Emilia Casas
Domingo, 13 de Septiembre de 2020
LITERATURA

Leer es un placer cierto

[Img #43611]Hoy en día convivimos con la tecnología y los libros digitales irrumpen cada vez con más fuerza, pero no hay que olvidar el placer de tener entre las manos una novela que acaba de salir de la imprenta, el olor de la tinta, el tacto del papel… ese ejemplar que nos hace viajar allí donde quiere el autor. En este mundo no podemos otorgar el adjetivo de “igualdad” a muchos aspectos, pero, a mi parecer, todos podemos disfrutar de la literatura. Es por y para todos. A las personas que nos gusta tanto leer, nos resulta difícil imaginar que haya tantas otras que no disfrutan de este placer tan barato, cómodo y sencillo. Por eso, hago especial hincapié en que habría que leer un poco más, porque la lectura no sólo acompaña y entretiene; también enseña. Debe ser una experiencia que se viva despacio y se disfrute como el placer del cuerpo.

Leer nos redime y nos salva de la inocencia, esa culpa que inventaron las religiones con el temor de Dios. Abrir un libro de par en par como una ventana es ir al encuentro de un mundo maravilloso. El poder del conocimiento que origina nos salva de la genuflexión y el servilismo, dignifica la condición humana y nos hace apropiarnos de nosotros mismos. Además, nos dota de nuevo vocabulario y de formas de ver y entender la vida. Leer atentamente un libro puede reducir el estrés, incluso más que escuchar música, practicar ejercicio intenso o salir a pasear. Sólo 30 minutos de lectura profunda pueden ser suficientes para reducir el ritmo cardíaco y la tensión muscular. Estamos perdiendo la capacidad de concentrarnos en cualquier cosa por vivir de manera cada vez más acelerada. Pero leyendo un libro podemos pararlo todo: el tiempo, las preocupaciones del trabajo... La cuestión no es tanto leer por motivos intelectuales, sino por salud y bienestar”. Es importante fluir con la narración y no leerla superficialmente buscando la comprensión general del texto, sino disfrutar con cada palabra.

Las personas adultas somos un modelo de lectura para los niños. Leamos delante de ellos, disfrutemos leyendo. Si desde muy pequeños nos ven acompañados de un libro es más probable que se sientan interesados, que nos pregunten, que nos imiten. Están más motivados a leer cuando pueden escoger sus lecturas. Si les damos autonomía y control sobre los libros que quieren, leerán más y con mayor interés. En general, escogen libros en su zona de confort, colecciones divertidas, de aventuras, con personajes con los que se identifican y un poco más fáciles de lo que son capaces de leer. Pero es perfecto y recomendable dejarles leer cualquier libro con el que se sientan a gusto ya que están desarrollando el hábito de la lectura y disfrutando de ella, sin presiones ni grandes retos.

Espero, queridos lectores, que compartan conmigo la opinión del clásico sobre la fruición que nos producen los libros. Fue Montaigne, el filósofo francés amante de la buena vida, quien mantuvo que del trato con los amigos, las conquistas y los libros son los últimos los que mejor parados salen, porque los dos primeros son fortuitos y dependen de circunstancias incontrolables. La relación vital con los libros siempre es más segura, más nuestra, más íntima. Siempre nos reciben con buena cara. Es como hallar un amigo, pero sin necesidad importunarlo.

© Emilia Casas Fernández.

 

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