Miércoles, 11 de Febrero de 2026

Eugenio de Ávila
Domingo, 26 de Julio de 2020
PASIÓN POR EL ZAMORA C.F.

Apuntes sobre el ascenso del Zamora C.F. y la historia de la entidad

Antonio de Ávila, celebrando un ascenso del club, abrazado a jugadoresAnoche, mientras el sol se iba a pasar la noche al lecho del Atlántico, se iniciaba una gran fiesta en el cielo entre los que amaron al Zamora Club de Fútbol. Allí estuvo mi inolvidable padre, Antonio de Ávila Comín y otros presidentes y directivos de la entidad rojiblanca. Él forma parte de la historia de este club, porque le realizó la respiración artificial, boca a boca, labio a labio, corazón a corazón, cuando se nos moría para todos los zamoranos que creemos que el fútbol es algo más que un deporte, digamos que un espejo de nuestra sociedad, porque, para ganar, hay que jugar en equipo, ser solidarios. Entre los once jugadores titulares y el resto de la plantilla existen hombres que llevan la batuta, que dirigen, que marcan un ritmo; hay otros que se dedican a labores más duras, pero no menos importantes; especialistas en ciertos trabajos. Todos son necesarios. Así debería suceder en nuestra tierra para que no se nos muera. Políticos y sociedad unidos en un objetivo. Empresarios y trabajadores, buscando un vínculo para ganar dinero, vivir mejor, crecer. Jóvenes que respetasen a sus mayores; ancianos que enseñasen, merced a su experiencia, cuál es el camino para hacer de esta provincia, de sus ciudades, de sus pueblos un paraíso para vivir en comunidad, para triunfar como sociedad.

Antonio de Ávila Comín, que sería traicionado por compañeros de junta directiva, y otros dirigentes del club rojiblanco, dejaron su trabajo, altruista, para hacer al Zamora C.F. más grande, para convertirlo en una imagen de nuestra tierra. A veces lo lograron. Nunca fracasaron, porque el deporte no deja de ser una proyección del estado económico y social de la ciudad que representa. Y Zamora fue perdiendo, casi sin darnos cuenta, pujanza económica y demográfica en las últimas décadas.

La entidad rojiblanca, merced a errores encadenados por juntas directivas, apoyadas en su momento, de forma excepcional, por el Ayuntamiento de Zamora durante los mandatos de Antonio Vázquez, el verdadero mecenas del club durante doce años, fue desmoronándose. Cuando el mencionado político dejó la Casa de las Panaderas, la entidad inicio su declive. No había dinero, solo deudas. Otros cuantos valientes se hicieron cargo del club. Pero sin sustancia económica, el fútbol se convierte en un deporte para aficionados, para que jueguen casados contra solteros. Y el Zamora había llegado a un momento de muerte viva. Se moría. Desaparecía o se iba a otra refundación, empezando por categorías regionales. El Zamora C.F. habría regresado al año 1969, a sus orígenes.

Entonces llegó el Grupo Vivir. Consideró que el Zamora podría convertirse en un club importante. Invirtió mucho dinero. No hubo éxito en su primera intentona de ascenso. Olvidable partido en Haro. Pero, tras la decepción, se alcanzó el objetivo. Tuvo que ser sin gente, en un campo con espectadores de cemento, lejos de Zamora, sin gente. Pero la emoción se vivió en la ciudad del Romancero y allá donde mi padre y sus amigos se hallen, cielo, Campos Elíseos, Empíreo, Nirvana.

Víctor de Aldama y Alfredo Ruiz, las dos cabezas pensantes de la actual junta directiva rojiblanca, subieron anoche su primer peldaño de esa escalera hacia el cielo futbolístico. El Zamora C.F. ya se encuentra en una categoría que jamás debió perder. Esta temporada 2020-2021 se presenta con numerosas dudas que obligan a preguntarse: ¿Se podrán ocupar todos los asientos de los estadios? Si se limita el número de aficionados, ¿qué sucederá con los aficionados que deseen inscribirse como socios si quizá los partidos se jueguen a puerta cerrada, como sucedió en esta fase de ascenso? ¿Cómo afectará a la entidad rojiblanca la anunciada reestructuración de la Segunda B?

Me imagino que Víctor de Aldama y Alfredo Plaza, desde que se logró el ascenso, además de celebrarlo, por lo mucho que se han jugado, pensarán y  reflexionarán sobre el futuro de una entidad que es casi suya.

Mientras, la fiesta continuará en el cielo o en otra dimensión en la que el tiempo no nos condiciona. Antonio de Ávila Comín volvió a abrazarse con sus compañeros, incluso con los que le traicionaron, cuando el árbitro del choque entre Zamora C.F. y Gimnástica Segoviana concluyó. Anoche, Isabel Curiel, me recordaba a mi padre y su satisfacción por el ascenso del club rojiblanco, y me confesaba que nunca olvidará, cuando siendo voluntaria de Cruz Roja, el trato de mi padre hacia ella y todos sus compañeros. Fue un caballero de la vida y un alma grande en este mundo podrido del fútbol.

Anoche, muchos zamoranos fuimos dichosos durante unas horas, suficientes para olvidarnos que nuestra tierra se desmorona por el olvido de políticos y la pasividad antropológica, tradúzcase como cobardía, de una gran parte de nuestra sociedad. El fútbol nos hace soñar. ¡Soñemos!

Eugenio-Jesús de Ávila

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