CON LOS CINCO SENTIDOS
Sé la mejor versión de ti misma
Tengo grandes ideas en la cabeza, muchas, a veces pienso que son barbaridades irrealizables, pero no pierdo la fe. Al menos tengo ideas. Intento hacer algo con mis neuronas o con mis manos, aunque el corazón pese lo suyo y me decante por lo que me dicta, no siempre de manera acertada. Ya sabemos que el corazón está en constante batalla con la razón y la balanza, ciertamente, está descompensada la mayor parte de las veces. Supongo que es ley de vida si ese órgano vital te late y eres lo que se conoce como “buena gente”. Al menos lo intento, no paro de intentarlo y sé que algún día, tarde o temprano, alguien lo verá, alguien me verá por dentro más que por fuera, y sabrá de mis buenas intenciones y mis ideas maravillosamente irrealizables por utópicas y naif. Pero soy así, una niña en el cuerpo de una mujer adulta. Lucho por madurar por dentro y que se me note por fuera, pero mi niña interior casi siempre gana la batalla y eso sólo consigue que sufra porque el mundo no es lugar fácil.
Soy niña, pero no soy dócil, nunca lo fui, y eso es una pesada carga que me aplasta ante la mediocridad de los que quieren apagar mi titilante luz. No logro entender el motivo por el que alguien necesita devorar tu ego para alimentar el suyo, empequeñecerte para brillar más, cuando es sabido que en el camino te habrás de encontrar con más piedras que valles llanos y fértiles y al final tendrás que valorar si mereció la pena el mal que provocaste.
Por eso, sencillamente por eso y porque considero que la vida es demasiado corta, intento ayudar, aportar, ser y estar para quien lo necesite. No hago distingos. Soy cercana y afable en el trato y quiero a las personas de bien, pero soy dura y distante con aquellos que quieren arrebatarme esa infantiloide manera de ver mi mundo, bonito, sencillo, casi mágico. Un mundo donde todo es fácil porque se dialoga, porque se ponen en común ideas, se confrontan opiniones y siempre hay acuerdos en beneficio de la mayoría. Sé que la política todo lo inunda y así ha de ser, todo es política en el más amplio sentido del término y no entiendo al que dice con orgullo o se jacta de que es apolítico, porque eso es mentira. Si vives en este mundo, si paces en él, si necesitas de él, necesitas de la política porque dependes de ella.
Aún así, no te vendas, haz de tu paso por la vida algo de utilidad para ti y para los que te rodean, pero hazlo con coherencia, con honor y con amor hacia el prójimo. Para eso no hace falta una dosis extra de religiosidad, qué va. Eso va en el A.D.N. de cada uno, en lo que ha mamado en su casa desde pequeño y en la bondad, empatía y humanidad de su corazón y de su cerebro. Hacer el bien nos hace grandes, aunque a veces invisibles, pero no importa. A mí no me importa.
Nélida L. del Estal Sastre
Tengo grandes ideas en la cabeza, muchas, a veces pienso que son barbaridades irrealizables, pero no pierdo la fe. Al menos tengo ideas. Intento hacer algo con mis neuronas o con mis manos, aunque el corazón pese lo suyo y me decante por lo que me dicta, no siempre de manera acertada. Ya sabemos que el corazón está en constante batalla con la razón y la balanza, ciertamente, está descompensada la mayor parte de las veces. Supongo que es ley de vida si ese órgano vital te late y eres lo que se conoce como “buena gente”. Al menos lo intento, no paro de intentarlo y sé que algún día, tarde o temprano, alguien lo verá, alguien me verá por dentro más que por fuera, y sabrá de mis buenas intenciones y mis ideas maravillosamente irrealizables por utópicas y naif. Pero soy así, una niña en el cuerpo de una mujer adulta. Lucho por madurar por dentro y que se me note por fuera, pero mi niña interior casi siempre gana la batalla y eso sólo consigue que sufra porque el mundo no es lugar fácil.
Soy niña, pero no soy dócil, nunca lo fui, y eso es una pesada carga que me aplasta ante la mediocridad de los que quieren apagar mi titilante luz. No logro entender el motivo por el que alguien necesita devorar tu ego para alimentar el suyo, empequeñecerte para brillar más, cuando es sabido que en el camino te habrás de encontrar con más piedras que valles llanos y fértiles y al final tendrás que valorar si mereció la pena el mal que provocaste.
Por eso, sencillamente por eso y porque considero que la vida es demasiado corta, intento ayudar, aportar, ser y estar para quien lo necesite. No hago distingos. Soy cercana y afable en el trato y quiero a las personas de bien, pero soy dura y distante con aquellos que quieren arrebatarme esa infantiloide manera de ver mi mundo, bonito, sencillo, casi mágico. Un mundo donde todo es fácil porque se dialoga, porque se ponen en común ideas, se confrontan opiniones y siempre hay acuerdos en beneficio de la mayoría. Sé que la política todo lo inunda y así ha de ser, todo es política en el más amplio sentido del término y no entiendo al que dice con orgullo o se jacta de que es apolítico, porque eso es mentira. Si vives en este mundo, si paces en él, si necesitas de él, necesitas de la política porque dependes de ella.
Aún así, no te vendas, haz de tu paso por la vida algo de utilidad para ti y para los que te rodean, pero hazlo con coherencia, con honor y con amor hacia el prójimo. Para eso no hace falta una dosis extra de religiosidad, qué va. Eso va en el A.D.N. de cada uno, en lo que ha mamado en su casa desde pequeño y en la bondad, empatía y humanidad de su corazón y de su cerebro. Hacer el bien nos hace grandes, aunque a veces invisibles, pero no importa. A mí no me importa.
Nélida L. del Estal Sastre



















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