REPÚBLICO
Libertad... ¿para qué?
Lenin, el San Pablo del marxismo, el primer heterodoxo de Marx, el que realizó una lectura parcial de las enseñanzas del filósofo de Tréveris, es admirado por Pablo Iglesias y, por supuesto, por todas esas bandas del terror comunista, que ejercieron sus atrocidades durante los últimos años del franquismo y con la democracia adolescente. Recuerdo el concepto de Vladimir Illich, héroe de todos estos rojos burgueses de ahora, sobre la libertad. Historia. No memoria ni otras zarandajas. En 1920, visita, al líder bolchevique Fernando de los Ríos, dirigente del PSOE, dentro de la corriente del socialismo humanista. Durante la entrevista, el español le pregunta al ruso por cuándo iba a devolver la libertad a los ciudadanos de su país. La respuesta del sociópata soviético, esclarecedora: “Libertad, ¿para qué? Traduzco.
Un comunista ama su libertad, pero la secuestra cuando toma el poder. Historia, de nuevo. Los revolucionarios, de forma inmediata, ocupan los cargos esenciales del Estado para administrar la vida y la muerte del pueblo que cae sobre su yugo. Para el comunista, el enemigo siempre es doméstico. De ahí, sus habituales purgas. Para el fascista, misma raíz, el enemigo es exterior. Bujarin, intelectual bolchevique, alabó a Mussolini. Hitler y Stalin se admiraron y pactaron. Después, el genocida austriaco enloqueció.
Dos totalitarismos, en extremo idénticos, uno exterminador de la burguesía, y otro de los judíos. Dos formas de racismo. El georgiano también machacó semitas durante su criminal dictadura, al inaugurar la campaña “cosmopolita sin raíces”, eufemismo de judío. Escritores y artistas semitas fueron asesinados. La campaña antisemita stalinista culminó con el Complot de los médicos en 1953. Al decir del historiador, orientalista y etnógrafo húngaro, la conspiración de los médicos fue "claramente dirigida a la liquidación total de la vida cultural judía." El antisemitismo comunista de Stalin comparte con el de Hitler su creencia en la "conspiración judía mundial”.
En un deporte como el fútbol, hay equipos que triunfan destruyendo el juego del rival, más creativo, más ofensivo, más dinámico y estético. En política, los comunistas se muestran como grandes maestros de la destrucción. Pablo Iglesias busca el desmoronamiento de la democracia de 1978, que, con extraordinarias imperfecciones, ha llegado hasta este 2020. El líder podemita se unirá, como ya lo ha demostrado, con cualquier enemigo de España para derribar nuestro sistema de libertades. Hoy, mismo, una noticia evidencia de qué va este neocomunista, rey de la incoherencia, pésimo actor de la comedia bufa del progresismo: Unidas Podemos se suma a un manifiesto de partidos independentistas y nacionalistas al pedir la libertad inmediata de los “jordis”, dos dirigentes racistas catalanes, encarcelados tras el golpe de Estado, del 1 de octubre de 2017. Los firmantes de este panfleto son: Unidas Podemos y Más País, de ERC, Junts, PNV, Bildu, CUP, BNG y el Bloc (parte de Compromís). Iglesias, por enésima vez, vinculado con el partido político de ETA y toda la hez racista antiespañola. Unidas Podemos siempre con los enemigos de la democracia. Lógico en un leninista: “Libertad, ¿para qué?”
Quizá libertad para que Mariano Rajoy, hace hoy, justo, dos años, hubiese dimitido, antes de que Pedro Sánchez presentase la Moción de Censura. Libertad para que Mariano Rajoy hubiese convocado elecciones generales. Pero el líder del PP temía que Cs, entonces una formación pujante, dirigida por un líder con carisma, se llevase el voto mayoritario del centro-derecha. Pedro Sánchez habrá sido una desgracia para la nación, como antes lo fue el innombrable de Zapatero, pero el reo de este desaguisado vírico, económico e independentista tiene un nombre y dos apellidos: Mariano Rajoy Frey. Y, sin olvidarme, de otra abogada del Estado, Soraya Sáenz de Santamaría. Entre todos nos han conducido al caos. La democracia en peligro por culpa de una derecha, que no ejerció como tal, que se avergüenza de serlo, y una izquierda que sueña con convertirse en la sombra de un estado totalitario. Náuseas. El hombre es una pasión inútil. En España, ni tan si quiera eso. Libertad… ¿para qué?
Lenin, el San Pablo del marxismo, el primer heterodoxo de Marx, el que realizó una lectura parcial de las enseñanzas del filósofo de Tréveris, es admirado por Pablo Iglesias y, por supuesto, por todas esas bandas del terror comunista, que ejercieron sus atrocidades durante los últimos años del franquismo y con la democracia adolescente. Recuerdo el concepto de Vladimir Illich, héroe de todos estos rojos burgueses de ahora, sobre la libertad. Historia. No memoria ni otras zarandajas. En 1920, visita, al líder bolchevique Fernando de los Ríos, dirigente del PSOE, dentro de la corriente del socialismo humanista. Durante la entrevista, el español le pregunta al ruso por cuándo iba a devolver la libertad a los ciudadanos de su país. La respuesta del sociópata soviético, esclarecedora: “Libertad, ¿para qué? Traduzco.
Un comunista ama su libertad, pero la secuestra cuando toma el poder. Historia, de nuevo. Los revolucionarios, de forma inmediata, ocupan los cargos esenciales del Estado para administrar la vida y la muerte del pueblo que cae sobre su yugo. Para el comunista, el enemigo siempre es doméstico. De ahí, sus habituales purgas. Para el fascista, misma raíz, el enemigo es exterior. Bujarin, intelectual bolchevique, alabó a Mussolini. Hitler y Stalin se admiraron y pactaron. Después, el genocida austriaco enloqueció.
Dos totalitarismos, en extremo idénticos, uno exterminador de la burguesía, y otro de los judíos. Dos formas de racismo. El georgiano también machacó semitas durante su criminal dictadura, al inaugurar la campaña “cosmopolita sin raíces”, eufemismo de judío. Escritores y artistas semitas fueron asesinados. La campaña antisemita stalinista culminó con el Complot de los médicos en 1953. Al decir del historiador, orientalista y etnógrafo húngaro, la conspiración de los médicos fue "claramente dirigida a la liquidación total de la vida cultural judía." El antisemitismo comunista de Stalin comparte con el de Hitler su creencia en la "conspiración judía mundial”.
En un deporte como el fútbol, hay equipos que triunfan destruyendo el juego del rival, más creativo, más ofensivo, más dinámico y estético. En política, los comunistas se muestran como grandes maestros de la destrucción. Pablo Iglesias busca el desmoronamiento de la democracia de 1978, que, con extraordinarias imperfecciones, ha llegado hasta este 2020. El líder podemita se unirá, como ya lo ha demostrado, con cualquier enemigo de España para derribar nuestro sistema de libertades. Hoy, mismo, una noticia evidencia de qué va este neocomunista, rey de la incoherencia, pésimo actor de la comedia bufa del progresismo: Unidas Podemos se suma a un manifiesto de partidos independentistas y nacionalistas al pedir la libertad inmediata de los “jordis”, dos dirigentes racistas catalanes, encarcelados tras el golpe de Estado, del 1 de octubre de 2017. Los firmantes de este panfleto son: Unidas Podemos y Más País, de ERC, Junts, PNV, Bildu, CUP, BNG y el Bloc (parte de Compromís). Iglesias, por enésima vez, vinculado con el partido político de ETA y toda la hez racista antiespañola. Unidas Podemos siempre con los enemigos de la democracia. Lógico en un leninista: “Libertad, ¿para qué?”
Quizá libertad para que Mariano Rajoy, hace hoy, justo, dos años, hubiese dimitido, antes de que Pedro Sánchez presentase la Moción de Censura. Libertad para que Mariano Rajoy hubiese convocado elecciones generales. Pero el líder del PP temía que Cs, entonces una formación pujante, dirigida por un líder con carisma, se llevase el voto mayoritario del centro-derecha. Pedro Sánchez habrá sido una desgracia para la nación, como antes lo fue el innombrable de Zapatero, pero el reo de este desaguisado vírico, económico e independentista tiene un nombre y dos apellidos: Mariano Rajoy Frey. Y, sin olvidarme, de otra abogada del Estado, Soraya Sáenz de Santamaría. Entre todos nos han conducido al caos. La democracia en peligro por culpa de una derecha, que no ejerció como tal, que se avergüenza de serlo, y una izquierda que sueña con convertirse en la sombra de un estado totalitario. Náuseas. El hombre es una pasión inútil. En España, ni tan si quiera eso. Libertad… ¿para qué?





















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.41