NOCTURNOS
El amor sin carne, inspiración para el poeta
¿Existe el amor si no hay carne, si no hay caricias, sin miradas, si mi voz no penetra en tus oídos ni mi cuerpo profundizase en las fuentes de tu gineceo? ¿Se puede amar si la distancia entre los cuerpos alcanza el infinito? ¿Amar con el alma resulta suficiente para dos seres mortales?
Solo el poeta conoce el secreto de querer sin tacto, de amar sin oler otro cuerpo, sin escuchar la voz de la mujer anhelada, sin descubrir su geometría con la mirada, sin saborear, uno a uno, los poros de esa diosa del amor. Porque el hombre al uso necesita tocar, morder los labios de su amada, descubrir los aromas que emanan de su epidermis, debatir, desnudos, sobre la existencia de Dios, la sociedad perfecta, las ideologías progresistas que se transforman en reaccionarias, o si el amor se entierra en el ataúd del tiempo, y después fundirse ahogarse en los fluidos de su amante para encontrar a Dios entre besos y caricias, cópulas y convulsiones.
Hoy, noche de estío, la ciudad en calma, silencio en la calle, no sé si prefieres al poeta o al hombre para que te asalten tu cuerpo de espuma de olas, clorofila de álamo y miel de romero, o quizá desprecies a los dos, y elijas a ese canalla que engañó a su mujer cuando las parcas ya la estaban esperando.
Eugenio-Jesús de Ávila
¿Existe el amor si no hay carne, si no hay caricias, sin miradas, si mi voz no penetra en tus oídos ni mi cuerpo profundizase en las fuentes de tu gineceo? ¿Se puede amar si la distancia entre los cuerpos alcanza el infinito? ¿Amar con el alma resulta suficiente para dos seres mortales?
Solo el poeta conoce el secreto de querer sin tacto, de amar sin oler otro cuerpo, sin escuchar la voz de la mujer anhelada, sin descubrir su geometría con la mirada, sin saborear, uno a uno, los poros de esa diosa del amor. Porque el hombre al uso necesita tocar, morder los labios de su amada, descubrir los aromas que emanan de su epidermis, debatir, desnudos, sobre la existencia de Dios, la sociedad perfecta, las ideologías progresistas que se transforman en reaccionarias, o si el amor se entierra en el ataúd del tiempo, y después fundirse ahogarse en los fluidos de su amante para encontrar a Dios entre besos y caricias, cópulas y convulsiones.
Hoy, noche de estío, la ciudad en calma, silencio en la calle, no sé si prefieres al poeta o al hombre para que te asalten tu cuerpo de espuma de olas, clorofila de álamo y miel de romero, o quizá desprecies a los dos, y elijas a ese canalla que engañó a su mujer cuando las parcas ya la estaban esperando.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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