DESDE LOS ESTADOS UNIDOS
Al borde de las elecciones en los Estados Unidos
El sistema electoral en los Estados Unidos es complicado: es una combinación de elección directa y de elección por representantes. Si, por una parte, los electores votan por un candidato específico, por otra parte no es el voto popular (es decir, la cantidad total que un candidato obtenga a nivel nacional) lo que decide quién es el próximo presidente. Esto es válido solo para las elecciones presidenciales; el resto de las elecciones se determina por voto popular.
El voto popular y directo: aquel que emite un elector por un candidato, determina qué candidato ganó a nivel estatal. Ese ganador tendrá para sí, entonces, todos los votos del Colegio Electoral de ese estado específico. Y es la suma de los votos del Colegio Electoral lo que permite determinar quién gana las elecciones. Según la Constitución de los Estados Unidos, existe una relación directa entre el número de representantes que los estados aportan al Congreso (tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado; ) y el número de votos de ese estado en el Colegio Electoral. Por tanto, el número de votos que cada estado contribuye al Colegio Electoral está basado en una cantidad proporcional a la población total de ese estado, de la misma manera en que existe una relación proporcional entre el número de habitantes de un estado y el número de sus representantes en la Cámara de Representantes. La fórmula para determinar cuántos votos contribuye cada estado al Colegio Electoral, más o menos, es que hay un voto por cada 711,000 habitantes. A esto se le añaden dos votos por estado –ya que cada estado tiene dos senadores en el Congreso–.
Cada diez años, cuando se lleva a cabo el censo poblacional, el número de votos de cada estado puede variar de acuerdo a las fluctuaciones en la cantidad de personas que vive en ese estado, y por lo tanto, de la cantidad de representantes que tiene en el Congreso.
Hay una consideración especial: la capital, Washington D.C., es tratada como un estado en términos electorales aunque en realidad no es un estado. En este sentido, tiene derecho a tener tantos electores como tendría si lo fuera pero no más electores que el estado menos poblado. En el 2010 el estado menos poblado fue Wyoming, al que le corresponden tiene solo tres electores. Entonces, Washington D.C. solo puede tener hasta tres electores.
Actualmente hay 435 representantes en la Cámara de Representantes del Congreso, por lo tanto, hay esa misma cantidad de votos en el Colegio Electoral, más los 100 votos que representan, cada uno, a cada senador del país, más los tres votos que aporta Washington D.C. En total, el Colegio Electoral tiene 538 electores. El candidato que obtenga 270 votos, o más, gana las elecciones. El problema con este tipo de sistema es que no existe una relación proporcionalmente directa entre el número de votos que emite un estado en general por un candidato específico, y el número de votos que le corresponde según el Colegio Electoral.
Es un poco complicado; intentemos explicarlo con un ejemplo: el próximo 3 de noviembre los contendientes principales por la presidencia del país son Joe Biden por el Partido Demócrata y Donald Trump por el Republicano. E imaginemos que Joe Biden ganara el voto popular en el estado donde vivo, Ohio. Por lo tanto, le corresponderían los votos con que cuenta el estado en el Colegio Electoral: es decir, 18 votos. Al no existir una correspondencia directa entre el voto popular en cada estado y el número de votos que ese estado aporta al Colegio Electoral, puede darse el caso, y de hecho se ha dado, de que un candidato a la presidencia pierda el voto popular (el número de votos que obtuvo a nivel nacional) pero que se convierta en el presidente de los Estados Unidos. Eso ocurrió en el 2016, por ejemplo: Donald Trump obtuvo 62 984 828 votos en total a nivel nacional y su contendiente Hillary Clinton, 65 853 514, es decir, casi tres millones más de votos. Si las elecciones presidenciales siguieran el modelo del voto directo, Clinton habría ganado las elecciones hace cuatro años. Sin embargo, Trump obtuvo 304 votos en el Colegio Electoral, y Clinton solo 227. Una situación similar ocurrió en el año 2000, cuando George W. Bush perdió el voto popular pero ganó el del Colegio Electoral mientras que Al Gore ganó a nivel popular pero no obtuvo la mayoría de votos del Colegio Electoral.
El estado que más votos tiene en el Colegio Electoral es California, con 55, y hay siete estados, más Washington D.C., que aportan 3 votos cada uno.
Ahora, para complicar más las cosas, no en todos los estados se sigue el modelo de que el candidato ganador a nivel estatal se lleva todos los votos de ese partido al Colegio Electoral. En el caso de Maine y Nebraska, los votos son asignados siguiendo un sistema proporcional en relación al voto popular de esos estados.
Cada partido elige entre sus miembros a los electores que votarán en el Colegio Electoral una vez que se lleven al cabo las votaciones. Así, siguiendo con el ejemplo de Ohio, tanto el Partido Demócrata como el Republicano elegirán a 18 votantes cada uno. El día de las elecciones, una vez que se conozca el resultado del voto popular en el estado, los votantes del partido ganador –supongamos que el Demócrata– serán los únicos que podrán votar en el Colegio Electoral. Obviamente, al haber sido elegidos entre miembros fieles del partido, se espera que todos voten por el candidato demócrata y sobre todo, por el candidato nominado por su partido. Puede darse el caso, sin embargo, de que algunos votantes decidan votar por otro candidato que no sea el nominado oficialmente por su partido.
Perspectivas de los candidatos actuales frente a las elecciones de noviembre
Según todas las encuestas realizadas hasta ahora, el candidato demócrata Joe Biden aventaja al republicano, Donald Trump, en intención de voto popular por al menos 8 puntos. Pero en realidad esto no es tan importante, porque lo que en verdad importa es qué estados cada candidato sea capaz de ganar, ya que quien gane se llevará todos (o casi todos) los votos de ese estado para el Colegio Electoral. Y aunque tradicionalmente los demócratas ganan estados con gran cantidad de población, como California, si ganaran menos cantidad de estados a nivel nacional, esto podría poner en peligro una posible victoria en el Colegio Electoral.
Son muchas las dificultades que se enfrentarán en los próximos comicios: una crisis irrefrenable de salud a causa del coronavirus que ha dejado, hasta este momento, casi 190 mil muertos y ha enfermado a más de seis millones de norteamericanos; una caída sin precedentes en la economía; un país profundamente dividido en cuestiones de raza, y de violencia policial; una campaña promovida desde el mismo gobierno para desconfiar de los resultados de las elecciones; la imposibilidad de muchos electores de acudir a las urnas el próximo 3 de noviembre debido al coronavirus, y las dificultades que significarán emitir un voto por correo… Todo esto hace casi imposible cualquier ejercicio especulativo respecto a los resultados de unas elecciones que ya están a pocas semanas de ocurrir.
Dr. Damaris Puñales-Alpízar
El sistema electoral en los Estados Unidos es complicado: es una combinación de elección directa y de elección por representantes. Si, por una parte, los electores votan por un candidato específico, por otra parte no es el voto popular (es decir, la cantidad total que un candidato obtenga a nivel nacional) lo que decide quién es el próximo presidente. Esto es válido solo para las elecciones presidenciales; el resto de las elecciones se determina por voto popular.
El voto popular y directo: aquel que emite un elector por un candidato, determina qué candidato ganó a nivel estatal. Ese ganador tendrá para sí, entonces, todos los votos del Colegio Electoral de ese estado específico. Y es la suma de los votos del Colegio Electoral lo que permite determinar quién gana las elecciones. Según la Constitución de los Estados Unidos, existe una relación directa entre el número de representantes que los estados aportan al Congreso (tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado; ) y el número de votos de ese estado en el Colegio Electoral. Por tanto, el número de votos que cada estado contribuye al Colegio Electoral está basado en una cantidad proporcional a la población total de ese estado, de la misma manera en que existe una relación proporcional entre el número de habitantes de un estado y el número de sus representantes en la Cámara de Representantes. La fórmula para determinar cuántos votos contribuye cada estado al Colegio Electoral, más o menos, es que hay un voto por cada 711,000 habitantes. A esto se le añaden dos votos por estado –ya que cada estado tiene dos senadores en el Congreso–.
Cada diez años, cuando se lleva a cabo el censo poblacional, el número de votos de cada estado puede variar de acuerdo a las fluctuaciones en la cantidad de personas que vive en ese estado, y por lo tanto, de la cantidad de representantes que tiene en el Congreso.
Hay una consideración especial: la capital, Washington D.C., es tratada como un estado en términos electorales aunque en realidad no es un estado. En este sentido, tiene derecho a tener tantos electores como tendría si lo fuera pero no más electores que el estado menos poblado. En el 2010 el estado menos poblado fue Wyoming, al que le corresponden tiene solo tres electores. Entonces, Washington D.C. solo puede tener hasta tres electores.
Actualmente hay 435 representantes en la Cámara de Representantes del Congreso, por lo tanto, hay esa misma cantidad de votos en el Colegio Electoral, más los 100 votos que representan, cada uno, a cada senador del país, más los tres votos que aporta Washington D.C. En total, el Colegio Electoral tiene 538 electores. El candidato que obtenga 270 votos, o más, gana las elecciones. El problema con este tipo de sistema es que no existe una relación proporcionalmente directa entre el número de votos que emite un estado en general por un candidato específico, y el número de votos que le corresponde según el Colegio Electoral.
Es un poco complicado; intentemos explicarlo con un ejemplo: el próximo 3 de noviembre los contendientes principales por la presidencia del país son Joe Biden por el Partido Demócrata y Donald Trump por el Republicano. E imaginemos que Joe Biden ganara el voto popular en el estado donde vivo, Ohio. Por lo tanto, le corresponderían los votos con que cuenta el estado en el Colegio Electoral: es decir, 18 votos. Al no existir una correspondencia directa entre el voto popular en cada estado y el número de votos que ese estado aporta al Colegio Electoral, puede darse el caso, y de hecho se ha dado, de que un candidato a la presidencia pierda el voto popular (el número de votos que obtuvo a nivel nacional) pero que se convierta en el presidente de los Estados Unidos. Eso ocurrió en el 2016, por ejemplo: Donald Trump obtuvo 62 984 828 votos en total a nivel nacional y su contendiente Hillary Clinton, 65 853 514, es decir, casi tres millones más de votos. Si las elecciones presidenciales siguieran el modelo del voto directo, Clinton habría ganado las elecciones hace cuatro años. Sin embargo, Trump obtuvo 304 votos en el Colegio Electoral, y Clinton solo 227. Una situación similar ocurrió en el año 2000, cuando George W. Bush perdió el voto popular pero ganó el del Colegio Electoral mientras que Al Gore ganó a nivel popular pero no obtuvo la mayoría de votos del Colegio Electoral.
El estado que más votos tiene en el Colegio Electoral es California, con 55, y hay siete estados, más Washington D.C., que aportan 3 votos cada uno.
Ahora, para complicar más las cosas, no en todos los estados se sigue el modelo de que el candidato ganador a nivel estatal se lleva todos los votos de ese partido al Colegio Electoral. En el caso de Maine y Nebraska, los votos son asignados siguiendo un sistema proporcional en relación al voto popular de esos estados.
Cada partido elige entre sus miembros a los electores que votarán en el Colegio Electoral una vez que se lleven al cabo las votaciones. Así, siguiendo con el ejemplo de Ohio, tanto el Partido Demócrata como el Republicano elegirán a 18 votantes cada uno. El día de las elecciones, una vez que se conozca el resultado del voto popular en el estado, los votantes del partido ganador –supongamos que el Demócrata– serán los únicos que podrán votar en el Colegio Electoral. Obviamente, al haber sido elegidos entre miembros fieles del partido, se espera que todos voten por el candidato demócrata y sobre todo, por el candidato nominado por su partido. Puede darse el caso, sin embargo, de que algunos votantes decidan votar por otro candidato que no sea el nominado oficialmente por su partido.
Perspectivas de los candidatos actuales frente a las elecciones de noviembre
Según todas las encuestas realizadas hasta ahora, el candidato demócrata Joe Biden aventaja al republicano, Donald Trump, en intención de voto popular por al menos 8 puntos. Pero en realidad esto no es tan importante, porque lo que en verdad importa es qué estados cada candidato sea capaz de ganar, ya que quien gane se llevará todos (o casi todos) los votos de ese estado para el Colegio Electoral. Y aunque tradicionalmente los demócratas ganan estados con gran cantidad de población, como California, si ganaran menos cantidad de estados a nivel nacional, esto podría poner en peligro una posible victoria en el Colegio Electoral.
Son muchas las dificultades que se enfrentarán en los próximos comicios: una crisis irrefrenable de salud a causa del coronavirus que ha dejado, hasta este momento, casi 190 mil muertos y ha enfermado a más de seis millones de norteamericanos; una caída sin precedentes en la economía; un país profundamente dividido en cuestiones de raza, y de violencia policial; una campaña promovida desde el mismo gobierno para desconfiar de los resultados de las elecciones; la imposibilidad de muchos electores de acudir a las urnas el próximo 3 de noviembre debido al coronavirus, y las dificultades que significarán emitir un voto por correo… Todo esto hace casi imposible cualquier ejercicio especulativo respecto a los resultados de unas elecciones que ya están a pocas semanas de ocurrir.
Dr. Damaris Puñales-Alpízar


















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