NOCTURNOS
La belleza de una mujer inexplicable
Si hubieras sido una flor habrías sido violeta; si hubieses volado, una golondrina; si fueses nube, un cirro o la primera niebla del otoño; si poesía, una rima de Becquer…pero eres mujer, dama que me obliga a reflexionar sobre la sencillez de la belleza, la humildad de la hermosura, el recato del talento.
Posees el misterio de un alma tímida, el atractivo de la luna llena cuando brilla sobre un cielo helado, la belleza que se avergüenza de mirarse al espejo, el duende de una noche de verano que tiñe su cabello con perseidas, la sensualidad de unos labios empapados en vino, de una lengua degustando un helado de nata, de una guinda escarchada ante una boca entreabierta.
Tu belleza penetra en mi alma despacio, con el mismo silencio que la nieve cuando cae en la madrugada. Enamoras como el trino de un ruiseñor, un adagio barroco, la catedral de Florencia, la pirámide Zoser, el salto del delfín, la amapola entre un campo de cereales, un poema erótico femenino.
Bendecido por el Ser Supremo todo hombre que haya mordido tus labios de frambuesa y leche, acariciado tu epidermis, rodeado tu ombligo con las yemas de sus dedos, amado tu cuerpo y empapado su alma con el jugo de tu gineceo.
Sigue llenando mi vida con tus enigmas, con tus secretos, con ese esoterismo de la belleza que no se marchita, como si fuera un alba eterna, una aurora de dedos rosados, mujer inexplicable e indefinible, amada y amante.
Eugenio-Jesús de Ávila
Si hubieras sido una flor habrías sido violeta; si hubieses volado, una golondrina; si fueses nube, un cirro o la primera niebla del otoño; si poesía, una rima de Becquer…pero eres mujer, dama que me obliga a reflexionar sobre la sencillez de la belleza, la humildad de la hermosura, el recato del talento.
Posees el misterio de un alma tímida, el atractivo de la luna llena cuando brilla sobre un cielo helado, la belleza que se avergüenza de mirarse al espejo, el duende de una noche de verano que tiñe su cabello con perseidas, la sensualidad de unos labios empapados en vino, de una lengua degustando un helado de nata, de una guinda escarchada ante una boca entreabierta.
Tu belleza penetra en mi alma despacio, con el mismo silencio que la nieve cuando cae en la madrugada. Enamoras como el trino de un ruiseñor, un adagio barroco, la catedral de Florencia, la pirámide Zoser, el salto del delfín, la amapola entre un campo de cereales, un poema erótico femenino.
Bendecido por el Ser Supremo todo hombre que haya mordido tus labios de frambuesa y leche, acariciado tu epidermis, rodeado tu ombligo con las yemas de sus dedos, amado tu cuerpo y empapado su alma con el jugo de tu gineceo.
Sigue llenando mi vida con tus enigmas, con tus secretos, con ese esoterismo de la belleza que no se marchita, como si fuera un alba eterna, una aurora de dedos rosados, mujer inexplicable e indefinible, amada y amante.
Eugenio-Jesús de Ávila














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