Eugenio de Ávila
Jueves, 17 de Septiembre de 2020
REPÚBLICO

Elija: ¿Democracia, aunque tan pobre como la nuestra, o dictadura del proletariado?

[Img #43799]Quizá una mayoría de españoles, los que votan a los partidos de las izquierdas, deseen para esta nación un Estado tipo Venezuela, Cuba, China, Corea del Norte. Quizá la gente que votó a Podemos y al PSOE anhelan la dictadura del proletariado y odian la democracia que disfrutan los países más desarrollados del mundo. Yo, no.

Comunismo y fascismo, hermanos siameses, unidos por las meninges, provocaron cientos de millones de muertos. Todavía hay fieles a estas dos ideologías que demostraron, empírico, su naturaleza genocida. También hay gente que cree en Dios, en el nuestro y en el de Islam, que sembraron de cadáveres la historia de la humanidad. La fe destruye el alma del hombre.

Me dan miedo las personas que se comportan como almas pías, como seres religiosos, porque son capaces de inmolarse por una ideología, de sacrificarse por un líder carismático, casi siempre un jeta, un enfermo mental. Recuerdo, al respecto, un poema de Alberti dedicado a Stalin, el mayor genocida, junto a Hitler y Mao, que conoció la historia de la Humanidad.

Marx, discípulo de Hegel en lo filosófico y de Ricardo en lo económico, falló también en sus profecías. Verbigracia: auguró que la revolución comunista acontecería en aquella nación en la que el capitalismo se hallase más avanzado. En 1917, Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, porque, si la clase revolucionaria por antonomasia debería ser el proletariado, lógico que fuese en una nación con un Modo de Producción Capitalista  muy desarrollado la que albergara el mayor contingente, cualitativo y cuantitativo, de la clase obrera, protagonista de la revolución proletaria, la que daría paso al comunismo. Pues hete aquí que el alumbramiento sucedió en la Rusia de los zares, una macronación, que liberó a los siervos en 1861; con diversas etnias, casi 300;  religiones y climas, que se extendía por dos continentes, Europa  y Asia, hasta las costas del Pacífico. Aquel  inmenso espacio apenas se hallaba industrializado. La mayor parte de la población se dedicaba a la agricultura. Por lo tanto, había escasa población obrera. Traducido: no existía clase revolucionaria capacitada para capitalizar la revolución.

La I Guerra Mundial facilitó la revolución en febrero de 1917. Se abría así un breve periodo democrático, la constitución de un parlamento, la Duma, y la celebración de unas elecciones libres, que conocieron una contundente victoria del Partido Social Revolucionario,  eseristas, la izquierda campesina, que obtuvo 380 escaños, frente a los 168 de los bolcheviques, claramente derrotados. Lenin no aceptó el revés de la libertad para dar el golpe de Estado que inauguraría la dictadura del proletariado.  Rusia perdió  el tren de las democracias europeas. Se sucedieron una guerra civil, el asesinato de la familia real, sirvientes y canes incluidos, la paz con Alemania, hambrunas, genocidio de campesinos, Stalin, purgas de Moscú, donde los principales dirigentes bolcheviques, tras vergonzantes juicios, acabaron en el paredón o en el gulag y una dictadura brutal que se extendió hasta la caída del muro de Berlín, 1989,

Lo que tiene esto de la dictadura del proletariado, ejercida por intelectuales burgueses desclasados y algún aristócrata perdido es que también los que aman y ayudan a traer el sistema suelen acabar sus carreras políticas como víctimas. Por citar algunos apellidos destacados  de los asesinados por Stalin, compañeros de Lenin: Zinóviev, Kámenev, Radek, Bujarin, y, en el exilio, Trotski. Por supuesto, las familias de estos bolcheviques caídos en desgracia sufrieron también las consecuencias. El pueblo lo pasa putas cuando el sistema desarrolla la denominada dictadura del proletariado, que nunca es la dictadura de la clase obrera, sino de una casta, nomenklatura, clero sacerdotal,  que impone una ortodoxia ideológica; pero los dirigentes del partido revolucionarios viven en vilo, porque podrían caer en desgracia y acabar fusilados o confinados en un campo de concentración o gulag.

En una democracia burguesa –pongamos el apellido que consideremos más adecuado-, hay partidos políticos, con ideologías diferentes. En España son legales tanto los comunistas, como los enemigos de la propia nación y del sistema, como los marxistas de Bildu, formación etarra, como otros partidos racistas, catalanes y vascos, y también Falange Auténtica, minoritaria, que aprueba muchas de las ideas de Unidas Podemos. Curioso. Lógico. García-Trevijano afirmó que la formación de Iglesias no era otra cosa que la Revolución Pendiente de José Antonio Primo de Rivera. Por cierto, en Alemania no existen partidos comunistas ni nazis.

En nuestra democracia hay elecciones libres, aunque no justas; sindicatos, prensa privada y pública, si bien tuteladas por los partidos políticos en el poder; autonomías, parlamentos nacionales, Congreso de los Diputados y Senado –no sé para qué sirve la cámara alta-, y autonómicos, diputaciones provinciales y ayuntamientos.  No obstante, nuestro sistema se desmorona, pierde calidad, porque la Justicia no es libre, dado que son los partidos políticos los que eligen el gobierno de los jueces, mientras el Fiscal General del Estado lo nombra el gobierno de turno. Ahora, en esta legislatura, Dolores Delgado, rige la Fiscalía, habiendo sido ministra en el ejecutivo anterior, hecho inédito en la historia de nuestra democracia después de más de 40 años de democracia.

Ahora, por sus ideas políticas nadie muere, si bien recordaremos que la ETA, banda marxista, de izquierdas, con un partido parlamentario, con el que negocia los presupuestos Pablo Iglesias, también marxista, mismas raíces ideológicas, asesino a casi mil españoles, entre ellos mujeres, ancianos y niños, como contribución revolucionaria. Quedan 300 crímenes sin resolver.

La sutil diferencia entre un ciudadano que vive en una democracia, burguesa, liberal, como queramos definirla,  con casi más defectos que virtudes como es la nuestra, y una dictadura del proletariado consiste en eso que se llama libertad, la libertad para expresarte, pese a la censura económica de las instituciones públicas; elegir parlamentos, aunque sean las jerarquías de los partidos las que compongan las listas electores; leer el periódico que desees, escuchar la emisora que más te guste y ver la televisión, casi todas patéticas, que más te divierta. En la dictadura del proletariado no eliges nada. Ves, lees y escuchas lo que quieran los tiranos y los políticos militan todos en el mismo partido, que es el único, y, por supuesto, no existen los sindicatos.

Uno cosa más: nunca podría escribir estos artículos en los que critico a diestra y siniestra, propongo ideas para convertirlas en realidad y embellecer mi ciudad, si Zamora formase parte de un Estado bautizado como dictadura del proletariado.

Solo exijo más democracia, más justa, más libre, más independiente. Jamás podría, ni tan si quiera rogar, pedir, como un alma pía, más libertad, mas justicia, más independencia en un Estado totalitario, de esos que viven la maravillosa, celestial y mágica dictadura del proletariado.  Elijo vivir. Elijo, pues, democracia…burguesa o liberal, nunca jamás las democracias populares comunistas. Se muere mucho más deprisa y no siempre de muerte natural.

Eugenio-Jesús de Ávila

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