Emilia Casas
Domingo, 31 de Mayo de 2020
LITERATURA

Solo el silencio permite contemplar al otro

[Img #39878]¡Silencio en la sala! Seguro que alguna vez has oído esta expresión o incluso tú la has dicho. En realidad, el silencio está en todas partes, esperando siempre ser escuchado. Aunque la mayoría de la gente no se siente cómoda cuando hay silencio, nuestro cerebro necesita de él casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno. Produce grandes beneficios tanto intelectuales como emocionales. Además, enfatiza el pasado y crea expectación sobre el futuro. Pedir silencio es pedir mucho más que la ausencia de ruido.

Ése hablar callado que consigue que el alma del texto o del discurso penetre en el corazón de los oyentes, es una cualidad valiosa de adquisición difícil, que ha sido fuente de muchas reflexiones a lo largo de todas las épocas.
Mientras que en Ocidente hablar poco se puede interpretar como no tener mucho qué decir, en Oriente ocurre lo opuesto. Allí el silencio es la vía más sencilla y natural para aquietar la mente. Ya lo dice el budismo: «el ruido y la agitación nos alejan de nosotros mismos». En un mundo tan ajetreado y tan bullicioso, en el que pocas veces tenemos la oportunidad de disfrutar de ratos en completa calma; casi nos hemos olvidado cuál es el “sonido del silencio” y, lo que es peor, nos hemos olvidado de sus muchos beneficios para la salud (de cuerpo y mente) y para nuestro desarrollo personal y social.

Para la gran mayoría de la gente, el silencio es sinónimo de soledad, el silencio desconcierta y asusta y, por supuesto, el silencio entre dos personas puede resultar incómodo. Por eso tendemos a llenar el silencio con ruidos innecesarios; todo con tal de no enfrentarnos a él. Todos parecemos estar siempre dispuestos a hablar, pero pocos a escuchar. Guardar silencio para escuchar lo que los demás tienen que decir es una muestra de afecto e interés que fortalece los lazos de amistad. Te ayudará a conocer a fondo a quienes te rodean, porque estarás escuchando de verdad lo que tienen que decirte.


Estamos rodeados de oportunidades que nos invitan al silencio. A este silencio que sana, que reconcilia a la persona consigo misma, la equilibra y le permite crecer. Creo que las cosas más importantes de la vida se transmiten a través de éste estado: pasiones, angustias y alegrías; vivencias intensamente enraizadas en el corazón. Es el punto de partida y el punto de llegada de toda comunicación verdaderamente humana. Deberíamos poner más interés en aprender a leer los silencios en los demás. Deberíamos dedicar más tiempo a mirar a las personas a los ojos, a los hombros, a las manos... Muchas veces, es la mejor pregunta que podemos formular, la mejor respuesta que podemos dar, el mejor consejo, el apoyo más necesario ¿por qué no escucharlo?.

© Emilia Casas Fernández  

 

 

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