LITERATURA
El amor sano no duele
En unos tiempos en los que la inmensa mayoría de la población vivía al límite de los recursos necesarios para existir y mantener una familia, los matrimonios se parecían más a una transacción económica por la que dos familias pasaban a colaborar. Sin embargo, a medida que fueron mejorando las condiciones de vida de la mayoría de la población, esta lógica transacción y el papel de los sentimientos pasó a un primer plano.
El amor, ha demostrado ser una de las emociones con mayor capacidad de sanar que podemos experimentar las personas. Se considera como la fuerza capaz de mover al mundo cuando se usa con verdad, lealtad e integridad. Mientras que el amor es “sólo” un sentimiento intenso que tiene un principio y un final, el amor incondicional es completo y totalmente desinteresado. No se puede dar en la medida en que fluye sin esfuerzo del propio corazón porque es un aprendizaje y una práctica constante. A lo largo de las últimas décadas se ha ido creando una especie de mitología a su alrededor. Desafortunadamente, el hecho de que existan tantos mitos acerca de esta dinámica amorosa y relacional ha contribuido a distorsionar y camuflar una gruesa capa de estereotipos y apelaciones a lo emocional que muchas veces resultan más negativas que positivas. Hay quienes confunden el amor incondicional con el amor dependiente. La dependencia emocional no es lo mismo que construir una relación que tiene que ver con amor incondicional. Pero es necesario entender éste término para saber cómo proteger una relación de pareja sin que se deteriore por malos hábitos relacionales. Saber encontrar un buen equilibrio entre la preocupación por un ser querido y el mantenimiento de la propia dignidad e integridad es clave para mantener el bienestar. Es tan increíblemente frecuente encontrarse con personas que afirman no quererse, tener una autoestima baja, que una se lleva las manos a la cabeza. No porque sean conscientes de esa realidad de sí mismos, si no porque lo aceptan como una parte más y no se plantean la posibilidad de trabajarse, de cuestionarse por qué tienen esa falta de amor, cuando ésta les lleva a relacionarse con los demás desde lugares en los que se sienten agradecidos por ser queridos en lugar de ser conscientes de que son merecedores de amor. La aventura de nuestras vidas comienza por un amor incondicional hacia nosotros mismos. Puesto que somos la única persona con la que irremediablemente tendremos que convivir mientras vivamos.
Casi, con mucho cuidado y recelo, aquel que se quiere lo dice con voz bajita y rápidamente señala que se quiere, se respeta pero que no desde un lugar egocentrista. ¿Por qué quererse y cuidarse está tan asociado al egoísmo, en lugar de considerarse algo básico y necesario?. De todas las personas que amamos en nuestras vidas, somos los que más nos descuidamos. Pasamos nuestro tiempo enfocados en los demás y nuestro propio bienestar emocional se deja de lado. Todos nacemos con la capacidad de amar, pero no nos han enseñado a desarrollarla y vivirla de un modo sano, sino todo lo contrario. Nos han inculcado una serie de creencias que nos llevan al dolor, a la dependencia y la carencia afectiva, y por ende a relaciones enfermizas. Por eso es necesario reeducarnos y descubrir nuevas maneras de querernos y querer a los demás. En realidad es un arte, y como tal hay que aprenderlo y practicarlo a diario.
Aunque muchas personas piensen lo contrario, no hay nada malo en demostrar que uno se valora, se respeta y se quiere. Porque lo contrario conlleva un riesgo importante. Querer a otros sin antes haber hecho lo propio con uno mismo es peligroso. Cuando aprendes a quererte, te aceptas, te haces responsable de tu vida y descubres todo el potencial que llevas dentro.
© Emilia Casas Fernández.
En unos tiempos en los que la inmensa mayoría de la población vivía al límite de los recursos necesarios para existir y mantener una familia, los matrimonios se parecían más a una transacción económica por la que dos familias pasaban a colaborar. Sin embargo, a medida que fueron mejorando las condiciones de vida de la mayoría de la población, esta lógica transacción y el papel de los sentimientos pasó a un primer plano.
El amor, ha demostrado ser una de las emociones con mayor capacidad de sanar que podemos experimentar las personas. Se considera como la fuerza capaz de mover al mundo cuando se usa con verdad, lealtad e integridad. Mientras que el amor es “sólo” un sentimiento intenso que tiene un principio y un final, el amor incondicional es completo y totalmente desinteresado. No se puede dar en la medida en que fluye sin esfuerzo del propio corazón porque es un aprendizaje y una práctica constante. A lo largo de las últimas décadas se ha ido creando una especie de mitología a su alrededor. Desafortunadamente, el hecho de que existan tantos mitos acerca de esta dinámica amorosa y relacional ha contribuido a distorsionar y camuflar una gruesa capa de estereotipos y apelaciones a lo emocional que muchas veces resultan más negativas que positivas. Hay quienes confunden el amor incondicional con el amor dependiente. La dependencia emocional no es lo mismo que construir una relación que tiene que ver con amor incondicional. Pero es necesario entender éste término para saber cómo proteger una relación de pareja sin que se deteriore por malos hábitos relacionales. Saber encontrar un buen equilibrio entre la preocupación por un ser querido y el mantenimiento de la propia dignidad e integridad es clave para mantener el bienestar. Es tan increíblemente frecuente encontrarse con personas que afirman no quererse, tener una autoestima baja, que una se lleva las manos a la cabeza. No porque sean conscientes de esa realidad de sí mismos, si no porque lo aceptan como una parte más y no se plantean la posibilidad de trabajarse, de cuestionarse por qué tienen esa falta de amor, cuando ésta les lleva a relacionarse con los demás desde lugares en los que se sienten agradecidos por ser queridos en lugar de ser conscientes de que son merecedores de amor. La aventura de nuestras vidas comienza por un amor incondicional hacia nosotros mismos. Puesto que somos la única persona con la que irremediablemente tendremos que convivir mientras vivamos.
Casi, con mucho cuidado y recelo, aquel que se quiere lo dice con voz bajita y rápidamente señala que se quiere, se respeta pero que no desde un lugar egocentrista. ¿Por qué quererse y cuidarse está tan asociado al egoísmo, en lugar de considerarse algo básico y necesario?. De todas las personas que amamos en nuestras vidas, somos los que más nos descuidamos. Pasamos nuestro tiempo enfocados en los demás y nuestro propio bienestar emocional se deja de lado. Todos nacemos con la capacidad de amar, pero no nos han enseñado a desarrollarla y vivirla de un modo sano, sino todo lo contrario. Nos han inculcado una serie de creencias que nos llevan al dolor, a la dependencia y la carencia afectiva, y por ende a relaciones enfermizas. Por eso es necesario reeducarnos y descubrir nuevas maneras de querernos y querer a los demás. En realidad es un arte, y como tal hay que aprenderlo y practicarlo a diario.
Aunque muchas personas piensen lo contrario, no hay nada malo en demostrar que uno se valora, se respeta y se quiere. Porque lo contrario conlleva un riesgo importante. Querer a otros sin antes haber hecho lo propio con uno mismo es peligroso. Cuando aprendes a quererte, te aceptas, te haces responsable de tu vida y descubres todo el potencial que llevas dentro.
© Emilia Casas Fernández.


















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