Eugenio de Ávila
Viernes, 12 de Junio de 2020
NOCTURNOS

Como yo te trato...

[Img #40431]Una vez –creo que reflexionabas en voz alta- me confesaste: “Ningún hombre me ha tratado como tú”. No recuerdo lo que respondí a ese aserto tan contundente, que colmó toda la vanidad que aún lucha por no huir de mi alma. Pero si me lo volvieras a repetir, princesa, te contestaría que cualquier mujer me invita a la ternura, a la admiración, al cariño. Y más tú: porque estoy enamorado de ti, porque eres la primera entre todas, porque solo te deseo a ti, porque eres la única diosa en la que cree este ateo, porque unes en tu cuerpo talento y belleza, inteligencia y voluptuosidad.

He de confesar que, cuando estoy con Carlota, apenas hablo, porque recibo tal deleite al escucharla que me niego a silenciar su voz. Me encanta ver cómo se mueve, cómo camina, cómo se mesa el cabello, cómo mira, cómo disfruta con cualquier cosa. Y si escribo a estas horas de la noche, todos los días, se debe a que encontré en la palabra escrita el mejor vínculo para expresarme sin robarle tiempo a su oratoria.

Sé que sufre. La vida nunca ha sido fácil para los hombres y las mujeres que piensan. Son felices los tontos y los ególatras, los que no saben amar, los que viven sin darse cuenta hasta que se les presenta la muerte por la espalda.  Sus cuitas, también las hago propias. Si ella está triste, si ha tenido un día duro, si me confiesa que atraviesa momentos complicados, me entristezco, porque carezco de poder, de sabiduría, de fuerza para transformar su dolor en placer. De cuando en cuando, le envío algún texto a su correo electrónico, con el único fin de inyectarle alegría, colocarla donde se merece como ser humano, como espléndida mujer. ¡Y sé que ella no me quiere! Pensarás que me he convertido en un badulaque, que he perdido el juicio: cómo puede amar a quién no me desea. ¡Cómo conocer a una mujer tan completa, cómo tratarla, verla, siempre que ella quiere, y que mi alma no se estremezca, como la del místico, como la Juan de Yepes con Dios!

Por toda la hermosura

Nunca yo me perderé

Sino por un "no sé qué"

que se alcanza por ventura. 

 

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