COSAS MÍAS
Pobres con mucho dinero
El dinero no tiene color político. Queda muy bien definirse de izquierdas cuando se es burgués capitalista o burgués funcionario. Nunca he sabido si alcanza mayor estolidez el obrero de derechas o el rico de la siniestra. El gran capital siempre ha estado con el PSOE, partido que realizó, desde el felipismo, el trabajo sucio de la gran burguesía española y mundial. Ayer, la banca, las grandes constructoras, las energéticas multinacionales apoyaron a Pedro Sánchez en su unidad hacia la nada política. Allí hallábase el neocomunista Pablo Iglesias, enemigo declarado del capitalismo, amante fiel del marxismo de 1848, entre ese personal que tan poco le gusta. Hay que tragarse sapos todas las mañanas y, a veces, en las madrugadas.
Aquí, en Zamora no hay grandes capitalistas, si bien, es cierto, vive gente con mucho dinero, hecho, en algunos casos, por un cierta cercanía a la clase política. Pero también hay pequeños empresarios, inteligentes, que crearon puestos de trabajo, que construyeron un buen patrimonio merced a su capacidad y talento. A estas personas, las que en verdad crean riqueza y emplean trabajadores, no se les tiene en cuenta, es más, se les persigue con impuestos.
La gente muy rica, los grandes capitalistas, los empresarios del IBEX, prefieren que gobierne un tipo como Sánchez, porque no temen expropiaciones como las del chavismo en Venezuela o, por si acaso, a Iglesias le diera por aquello de “¡Exprópiese!”. El poder político y el económico suelen llevarse muy bien. Queda estético, escasamente ético, convertirse en empresario progre.
En nuestra tierra, alcaldes y presidentes de la Diputación mantuvieron, en tiempos pasados, muchísima afinidad, incluso se construyeron amistades íntimas entre políticos y empresarios. Ahora me temo que ni Francisco Guarido ni su tocayo del Hospital de la Encarnación mantienen vínculos con los empresarios que se dedican a la construcción de obras públicas. Mejor. Pulcritud en las administraciones. No hay engaños. Si la empresa no cumple, la institución utilizará la ley para sancionarla. Porque, tal y como hay buenos y malos políticos, también existen, canallas y malandrines en el mundo empresarial.
Carreteras que, recién inauguradas, muestran baches; baldosas mal colocadas, con las que la gente se tropieza; calzadas infames, que acumulan charcos con cuatro gotas de lluvia, chapuzas en la obra pública definen no solo a la empresa que las ejecuta, sino a la institución que lo permite y no sanciona.
Políticos y empresarios no deberían ser amigos jamás, ni tampoco, por supuesto, políticos y periodistas. Los empresarios del IBEX no son colegas de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ni ambos apóstoles paganos tampoco se afanan por compartir amistad con los ricos; pero a esta izquierda aburguesada le place que los capitalistas los adulen. Todo es mentira. Esencia de la hipocresía. España hallase en quiebra moral; la económica aguarda su turno. Zamora, de momento, aunque viva en estado de coma, todavía posee políticos con dignidad, que no buscan matrimonios de conveniencia con gente hacendada. Se procura que los empresarios cumplan con sus contratos y nada más.
Y no olvide el lector que las grandes revoluciones contemporáneas las produjo la burguesía y la aristocracia desclasada. El dinero no tiene color, ni olor, ni sabor. Se tiene o no se tiene. Se gasta o se ahorra Con vil metal se compra y se vende. España, en almoneda. El IBEX también lo componen empresarios pelotas. El cobismo periodístico, político y empresarial, de moda en nuestra nación.
Sostengo, sin necesidad de apellidarme Pereyra, que hay demasiados pobres que solo tienen dinero y patrimonio en nuestra nación y entre ellos también un puñado de zamoranos.
En verdad, salimos más fuertes, muchísimo más Pedro Sánchez y sus amigos capitalistas. Autónomos, pequeños empresarios y otra gente sin importancia, jodidos.
Eugenio-Jesús de Ávila
El dinero no tiene color político. Queda muy bien definirse de izquierdas cuando se es burgués capitalista o burgués funcionario. Nunca he sabido si alcanza mayor estolidez el obrero de derechas o el rico de la siniestra. El gran capital siempre ha estado con el PSOE, partido que realizó, desde el felipismo, el trabajo sucio de la gran burguesía española y mundial. Ayer, la banca, las grandes constructoras, las energéticas multinacionales apoyaron a Pedro Sánchez en su unidad hacia la nada política. Allí hallábase el neocomunista Pablo Iglesias, enemigo declarado del capitalismo, amante fiel del marxismo de 1848, entre ese personal que tan poco le gusta. Hay que tragarse sapos todas las mañanas y, a veces, en las madrugadas.
Aquí, en Zamora no hay grandes capitalistas, si bien, es cierto, vive gente con mucho dinero, hecho, en algunos casos, por un cierta cercanía a la clase política. Pero también hay pequeños empresarios, inteligentes, que crearon puestos de trabajo, que construyeron un buen patrimonio merced a su capacidad y talento. A estas personas, las que en verdad crean riqueza y emplean trabajadores, no se les tiene en cuenta, es más, se les persigue con impuestos.
La gente muy rica, los grandes capitalistas, los empresarios del IBEX, prefieren que gobierne un tipo como Sánchez, porque no temen expropiaciones como las del chavismo en Venezuela o, por si acaso, a Iglesias le diera por aquello de “¡Exprópiese!”. El poder político y el económico suelen llevarse muy bien. Queda estético, escasamente ético, convertirse en empresario progre.
En nuestra tierra, alcaldes y presidentes de la Diputación mantuvieron, en tiempos pasados, muchísima afinidad, incluso se construyeron amistades íntimas entre políticos y empresarios. Ahora me temo que ni Francisco Guarido ni su tocayo del Hospital de la Encarnación mantienen vínculos con los empresarios que se dedican a la construcción de obras públicas. Mejor. Pulcritud en las administraciones. No hay engaños. Si la empresa no cumple, la institución utilizará la ley para sancionarla. Porque, tal y como hay buenos y malos políticos, también existen, canallas y malandrines en el mundo empresarial.
Carreteras que, recién inauguradas, muestran baches; baldosas mal colocadas, con las que la gente se tropieza; calzadas infames, que acumulan charcos con cuatro gotas de lluvia, chapuzas en la obra pública definen no solo a la empresa que las ejecuta, sino a la institución que lo permite y no sanciona.
Políticos y empresarios no deberían ser amigos jamás, ni tampoco, por supuesto, políticos y periodistas. Los empresarios del IBEX no son colegas de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, ni ambos apóstoles paganos tampoco se afanan por compartir amistad con los ricos; pero a esta izquierda aburguesada le place que los capitalistas los adulen. Todo es mentira. Esencia de la hipocresía. España hallase en quiebra moral; la económica aguarda su turno. Zamora, de momento, aunque viva en estado de coma, todavía posee políticos con dignidad, que no buscan matrimonios de conveniencia con gente hacendada. Se procura que los empresarios cumplan con sus contratos y nada más.
Y no olvide el lector que las grandes revoluciones contemporáneas las produjo la burguesía y la aristocracia desclasada. El dinero no tiene color, ni olor, ni sabor. Se tiene o no se tiene. Se gasta o se ahorra Con vil metal se compra y se vende. España, en almoneda. El IBEX también lo componen empresarios pelotas. El cobismo periodístico, político y empresarial, de moda en nuestra nación.
Sostengo, sin necesidad de apellidarme Pereyra, que hay demasiados pobres que solo tienen dinero y patrimonio en nuestra nación y entre ellos también un puñado de zamoranos.
En verdad, salimos más fuertes, muchísimo más Pedro Sánchez y sus amigos capitalistas. Autónomos, pequeños empresarios y otra gente sin importancia, jodidos.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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