Damaris Puñales-Alpízar
Domingo, 13 de Septiembre de 2020
DESDE LOS ESTADOS UNIDOS

Un mundo de palabras

[Img #43625]Uso el inglés como una máscara. Una máscara falsa, para ser más precisos. Finjo abrirme, pero lo que sea que se muestre, no es nunca mi verdadero y completo yo. He cruzado fronteras, cambiado pasaportes, escrito, leído, llorado en diferentes países, pero una parte de mí permanece intocable: el lenguaje de mis sentimientos y pensamientos más profundos. Mis sueños siempre son en español. Vivo en un país de habla inglesa pero mi mundo personal e íntimo transcurre en español. El inglés es el traje que uso cuando me invitan a una boda, a una reunión o a una recepción. Se adapta a la ocasión, pero una vez que termina, lo recojo y lo guardo hasta la próxima. Y, sin embargo, me gusta la posibilidad de cambiar de ”traje”: lo único que necesito es abrir el armario del idioma y vestirme en inglés.

Vivir en otro país implica no solo pérdidas sino también, y principalmente, adquisiciones. Mi generación explotó y sus fragmentos están ahora dispersos por todo el mundo. Somos la generación rota. La generación rota cubana. Escribimos y hablamos en todos los idiomas posibles; trabajamos y estudiamos en todos los lugares posibles del planeta, pero muchos nos hemos llevado la isla adentro: una isla de palabras cubanas que intentamos, inútilmente la mayor parte del tiempo, traducir a los nuevos idiomas que ahora habitamos.

Muchas veces, muchas, pienso en mis amigos que viven en Suecia, o en Alemania, o en Grecia, o en Ucrania, o en Noruega, o en Japón, o en Vietnam, o en Italia, o ... Y me fascinan sus vidas. ¿Cómo es la existencia cuando está moldeada por otro idioma? ¿Cómo son tus días cuando te despiertas con otros sonidos extraños cada mañana, sonidos que nada tienen que ver con el barrio en el que jugaste de niña, en el que tuviste tus primeros amigos y tus primeros amores? ¿Cómo los movimientos de tu mano se pueden acomodar y hacer fluir los trazos de un nuevo alfabeto? ¿Cómo puede acostumbrarse tu lengua a esos sonidos, imposibles de reproducir en español? Si una lengua es un continente, ¿cómo podemos adaptar nuestros contenidos a él? Los idiomas siempre me han intrigado.

Tengo una relación conflictiva con las palabras, en español, en inglés. ¿Adónde me pueden llevar las palabras? ¿Por qué escribo? No tengo respuestas, pero sé que las palabras nunca expresan completamente una totalidad, un todo. A lo sumo, pueden acercarnos a una idea, pero nunca serán la idea en sí. Esta incapacidad es peor cuando se intenta en otro idioma.

Hemos construido una torre de Babel online: nuestros diálogos son, la mayoría de las veces, mediados por un traductor automático. Son una telaraña que incluye a los habitantes de los nuevos territorios que ahora son nuestros territorios: Suecia, Alemania, Grecia, Ucrania, Noruega, Japón, Vietnam, Italia ... Pero, ¿qué tan precisas son las traducciones que brindan las herramientas en línea? La mayoría de las veces no tienen ningún sentido, son simplemente galimatías, incluso divertidas. Pero detrás de este galimatías hay una especie de comunicación, una forma de establecer una conexión que va más allá de las palabras y nos premia con un sentido de pertenencia, de ser parte de la misma comunidad, sin importar dónde estemos, en qué idioma hablamos, qué razones tuvimos para salir de Cuba.

Damaris Puñales-Alpízar

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