REPÚBLICO
¿Paz, piedad y perdón o guerra, venganza y castigo?
Siento una enorme soledad política. Si el Gobierno de la nación demuestra todos los días su incapacidad para la gestión, pura lógica en un ejecutivo construido para la propaganda, que es como vestir con elegancia al monstruo de la mentira; con errores infantiles, con contradicciones continuas, con regreso a la Guerra Civil para joder la tana todavía más, en el umbral de la mayor crisis económica que vivirá España en el último medio siglo; y el que preside Fernández Mañueco, un hombre que solo ha sabido vivir, desde temprana edad, de la res pública, evidencia su falta de cultura histórica, idéntico al de Madrid, borrando la Vía de la Plata entre Salamanca y Astorga de la promoción del Camino de Santiago, me descompone.
¡Quién defiende al ciudadano de esta plaga de partidos políticos, quién acaba con esta peste de mediocridad y vulgaridad que anega en la inmundicia a la nación más vieja de Europa, quién con la venganza, la ira, la provocación, el ojo por ojo!
Los rojos burgueses que habitan La Moncloa y Galapagar anuncian ahora que desean destruir la cruz del Valle de los Caídos, mímesis de los acontecimientos vividos en agosto de 1936 cuando milicianos derribaron el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles. La cruz es símbolo sagrado de un 70% de los españoles. Yo, como ateo, la respeto. Toda una cortina de humo para tapar sus carencias intelectuales y económicas. Siempre el franquismo como tinta de calamar para escapar de la verdad, que nunca es triste, lo que no tiene es remedio, como cantase Serrat.
Todas estas miserias políticas protagonizan la vida política nacional, mientras el presidente de este tinglado daba el pésame a Bildu, partido que le apoyó en la moción de censura contra Rajoy, el badanas mayor que conociese la política, por el suicidio de un etarra. El PP olía a podrido desde años atrás. Ahora, su nuevo mandamás o mando en nada ni en nadie intentaba perfumarlo. Kitchen: La cocina de Mariano Rajoy hallábase sucia, con mugre en las paredes; las sartenes, oxidadas; las cazuelas, esborcilladas, y el lavaplatos, atascado. Casado promete cortar por lo sano. Quizá debería refundar la formación que preside, porque ya no representa a nadie, la gente no se fía. La derecha española no rinde pleitesía a los líderes de sus formaciones. La izquierda jamás pierde la confianza en sus jefes, aunque se llamen Zapatero o Sánchez, dos mediocres de libro.
Los españoles que no son comunistas, ni revolucionarios anacrónicos, ni racistas vascos ni catalanes, ni adoran la momia de Lenin, ni admiran las purgas ni las hambrunas de Stalin, ni saludan a la romana, muestran una hartura y un cansancio psíquico propios de consulta de psicólogo, una orfandad ideológica sin paragón en nuestra historia.
Los conservadores, que no creen en nada, destacan por su cobardía ante las izquierdas, hay muchas. Les tienen miedo. Nunca les recuerdan, memoria de la historia, o historia de la memoria, memoria democrática o democracia de la memoria, que son hijos de más de cien millones de muertos, que adoran a los verdugos de millones de seres humanos en Rusia, China, este de Europa; que admiran a una dictadura que lleva más de 60 años oprimiendo a un pueblo, del que un tercio se halla lejos de su patria; que la ETA fue, es y será de izquierdas, como el GRAPPO y el FRAP; marxistas todos; que el primer bombardeo sobre una población civil lo ejecutó la aviación republicana sobre Cabra, donde naciese años después la actual vicepresidente del Gobierno, Carmen Calvo, la que confundía anglicanismo con anglicismo y a Tomas apóstol, con Tomás de Aquino, por aquello del “tomismo”; la que afirmó que el dinero público no es de nadie, la que ayer se transformó en calamar para presentarnos la Ley de Memoria Democrática.
Yo, como soy medio analfabeto, ignoraba que la memoria pudiese ser, además de madre de los recuerdos, fascista o comunista, dos hermanos siameses unidos por los omoplatos, tanto el derecho como el izquierdo. Lo que sé es que la memoria siempre será subjetiva y la historia, objetiva, si se escribe documentada con datos. Y solo existe una democracia, que no tiene nada qué ver con la de los estados comunistas o nacionalsocialistas que hubo y persisten en el orbe.
La derecha podría apostar también por el célebre “y tú más” y reclamar se incluyese en la nueva Ley de la Memoria Democrática sucesos históricos, documentados, verbigracia, como los de Paracuellos, 7.000 asesinados, entre ellos 1.000 jóvenes; Barcelona, bajo el terror rojo durante los tres años del conflicto bélico: 8.000 sentencias de muerte firmadas por Companys, entre ellas, sacerdotes y monjas. También se abrieron fosas para extraer las momias de religiosos y religiosas, ante las que los milicianos se retrataron –existen las fotografías- y orinaron. Se mataron entre los propios revolucionarios: comunistas de Stalin contra comunistas del POUM y anarquistas. En marzo de 1939, el PSOE de Besteiro y el anarquista Cipriano Mera se enfrentaron, en una guerra civil dentro de la propia guerra civil, con los socialistas de Negrín y los stalinistas de obediencia a la URSS. Ganaron los buenos. También podrían argumentar lo de la quema un centenar de iglesias en toda España, menos de un mes después de proclamarse la II República, entre los días 10 y 13 de mayo; de la segunda biblioteca más importante de la época, la de los Jesuitas, y la profanación de cementerios de conventos, o el cierre de más de un centenar de periódicos, porque no eran afectos al régimen republicano; la masacre de anarquistas en Casas Viejas por parte del primer gobierno republicano-socialista, en enero de 1933, o el golpe de estado del PSOE, el 6 de octubre de 1934, contra el ejecutivo de centro derecha, que no llevaba ni un año en el gobierno. O abordar los asesinatos en las checas socialistas y comunistas en la capital de España, entre otros de Andreu Nin, líder del POUM, porque así se decidió en Moscú, por mantener relaciones con Trotsky. Y tampoco olvidemos ese más de un millar de asesinatos políticos entre febrero y julio de 1936, con la muerte de Calvo-Sotelo, diputado conservador, a cargo de los escoltas de Indalecio Prieto. Todo es historia. ¿Queremos conocerla?
Ni los revolucionarios izquierdistas fueron ángeles, ni los republicanos de Azaña y Lerroux, serafines, ni los nacionales todos ricos y demonios. Hubo monstruos en ambos bandos. Ninguna de esas dos Españas me pertenece. Maldigo a ambas. Desprecio a los que todavía azuzan, revuelven, ensucian el pasado.
La transición quiso cerrar heridas. Los franquistas forjaron la democracia a la muerte del dictador. La paz, piedad y perdón del último presidente de la II República se firmó en las elecciones de 1977. ¿Quiénes quieren ahora, otra vez, guerra, venganza y castigo?
Para poner punto final a la memoria democrática, una frase, hay muchas más, incluso más fuertes, de Largo Caballero, pronunciada en Linares, en un mitin el 20 de enero de 1936. Así entendía el Lenin español la democracia, por supuesto, amante de la dictadura del proletariado:
“... la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. “Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.
Eugenio-Jesús de Ávila
Siento una enorme soledad política. Si el Gobierno de la nación demuestra todos los días su incapacidad para la gestión, pura lógica en un ejecutivo construido para la propaganda, que es como vestir con elegancia al monstruo de la mentira; con errores infantiles, con contradicciones continuas, con regreso a la Guerra Civil para joder la tana todavía más, en el umbral de la mayor crisis económica que vivirá España en el último medio siglo; y el que preside Fernández Mañueco, un hombre que solo ha sabido vivir, desde temprana edad, de la res pública, evidencia su falta de cultura histórica, idéntico al de Madrid, borrando la Vía de la Plata entre Salamanca y Astorga de la promoción del Camino de Santiago, me descompone.
¡Quién defiende al ciudadano de esta plaga de partidos políticos, quién acaba con esta peste de mediocridad y vulgaridad que anega en la inmundicia a la nación más vieja de Europa, quién con la venganza, la ira, la provocación, el ojo por ojo!
Los rojos burgueses que habitan La Moncloa y Galapagar anuncian ahora que desean destruir la cruz del Valle de los Caídos, mímesis de los acontecimientos vividos en agosto de 1936 cuando milicianos derribaron el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, en el Cerro de los Ángeles. La cruz es símbolo sagrado de un 70% de los españoles. Yo, como ateo, la respeto. Toda una cortina de humo para tapar sus carencias intelectuales y económicas. Siempre el franquismo como tinta de calamar para escapar de la verdad, que nunca es triste, lo que no tiene es remedio, como cantase Serrat.
Todas estas miserias políticas protagonizan la vida política nacional, mientras el presidente de este tinglado daba el pésame a Bildu, partido que le apoyó en la moción de censura contra Rajoy, el badanas mayor que conociese la política, por el suicidio de un etarra. El PP olía a podrido desde años atrás. Ahora, su nuevo mandamás o mando en nada ni en nadie intentaba perfumarlo. Kitchen: La cocina de Mariano Rajoy hallábase sucia, con mugre en las paredes; las sartenes, oxidadas; las cazuelas, esborcilladas, y el lavaplatos, atascado. Casado promete cortar por lo sano. Quizá debería refundar la formación que preside, porque ya no representa a nadie, la gente no se fía. La derecha española no rinde pleitesía a los líderes de sus formaciones. La izquierda jamás pierde la confianza en sus jefes, aunque se llamen Zapatero o Sánchez, dos mediocres de libro.
Los españoles que no son comunistas, ni revolucionarios anacrónicos, ni racistas vascos ni catalanes, ni adoran la momia de Lenin, ni admiran las purgas ni las hambrunas de Stalin, ni saludan a la romana, muestran una hartura y un cansancio psíquico propios de consulta de psicólogo, una orfandad ideológica sin paragón en nuestra historia.
Los conservadores, que no creen en nada, destacan por su cobardía ante las izquierdas, hay muchas. Les tienen miedo. Nunca les recuerdan, memoria de la historia, o historia de la memoria, memoria democrática o democracia de la memoria, que son hijos de más de cien millones de muertos, que adoran a los verdugos de millones de seres humanos en Rusia, China, este de Europa; que admiran a una dictadura que lleva más de 60 años oprimiendo a un pueblo, del que un tercio se halla lejos de su patria; que la ETA fue, es y será de izquierdas, como el GRAPPO y el FRAP; marxistas todos; que el primer bombardeo sobre una población civil lo ejecutó la aviación republicana sobre Cabra, donde naciese años después la actual vicepresidente del Gobierno, Carmen Calvo, la que confundía anglicanismo con anglicismo y a Tomas apóstol, con Tomás de Aquino, por aquello del “tomismo”; la que afirmó que el dinero público no es de nadie, la que ayer se transformó en calamar para presentarnos la Ley de Memoria Democrática.
Yo, como soy medio analfabeto, ignoraba que la memoria pudiese ser, además de madre de los recuerdos, fascista o comunista, dos hermanos siameses unidos por los omoplatos, tanto el derecho como el izquierdo. Lo que sé es que la memoria siempre será subjetiva y la historia, objetiva, si se escribe documentada con datos. Y solo existe una democracia, que no tiene nada qué ver con la de los estados comunistas o nacionalsocialistas que hubo y persisten en el orbe.
La derecha podría apostar también por el célebre “y tú más” y reclamar se incluyese en la nueva Ley de la Memoria Democrática sucesos históricos, documentados, verbigracia, como los de Paracuellos, 7.000 asesinados, entre ellos 1.000 jóvenes; Barcelona, bajo el terror rojo durante los tres años del conflicto bélico: 8.000 sentencias de muerte firmadas por Companys, entre ellas, sacerdotes y monjas. También se abrieron fosas para extraer las momias de religiosos y religiosas, ante las que los milicianos se retrataron –existen las fotografías- y orinaron. Se mataron entre los propios revolucionarios: comunistas de Stalin contra comunistas del POUM y anarquistas. En marzo de 1939, el PSOE de Besteiro y el anarquista Cipriano Mera se enfrentaron, en una guerra civil dentro de la propia guerra civil, con los socialistas de Negrín y los stalinistas de obediencia a la URSS. Ganaron los buenos. También podrían argumentar lo de la quema un centenar de iglesias en toda España, menos de un mes después de proclamarse la II República, entre los días 10 y 13 de mayo; de la segunda biblioteca más importante de la época, la de los Jesuitas, y la profanación de cementerios de conventos, o el cierre de más de un centenar de periódicos, porque no eran afectos al régimen republicano; la masacre de anarquistas en Casas Viejas por parte del primer gobierno republicano-socialista, en enero de 1933, o el golpe de estado del PSOE, el 6 de octubre de 1934, contra el ejecutivo de centro derecha, que no llevaba ni un año en el gobierno. O abordar los asesinatos en las checas socialistas y comunistas en la capital de España, entre otros de Andreu Nin, líder del POUM, porque así se decidió en Moscú, por mantener relaciones con Trotsky. Y tampoco olvidemos ese más de un millar de asesinatos políticos entre febrero y julio de 1936, con la muerte de Calvo-Sotelo, diputado conservador, a cargo de los escoltas de Indalecio Prieto. Todo es historia. ¿Queremos conocerla?
Ni los revolucionarios izquierdistas fueron ángeles, ni los republicanos de Azaña y Lerroux, serafines, ni los nacionales todos ricos y demonios. Hubo monstruos en ambos bandos. Ninguna de esas dos Españas me pertenece. Maldigo a ambas. Desprecio a los que todavía azuzan, revuelven, ensucian el pasado.
La transición quiso cerrar heridas. Los franquistas forjaron la democracia a la muerte del dictador. La paz, piedad y perdón del último presidente de la II República se firmó en las elecciones de 1977. ¿Quiénes quieren ahora, otra vez, guerra, venganza y castigo?
Para poner punto final a la memoria democrática, una frase, hay muchas más, incluso más fuertes, de Largo Caballero, pronunciada en Linares, en un mitin el 20 de enero de 1936. Así entendía el Lenin español la democracia, por supuesto, amante de la dictadura del proletariado:
“... la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. “Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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