NOCTURNOS
Morir en ti
Temes amar, amor. Yo no le tengo miedo a dejar de ser en mi para pasar a estar en ti; de olvidarme de mi ego para fundirme en tu alma a través de tu cuerpo. Quiero que tus senos sean mi pecho; que tu ombligo se vincule al mío, que mis labios duerman en el lecho de tu lengua, que el sudor que desprenden tus axilas, néctar de tu flor, me dé de beber; que tu muslo izquierdo se confunda con mi muslo derecho, y que mis piernas se pierdan entre las tuyas; que tus ingles sean la fontana en la que se sacia mi sed de amo…
No huyas de mí, mujer; no me entierres en vida. No te marchas del amor. Yo soy el amor, la pasión que piensa, la razón de la pasión, un oxímoron de la vida. Te anhelo amar tanto que me perderé a mí mismo para hallarme en ti. ¡No ves cuanto te deseo, te quiero, te doy! Si busco pensar como tú en mí, conocerme desde ti, mirarme desde ti. Y si compruebo que yo no soy nada para ti, que te podría dolerte amarme, herirte acariciarme, hacerte llorar de amor, mi alma se convertiría en un agujero negro que tragase lo que soy, con todas mis carencias, vicios e imperfecciones, para que mi ego se lo devore la nada.
Poséeme, diosa pagana; haz de mi carne una estatua al amor divino, al amor infinito, al amor sin necesidades, al amor que se da, que se obsequia, que se esculpe en el mármol del alma. No quiero ser yo, mi vida, si tú no me envuelves con tu ser, si no me mimas con tus labios, alas de mariposa; si no me transformas en glóbulos rojos de tu sangre, en células de tu cuerpo, en átomo de energía. Quiero morirme en ti de amor.
Temes amar, amor. Yo no le tengo miedo a dejar de ser en mi para pasar a estar en ti; de olvidarme de mi ego para fundirme en tu alma a través de tu cuerpo. Quiero que tus senos sean mi pecho; que tu ombligo se vincule al mío, que mis labios duerman en el lecho de tu lengua, que el sudor que desprenden tus axilas, néctar de tu flor, me dé de beber; que tu muslo izquierdo se confunda con mi muslo derecho, y que mis piernas se pierdan entre las tuyas; que tus ingles sean la fontana en la que se sacia mi sed de amo…
No huyas de mí, mujer; no me entierres en vida. No te marchas del amor. Yo soy el amor, la pasión que piensa, la razón de la pasión, un oxímoron de la vida. Te anhelo amar tanto que me perderé a mí mismo para hallarme en ti. ¡No ves cuanto te deseo, te quiero, te doy! Si busco pensar como tú en mí, conocerme desde ti, mirarme desde ti. Y si compruebo que yo no soy nada para ti, que te podría dolerte amarme, herirte acariciarme, hacerte llorar de amor, mi alma se convertiría en un agujero negro que tragase lo que soy, con todas mis carencias, vicios e imperfecciones, para que mi ego se lo devore la nada.
Poséeme, diosa pagana; haz de mi carne una estatua al amor divino, al amor infinito, al amor sin necesidades, al amor que se da, que se obsequia, que se esculpe en el mármol del alma. No quiero ser yo, mi vida, si tú no me envuelves con tu ser, si no me mimas con tus labios, alas de mariposa; si no me transformas en glóbulos rojos de tu sangre, en células de tu cuerpo, en átomo de energía. Quiero morirme en ti de amor.














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