CON LOS CINCO SENTIDOS
Confía
Si eres de esas personas que, como yo, da todo sin pedir ni la hora a cambio, estás de suerte, de enhorabuena. Tienes ganado el cielo, al menos una parcelita, si es que eso que llaman cielo con San Pedro y sus llaves para dejarte pasar o no si has sido bueno o malo, existe de veras. Yo espero que sea algo así, aunque mi agnosticismo me impide discernir sobre estas cosas que poco o nada tienen que ver con la ciencia y sí todo con la fe. Pero he de reconocer que la fe acudió a mí en momentos de flaqueza física y moral. Fui débil en mis firmes convencimientos. Por eso respeto mucho a los que en la fe se apoyan. No intento disuadirles, ya no. Lo respeto, mucho y lo entiendo en cierto modo.
Soy una incrédula para muchos porque siempre me he agarrado a la teoría de la creación, del Big Bang y la gran explosión de galaxias, planetas y al hecho de que en la Tierra los dinosaurios coexistieran con humanos y con otras criaturas que llegaron a extinguirse, menos nosotros…Es muy raro. Siendo los humanos seres intelectualmente muy limitados entonces ¿Cómo conseguimos salir adelante bajo un clima arduo, sin medios, a mano, cazando y soportando las durísimas inclemencias de una tierra hostil y un planeta en el que había especies que se extinguieron, enormes y peligrosas?
Supongo que cualquier naturalista o científico me lo podría explicar e, incluso, quedarme yo satisfecha con las explicaciones dadas. Pero pasa una cosa. Yo morí cerebralmente tres veces seguidas hace casi 10 años. Nadie en mi estado vegetativo, por corto que fuese, que lo fue (si no, lo mismo no estaría en mis cabales…) me vino a decir que después de la muerte todo es paz. Nadie. No conozco tampoco a nadie a quien hayan visitado familiares o amistades perdidas para dar esas maravillosas y esperadas noticias de parabienes y cielos azules en paz si has sido bueno por estos lares terrenales.
Yo morí tres veces y no vi siquiera el famoso túnel, sólo la cara de mi hija porque pensaba que jamás la volvería a disfrutar, y eso me aterró sobremanera, tanto que creo que reviví gracias a su angelical rostro. Reviví. Gracias a la medicina y a ella, al amor. No a dios. Por eso exprimo la vida tanto y tanto. A veces ni mis allegados lo entienden. Pero tengo fe, pero una fe extraña, en que hay algo más, tiene que haberlo, porque si no lo hay, todo esto no tiene sentido alguno, y me apena profundamente por todas esas personas que piensan que dios les espera arriba. ¿Y si arriba no hay nada? ¿Y si es una excusa para darnos con un canto en los dientes ya que cuando esto se acabe, se acabó por siempre? Un autoengaño a sabiendas. Un placebo en un ensayo. Somos el grupo de control, mientras a otros les dan la medicina experimental. ¡Quién sabe!
Yo, por si acaso, vivo, aquí y ahora, con excesos, con dolor, pero no me quedo a solas lamentándome por mi mala suerte, no sea que mañana ya sea tarde. Vivo y amo. Intento dar lo mejor de mí misma a las personas que creo lo valorarán, de manera desinteresada y de corazón. Lo demás, poco me importa ya. A quien me daña no le presto mi segunda mejilla para ser abofeteada de nuevo. No. Uno aprende.
Nélida L. del Estal Sastre
Si eres de esas personas que, como yo, da todo sin pedir ni la hora a cambio, estás de suerte, de enhorabuena. Tienes ganado el cielo, al menos una parcelita, si es que eso que llaman cielo con San Pedro y sus llaves para dejarte pasar o no si has sido bueno o malo, existe de veras. Yo espero que sea algo así, aunque mi agnosticismo me impide discernir sobre estas cosas que poco o nada tienen que ver con la ciencia y sí todo con la fe. Pero he de reconocer que la fe acudió a mí en momentos de flaqueza física y moral. Fui débil en mis firmes convencimientos. Por eso respeto mucho a los que en la fe se apoyan. No intento disuadirles, ya no. Lo respeto, mucho y lo entiendo en cierto modo.
Soy una incrédula para muchos porque siempre me he agarrado a la teoría de la creación, del Big Bang y la gran explosión de galaxias, planetas y al hecho de que en la Tierra los dinosaurios coexistieran con humanos y con otras criaturas que llegaron a extinguirse, menos nosotros…Es muy raro. Siendo los humanos seres intelectualmente muy limitados entonces ¿Cómo conseguimos salir adelante bajo un clima arduo, sin medios, a mano, cazando y soportando las durísimas inclemencias de una tierra hostil y un planeta en el que había especies que se extinguieron, enormes y peligrosas?
Supongo que cualquier naturalista o científico me lo podría explicar e, incluso, quedarme yo satisfecha con las explicaciones dadas. Pero pasa una cosa. Yo morí cerebralmente tres veces seguidas hace casi 10 años. Nadie en mi estado vegetativo, por corto que fuese, que lo fue (si no, lo mismo no estaría en mis cabales…) me vino a decir que después de la muerte todo es paz. Nadie. No conozco tampoco a nadie a quien hayan visitado familiares o amistades perdidas para dar esas maravillosas y esperadas noticias de parabienes y cielos azules en paz si has sido bueno por estos lares terrenales.
Yo morí tres veces y no vi siquiera el famoso túnel, sólo la cara de mi hija porque pensaba que jamás la volvería a disfrutar, y eso me aterró sobremanera, tanto que creo que reviví gracias a su angelical rostro. Reviví. Gracias a la medicina y a ella, al amor. No a dios. Por eso exprimo la vida tanto y tanto. A veces ni mis allegados lo entienden. Pero tengo fe, pero una fe extraña, en que hay algo más, tiene que haberlo, porque si no lo hay, todo esto no tiene sentido alguno, y me apena profundamente por todas esas personas que piensan que dios les espera arriba. ¿Y si arriba no hay nada? ¿Y si es una excusa para darnos con un canto en los dientes ya que cuando esto se acabe, se acabó por siempre? Un autoengaño a sabiendas. Un placebo en un ensayo. Somos el grupo de control, mientras a otros les dan la medicina experimental. ¡Quién sabe!
Yo, por si acaso, vivo, aquí y ahora, con excesos, con dolor, pero no me quedo a solas lamentándome por mi mala suerte, no sea que mañana ya sea tarde. Vivo y amo. Intento dar lo mejor de mí misma a las personas que creo lo valorarán, de manera desinteresada y de corazón. Lo demás, poco me importa ya. A quien me daña no le presto mi segunda mejilla para ser abofeteada de nuevo. No. Uno aprende.
Nélida L. del Estal Sastre




















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