NOCTURNOS
Amo mucho, amor, para morir enamorado
Me enamoré pocas veces en mi vida. No sé por qué. Eso sí, cuando quise a una dama, me perdí, me olvidé de mí, me marché de mi cuerpo para introducirme en ese ser femenino que me transformó en un hombre mejor. Pienso que, cuando amas tanto a una mujer como yo he amado o amo, sufres una metamorfosis en tu esencia, te haces más dulce, sensible, bueno. Si no amas, te mueres más deprisa y el carácter se riza, se escaria, se irrita. Yo solo sé una cosa: vine al mundo para amar, jamás para odiar.
Soy hombre no solo para querer a una dama, sino para adorarla. Porque toda mujer es diosa si sabemos rezarle, aplicar una liturgia y unos ritos. Pero el amor no es una costumbre. El amor es una labor, una recreación, una composición cotidiana. Hay que aprovechar cada segundo de vida para reconstruirlo, crearlo de la nada, como si te creyeses Dios, como si no existiera antes de ti.
El amor huye del hastío, del tedio, del aburrimiento. El amor es la esencia del alma. Si pudiéramos exprimirla, obtendríamos una fontana de pasión, que es la sangre que circula por las venas del amor. Ahora bien, ni todo el mundo escribe versos, ni todos saben cuál es el secreto para conjugar el verbo amar en su tiempo.
Hay gente incapacitada para querer a un hombre o a una mujer. ¿Por qué? El amor excesivo hacia una mismo impide transmitir, dar, ofrecer el néctar que guardas en tu alma desde que fuiste concebido. He observado que, cuanto más te amo, te deseo, te adoro, menos atención me dedico a mí mismo. Ama, amor, tanto que mueras enamorado después de una vida compartida por dos cuerpos en una sola alma.
Eugenio-Jesús de Ávila
Me enamoré pocas veces en mi vida. No sé por qué. Eso sí, cuando quise a una dama, me perdí, me olvidé de mí, me marché de mi cuerpo para introducirme en ese ser femenino que me transformó en un hombre mejor. Pienso que, cuando amas tanto a una mujer como yo he amado o amo, sufres una metamorfosis en tu esencia, te haces más dulce, sensible, bueno. Si no amas, te mueres más deprisa y el carácter se riza, se escaria, se irrita. Yo solo sé una cosa: vine al mundo para amar, jamás para odiar.
Soy hombre no solo para querer a una dama, sino para adorarla. Porque toda mujer es diosa si sabemos rezarle, aplicar una liturgia y unos ritos. Pero el amor no es una costumbre. El amor es una labor, una recreación, una composición cotidiana. Hay que aprovechar cada segundo de vida para reconstruirlo, crearlo de la nada, como si te creyeses Dios, como si no existiera antes de ti.
El amor huye del hastío, del tedio, del aburrimiento. El amor es la esencia del alma. Si pudiéramos exprimirla, obtendríamos una fontana de pasión, que es la sangre que circula por las venas del amor. Ahora bien, ni todo el mundo escribe versos, ni todos saben cuál es el secreto para conjugar el verbo amar en su tiempo.
Hay gente incapacitada para querer a un hombre o a una mujer. ¿Por qué? El amor excesivo hacia una mismo impide transmitir, dar, ofrecer el néctar que guardas en tu alma desde que fuiste concebido. He observado que, cuanto más te amo, te deseo, te adoro, menos atención me dedico a mí mismo. Ama, amor, tanto que mueras enamorado después de una vida compartida por dos cuerpos en una sola alma.
Eugenio-Jesús de Ávila













Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.42