NOCTURNOS
El orgasmo de la nada
Te deseo, te amo, te anhelo. Pero no puedo tenerte. No debería quererte jamás. A las diosas las adoro con palabras. Pero se me prohíbe tocarlas, acariciarlas, seducirlas. Intento olvidarte escribiendo. Pero, cuando cada palabra toma cuerpo, con su epidermis de vocales y su carne de consonantes, regresas a la alcoba de mi cerebro. Y me muestro incapaz de echarte de mi memoria, madre del recuerdo, abuela sin caperucita.
Sabía que amar duele. Se diría que es el éxtasis del dolor, una pócima compuesta de sufrimiento y tristeza que toma el alma para dejar de sentir. Tanto se puede llegar a amar que vivirás sin darte cuenta, porque te olvidas de ti mismo, porque no piensas en nada que no sea esa mujer, la que, sin proponérselo, sembró tu alma con las semillas de la belleza y del talento.
El amor se pasa la vida batallando en la guerra contra el egoísmo. Casi siempre pierde, pero si gana, el caballero que triunfe en ese combate despreciará a la enamorada muerte, la única dama que seduce al hombre un sola y última vez. Después se alcanza el nirvana, el orgasmo de la nada.
Eugenio-Jesús de Ávila
Te deseo, te amo, te anhelo. Pero no puedo tenerte. No debería quererte jamás. A las diosas las adoro con palabras. Pero se me prohíbe tocarlas, acariciarlas, seducirlas. Intento olvidarte escribiendo. Pero, cuando cada palabra toma cuerpo, con su epidermis de vocales y su carne de consonantes, regresas a la alcoba de mi cerebro. Y me muestro incapaz de echarte de mi memoria, madre del recuerdo, abuela sin caperucita.
Sabía que amar duele. Se diría que es el éxtasis del dolor, una pócima compuesta de sufrimiento y tristeza que toma el alma para dejar de sentir. Tanto se puede llegar a amar que vivirás sin darte cuenta, porque te olvidas de ti mismo, porque no piensas en nada que no sea esa mujer, la que, sin proponérselo, sembró tu alma con las semillas de la belleza y del talento.
El amor se pasa la vida batallando en la guerra contra el egoísmo. Casi siempre pierde, pero si gana, el caballero que triunfe en ese combate despreciará a la enamorada muerte, la única dama que seduce al hombre un sola y última vez. Después se alcanza el nirvana, el orgasmo de la nada.
Eugenio-Jesús de Ávila














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