NOCTURNOS
Las mujeres no nos necesitan
Perdónenme las féminas. Ya sabe toda mujer que me lee la admiración que profeso a las damas. He llegado a decir y escribir que, si Dios existiera, sería un ser femenino.
A lo que voy. Creo que existen dos tipos de mujeres en nuestra civilización occidental: las que eligen y las que no puede hacerlo. Hay señoras que, por su belleza y cultura, deciden con qué hombre compartir vida, lecho, filosofías, literaturas, sonrisas y llantos
Los hombres, en nuestra soberbia, creemos que elegimos. Nunca. Siempre es ella la que decide. El varón ignora que una de las virtudes de la feminidad consiste es la sutileza.
Cualquier dama, de las que gozan de la capacidad de elegir caballero, pone en práctica una serie de pruebas para conocer sus cualidades, sus defectos, sus pros y contras. Después, tocará evaluar. Y si eres elegido, verbigracia, por la Dama del Solsticio, te hallarás entre esa clase de hombre casi perfectos, atractivo, culto, educado y con mucha clase. Ahora bien, nunca te jactes de haberla conquistado. Ellas, las damas superiores, son las que seducen. Nosotros somos juguetes.
El día que la mujer asuma que solo nos necesitan para el placer y perpetuar la especie habrá terminado nuestro reinado en la tierra y...el cielo. Las mujeres, asumámoslo, no nos necesitan. Nosotros no sabemos vivir sin ellas. Nos dan la vida y nos condenan morirnos por amor hacia ellas.
Eugenio-Jesús de Ávila
Perdónenme las féminas. Ya sabe toda mujer que me lee la admiración que profeso a las damas. He llegado a decir y escribir que, si Dios existiera, sería un ser femenino.
A lo que voy. Creo que existen dos tipos de mujeres en nuestra civilización occidental: las que eligen y las que no puede hacerlo. Hay señoras que, por su belleza y cultura, deciden con qué hombre compartir vida, lecho, filosofías, literaturas, sonrisas y llantos
Los hombres, en nuestra soberbia, creemos que elegimos. Nunca. Siempre es ella la que decide. El varón ignora que una de las virtudes de la feminidad consiste es la sutileza.
Cualquier dama, de las que gozan de la capacidad de elegir caballero, pone en práctica una serie de pruebas para conocer sus cualidades, sus defectos, sus pros y contras. Después, tocará evaluar. Y si eres elegido, verbigracia, por la Dama del Solsticio, te hallarás entre esa clase de hombre casi perfectos, atractivo, culto, educado y con mucha clase. Ahora bien, nunca te jactes de haberla conquistado. Ellas, las damas superiores, son las que seducen. Nosotros somos juguetes.
El día que la mujer asuma que solo nos necesitan para el placer y perpetuar la especie habrá terminado nuestro reinado en la tierra y...el cielo. Las mujeres, asumámoslo, no nos necesitan. Nosotros no sabemos vivir sin ellas. Nos dan la vida y nos condenan morirnos por amor hacia ellas.
Eugenio-Jesús de Ávila













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