EDUCACIÓN
Carta a la ministra de Educación
Querida ministra de Educación: Desde mi atrevimiento e ignorancia, pero no exento de sentido común, cosa que en estos tiempos creo que fallan, ya que nos preocupan más los interese personales que lo realmente importante que son las personas, me atrevo a decirle cómo me siento como madre, como persona y mujer, porque vamos a hablar de tú a tú, de mujer a mujer, de madre a madre.
¿Usted se cree que estamos en disposición de empezar un curso escolar tal y como está la situación actual? Usted dice que las medidas de seguridad en los colegios van a ser perfectas, y me creo que pongan todo de su parte para que así sea, pero yo le pregunto: ¿Ha contado con las variables externasr a las que se enfrentan?
Los niños no son responsables para seguir unas medidas de seguridad estrictas, porque son niños, unos se bajaran las mascarillas, otros se darán besos cuando no los vean, jugaran juntos sin tener las medidas de seguridad que se exigen para una situación de pandemia como la que estamos viviendo. ¿Me podría explicar cómo va a solucionar todo eso? ¿Con un adulto por cada niño para controlar que sigan los protocolos? Una panacea imposible.
¿Qué pasa con las familias que han sido impecables en seguir las normas y, por ende, han privado a sus hijos de ir a un parque, o a tomar algo a un bar, o a cenar en uno de sus Burger preferidos?
Todos sabemos que las aulas son un caldo de cultivo para los virus, y para este que tenemos aún más. Yo respeto todas las opiniones y la gente que quiera llevar a sus hijos al colegio. Pero creo que también se debe respetar a los padres que quieran salvaguardar a sus hijos y, por consiguiente al resto de la familia. ¿O nos olvidamos que esto es una cadena y si uno de sus eslabones tiene un problema pasarán al resto?
Si un niño se contagia, evidentemente contagiaría al resto de la familia que conviva con él, y hablamos que aquí vuelven a entrar los más vulnerables los abuelos. ¿Sabe cómo llamo yo eso: llevar la vaca al matadero? Y lo expreso así porque, si digo sinceramente lo que pienso, quedaría muy fuerte.
Si solo hubiera un mínimo de sentido común y se hubiese trabajado en el estudio de un plan alternativo, donde se pudiera compaginar las personas que quieran llevar a sus hijos al cole y los que no, veríamos varias notas positivas. Como, por ejemplo, con menos niños habría un ratio de contagio menor, las aulas estarían más libres y el espacio entre compañeros podría ser aún mayor, bajando la tasa de carga viral en el ambiente. Porque le recuerdo que la distancia de 1,5 metros es la mínima, pero, si hay un estornudo o los niños chillan, estaríamos hablando de una distancia de seguridad de hasta 5 metros. Con un apunte que no le gusta reconocer y es que este virus se queda en el ambiente durante un tiempo, por eso tienen como protocolo ventilar bien las aulas. Pero esto último no lo reconocen abiertamente.
Sentido común, menos niños menos riesgos. Pero claro es que trabajar para dar cobertura a los que se quiere proteger en casa, es mucho trabajo así como inversión. Pero yo me pregunto: ¿Para qué tenemos entonces un Ministerio? ¿Solo para cambiar los contenidos educativos según el color del que esté gobernando?
Si aumentan los contagios se vuelve a colapsar el sistema sanitario, y por no hablar de la economía, seria nuevamente un revés y ya nuestro sistema económico está por un hilo. Pero es cierto que quizás la parte sanitaria y económica no es de su incumbencia, pero si la todos los demás. Le reitero que esto es una cadena de eslabones que van unidos.
Y ya hablando del tema que más importa de todos y que quizás para usted solo son daños colaterales, pero para mí no. Una vida es lo más importante y salvarla no es un derecho, sino una obligación. Y no solo de todo, si no en especial de los que estáis ahí arriba, que juráis un cargo para proteger a todos y cada uno de los ciudadanos. O nos olvidamos cuando llegamos a ocupar un sillón
Como madre acabo diciendo que se nos de la opción a los que queramos proteger a los nuestros. Y usted a trabajar, porque le recuerdo que no estamos los ciudadanos a su servicio, usted está al nuestro. Tanto que buscan acuerdos y consensos para poder mantener sus puestos y aprobar sus presupuestos, busque un acuerdo sin órdenes inquisitorias e impositivas.
Lo que usted llama absentismo, yo lo llamo protección. ¿Quién de las dos tiene razón?
Con todo mi respeto y como he empezado me despido, desde mi ignorancia pero con sentido común.
Marina Requejo
Querida ministra de Educación: Desde mi atrevimiento e ignorancia, pero no exento de sentido común, cosa que en estos tiempos creo que fallan, ya que nos preocupan más los interese personales que lo realmente importante que son las personas, me atrevo a decirle cómo me siento como madre, como persona y mujer, porque vamos a hablar de tú a tú, de mujer a mujer, de madre a madre.
¿Usted se cree que estamos en disposición de empezar un curso escolar tal y como está la situación actual? Usted dice que las medidas de seguridad en los colegios van a ser perfectas, y me creo que pongan todo de su parte para que así sea, pero yo le pregunto: ¿Ha contado con las variables externasr a las que se enfrentan?
Los niños no son responsables para seguir unas medidas de seguridad estrictas, porque son niños, unos se bajaran las mascarillas, otros se darán besos cuando no los vean, jugaran juntos sin tener las medidas de seguridad que se exigen para una situación de pandemia como la que estamos viviendo. ¿Me podría explicar cómo va a solucionar todo eso? ¿Con un adulto por cada niño para controlar que sigan los protocolos? Una panacea imposible.
¿Qué pasa con las familias que han sido impecables en seguir las normas y, por ende, han privado a sus hijos de ir a un parque, o a tomar algo a un bar, o a cenar en uno de sus Burger preferidos?
Todos sabemos que las aulas son un caldo de cultivo para los virus, y para este que tenemos aún más. Yo respeto todas las opiniones y la gente que quiera llevar a sus hijos al colegio. Pero creo que también se debe respetar a los padres que quieran salvaguardar a sus hijos y, por consiguiente al resto de la familia. ¿O nos olvidamos que esto es una cadena y si uno de sus eslabones tiene un problema pasarán al resto?
Si un niño se contagia, evidentemente contagiaría al resto de la familia que conviva con él, y hablamos que aquí vuelven a entrar los más vulnerables los abuelos. ¿Sabe cómo llamo yo eso: llevar la vaca al matadero? Y lo expreso así porque, si digo sinceramente lo que pienso, quedaría muy fuerte.
Si solo hubiera un mínimo de sentido común y se hubiese trabajado en el estudio de un plan alternativo, donde se pudiera compaginar las personas que quieran llevar a sus hijos al cole y los que no, veríamos varias notas positivas. Como, por ejemplo, con menos niños habría un ratio de contagio menor, las aulas estarían más libres y el espacio entre compañeros podría ser aún mayor, bajando la tasa de carga viral en el ambiente. Porque le recuerdo que la distancia de 1,5 metros es la mínima, pero, si hay un estornudo o los niños chillan, estaríamos hablando de una distancia de seguridad de hasta 5 metros. Con un apunte que no le gusta reconocer y es que este virus se queda en el ambiente durante un tiempo, por eso tienen como protocolo ventilar bien las aulas. Pero esto último no lo reconocen abiertamente.
Sentido común, menos niños menos riesgos. Pero claro es que trabajar para dar cobertura a los que se quiere proteger en casa, es mucho trabajo así como inversión. Pero yo me pregunto: ¿Para qué tenemos entonces un Ministerio? ¿Solo para cambiar los contenidos educativos según el color del que esté gobernando?
Si aumentan los contagios se vuelve a colapsar el sistema sanitario, y por no hablar de la economía, seria nuevamente un revés y ya nuestro sistema económico está por un hilo. Pero es cierto que quizás la parte sanitaria y económica no es de su incumbencia, pero si la todos los demás. Le reitero que esto es una cadena de eslabones que van unidos.
Y ya hablando del tema que más importa de todos y que quizás para usted solo son daños colaterales, pero para mí no. Una vida es lo más importante y salvarla no es un derecho, sino una obligación. Y no solo de todo, si no en especial de los que estáis ahí arriba, que juráis un cargo para proteger a todos y cada uno de los ciudadanos. O nos olvidamos cuando llegamos a ocupar un sillón
Como madre acabo diciendo que se nos de la opción a los que queramos proteger a los nuestros. Y usted a trabajar, porque le recuerdo que no estamos los ciudadanos a su servicio, usted está al nuestro. Tanto que buscan acuerdos y consensos para poder mantener sus puestos y aprobar sus presupuestos, busque un acuerdo sin órdenes inquisitorias e impositivas.
Lo que usted llama absentismo, yo lo llamo protección. ¿Quién de las dos tiene razón?
Con todo mi respeto y como he empezado me despido, desde mi ignorancia pero con sentido común.
Marina Requejo





















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