Eugenio de Ávila
Miércoles, 05 de Agosto de 2020
DENUNCIAS

Las escaleras de Peña Trevinca junto La Josa, un peligro

Peldaños rotos y barandillas sueltas que pueden causar accidentes

Manuel HerreroQuieren que leamos. Sus cosas, lo que ellos consideran logros, se colocan particularmente sus medallas por lo realizado, incluso reprochando a otros lo que dejaron pendiente. Reconociendo el mérito de sus obras, alguna simple mantenimiento, tampoco quita para que su labor quede exenta de crítica. Censurando la falta de reciprocidad, pues bien que le interesa, ponernos al corriente de tantas cosas que están haciendo, pero ignoran totalmente lo que desde los mismos medios que ellos utilizan, se les reclama que hagan. Nos hacen leer, sin hacerlo ellos y mientras, nuestras demandas siguen por atender. Cuestionable proceder.

                Hace algún tiempo, tampoco tanto, poníamos de manifiesto, el cochambroso estado de las escaleras de subida en Peña Trevinca, las que se encuentran literalmente embutidas entre los bloques de viviendas. Contábamos, como se encuentran en el más absoluto de los abandonos. No muy lejos, fuera de toda edificación, y con vistas a los campos deportivos de La Josa, discurren otras escaleras.

Como el resto de subidas, acusan también la falta de mantenimiento. Cosa que se resolvería, con un trabajo intensivo de limpieza, retirando las  acumulaciones de basuras y realizando una intervención en los jardines adyacentes, lo que queda de ellos, ya no, para que resulten atractivos, sino para que no invadan con maleza seca la zona de paso de los peatones. Pero además, existe cierto peligro, el de posibles caídas. Algunos peldaños no se encuentran en buen estado y puede jugar una mala pasada cuando un pie se apoye sobre ellos. Esto, unido a que las barandillas, dispuestas para poder ayudarse en el momento de subir, o en su caso bajar, también se encuentran rotas, bien en alguno de los extremos donde deberían de estar sujetas o incluso faltando completamente en algún tramo, dan cuenta de la necesidad de que se acometan sin demora las reparaciones necesarias, antes de que cobren dimensiones mayores.

Y todo ello, muy resumido es lo que hay, y no queda otro remedio para algunos, que usarlas, estén como estén, incluso si su estado empeora. Y, como bien para algunas cosas  ha servido el prolongado estado de alarma, como disculpa para no acometer su reparación, cuando estos defectos señalados, se arrastran desde hace muchos años, no sirve de excusa. Otros vendrán en el futuro a recordar cómo hacen ellos ahora, esas cosas que quedaron pendientes. 

Manuel Herrero Alonso

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