península, disfrutando de sus maravillosos "espacios"... Catorce días se pasan pronto. Ya le habían avisado, pero era él un turista fiel, amante de nuestras gentes y nuestros territorios. Había cambiado de ambiente, que es lo que uno busca en vacaciones. Su habitación era bastante confortable.
Sí, el gobierno no quería que vinieran, o eso parecía, pues bien podrían haberle hecho un test antes de tomar el avión, pero no era eso lo que importaba, sino que no acudiera a su cita anual con las playas, con su descanso -que nadie iba a arrebatarle-. No sabían a quién se enfrentaban, el más terco de nuestros turistas, tal vez el único, pero aquí estaba.
Ahí miraba admirado las noticias que ofrecía el televisor, quedándose pasmado, ya que, al no poder hacer otra cosa, comparaba lo que decían unos periódicos u otros, unas radios y otras, disputando, y era asombroso el enredo para intentar aclararse. Si se quiere saber la verdad conviene escuchar los distintos puntos de vista, como en un juico, pero aquí todo estaba embrollado. Habían destituido a quien investigaba unos hechos, por orden de una juez, ya que no pasaba información confidencial -que no debía pasar- sobre las pasadas manifestaciones del 8 de marzo, sobre las que el jefe de la sanidad había dicho que no veía problemas para la transmisión del virus, nada en especial, millones de personas moviéndose, una gran reunión de un partido político, partidos de fútbol, discotecas... Pero, sin embargo, habían desaconsejado una reunión religiosa por motivos de salud... ¿A ver quién entendía tal galimatías? Sabían con antelación lo que sucedía en Italia -un par de semanas antes- y cómo había evolucionado el virus con sus consecuencias en la sociedad, y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud: una pandemia se nos echaba encima... Interesante partido donde cada partido se echaba mutuamente un balón de reproches mientras seguían poblándose los hospitales de cadáveres, y hasta hacía poco sin permitir apenas que los llorasen.
Y las terrazas abiertas, las gentes con ganas de llevar una vida normal imposible. Para eso había venido, para ver el país de los turistas desde cerca, desde dentro, y tanto, enclaustrado en su habitación. Lástima que este turista solo fuera una invención para estas líneas pues no existió ni tendrá lugar. El mundo ahora parece una quimera, e intentamos abandonar el reino de las pesadillas.
Ilia Galán




















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