Eugenio de Ávila
Martes, 02 de Junio de 2020
REPÚBLICO

El triunfo de la mentira en política

[Img #40003]Después del accidente del Alvia en La Hiniesta, con dos fallecidos, no me quedan ganas de escribir sobre política, tío o tía, en jerga de la pareja de Pablo Iglesias, una mezcla de pija y choni, la ministra de Igualdad, Irene Montero, que cantó la verdad sobre la manifestación del 8 de marzo a una periodista vasca antes o después de una entrevista. Hoy, también se ha sabido que el ministro Marlasca destituyó al coronel Pérez de los Cobos por no informarle. El responsable de Interior mintió. Recuerde el lector que el jefe de la Comandancia de Madrid, en confesión del ministro, fue apartado de su cargo por una reestructuración en el seno del Instituto Armado. Marlasca mintió en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Émulo del gran Pedro Sánchez, doctor en la cosa del embuste. Y ha tenido suerte el ministro de que Martínez-Maíllo fuese el senador del PP que cuestionase su actuación y pidiese su dimisión. El juez y el abogado ya no deberían estar en la res pública. Ambos harían un gran bien a la patria. La salud pública de la nación saldría beneficiada. Y cada cual a ejercer su profesión.

No obstante, Marlasca ha quedado en una situación más que comprometida. Recuerdo que la juez del Juzgado de Instrucción nº 51 de Madrid, Carmen Rodríguez-Medel, avisó que tomaría medidas legales si la destitución de Pérez de los Cobos tuviese relación con la exigencia de que el coronel filtrase las investigaciones, que ella había encargado, a la cúpula política de la Benemérita ni del Ministerio del Interior.

Otra vez un Gobierno del PSOE, en esta ocasión, en coalición con el neocomunismo anacrónico, vuelve a dañar gravemente a la Benemérita, el Cuerpo más admirado por los españoles. Antaño fue en la persona de Roldan y ahora en la de un juez, Marlaska.

La mentira, en una nación democrática condujo a la dimisión de altos cargos políticos en naciones europeas y en la misma Norteamérica. Aquí, en España, la mentira es una garantía para ocupar el poder, mantenerlo y manipularlo.  Con una mentira se puede llegar muy lejos, tanto como a La Moncloa, pero sin esperanzas de regresar.

“No que me hayas mentido, que ya no pueda creerte, eso es lo que me aterra”. El aserto corresponde a Nietzsche, uno de los más grandes filósofos de la Historia. Todavía hay gente con fe, personas religiosas, almas pías, que se digiere mejor el embuste que la verdad. Ya va quedando menos para la transformación de España en un estado redil. Yo no pienso ser oveja. Elegiré ser lobo, pero no el de caperucita, que era roja.

Asumamos, pues, el triunfo de la mentira sobre la verdad en la política española. Usted me miente más que ayer, pero menos que mañana.

Eugenio-Jesús de Ávila

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