REPÚBLICO
Entre majaderos y cretinos políticos se juega el futuro de España y su democracia
Antes de la pandemia vírica, la gente realizaba planteamientos de futuro. Ahora, ya nadie se afana, de hoy a mañana, en cualquier gestión, deseo, anhelo. Vivimos ya en una sociedad insegura, en la que se ha perdido confianza en el gobierno central, salvo sus hinchas y hooligans, que funcionan con la misma inteligencia que los del fútbol, y ejecutivos autonómicos. La democracia llegó a tal degradación después de más de 40 años de mentiras, corrupción, felonías, que ocupan las administraciones públicas la crema de la mediocridad. La mentira ha triunfado. Ya no hay ciudadanos en España, solo personas que deambulan como ovejas del pasto al redil y el pesebre al ordeño. Los intelectuales -¿existen?- guardan silencio. Quizá vivan de la bicoca del Estado. Yo te subvenciono y tú no te pronuncias. Además ya se considera intelectual hasta cualquier actor mediocre de telenovela. Y la única ley que se cumple es la del embudo. También lo de ver la paja en el ojo ajeno y la ceguera ante la viga en el propio se ha hecho norma generalizada.
Arriesgarse a invertir en un negocio parecería propio de badulaques, de personas que hubiera perdido la chola. El personal, como no se fía, guarda la finca. No sé sabe qué aguardará mañana: si el ejecutivo social comunista subirá los impuestos, si el virus mantendrá su poderío, si las escuelas cerrarán, si las uvas se las comerán las aves del cielo, si los toros de lidia se morirán de muerte natural, si los hospitales se colapsarán, si la gripe se confundirá con el Covid-19, si nos confinarán, si la hostelería dejará de servir cañas y vinos, pinchos y tapas, si el fútbol, un espectáculo, aburrirá a las televisiones, si la Semana Santa de 2021 tampoco se celebrará en las calles…no sabemos nada, ni lo intuimos, ni nos saben gobernar, ni se sabe mandar, ni se sabe obedecer. Ni hay un ejecutivo racional ni una oposición preparada. Majaderos en La Moncloa y cretinos en la oposición. Nadie piensa. Duele. Nadie piensa en el prójimo, en el ciudadano. El político solo piense en permanecer en el cargo. Alimenta al pueblo, estabulado, con las algarrobas de la demagogia y la paja de la mentira. Se odia al que es distinto, al que no piensa como tú. Se odia desde hace muchos años. El odio es un sentimiento superior al amor. Ahora se odia más. Se provoca. Se busca la confrontación.
Mientras, la gente se muere de infartos, tumores, septicemias y coronavirus. Ya no nos reímos con ganas, a mandíbula batiente, con todo lo que dé la dentadura postiza. Y se llora poco, porque se ignora por qué hay que echarse unas lágrimas. Y también se ama menos. Nadie promete amor eterno. Besos para pasar el rato, como las películas sin argumento. Cópulas sin poesía, porque nos aburrimos de no hacer nada. Yo creo que ya se vive por inercia, porque la muerte se ha cansado de tantos muertos sin ninguna razón.
España se halla en quiebra moral, postrada, aguardando, silente, deshilvanada, anémica, la pandemia económica. La nación bala. Los políticos juegan con la sociedad como el niño con la plastilina. Los periodistas practican el arte de la coba con los políticos que reparten el maná público. Los cristianos rezan, pero no saben si les hará más caso la Virgen, que se ha debido hacer feminista, o Dios, que siempre fue un monarca absolutista. Y yo escribo para evitar las náuseas que me provocan tantos ineptos, botarates y malandrines ocupando la res pública.
Eugenio-Jesús de Ávila
Antes de la pandemia vírica, la gente realizaba planteamientos de futuro. Ahora, ya nadie se afana, de hoy a mañana, en cualquier gestión, deseo, anhelo. Vivimos ya en una sociedad insegura, en la que se ha perdido confianza en el gobierno central, salvo sus hinchas y hooligans, que funcionan con la misma inteligencia que los del fútbol, y ejecutivos autonómicos. La democracia llegó a tal degradación después de más de 40 años de mentiras, corrupción, felonías, que ocupan las administraciones públicas la crema de la mediocridad. La mentira ha triunfado. Ya no hay ciudadanos en España, solo personas que deambulan como ovejas del pasto al redil y el pesebre al ordeño. Los intelectuales -¿existen?- guardan silencio. Quizá vivan de la bicoca del Estado. Yo te subvenciono y tú no te pronuncias. Además ya se considera intelectual hasta cualquier actor mediocre de telenovela. Y la única ley que se cumple es la del embudo. También lo de ver la paja en el ojo ajeno y la ceguera ante la viga en el propio se ha hecho norma generalizada.
Arriesgarse a invertir en un negocio parecería propio de badulaques, de personas que hubiera perdido la chola. El personal, como no se fía, guarda la finca. No sé sabe qué aguardará mañana: si el ejecutivo social comunista subirá los impuestos, si el virus mantendrá su poderío, si las escuelas cerrarán, si las uvas se las comerán las aves del cielo, si los toros de lidia se morirán de muerte natural, si los hospitales se colapsarán, si la gripe se confundirá con el Covid-19, si nos confinarán, si la hostelería dejará de servir cañas y vinos, pinchos y tapas, si el fútbol, un espectáculo, aburrirá a las televisiones, si la Semana Santa de 2021 tampoco se celebrará en las calles…no sabemos nada, ni lo intuimos, ni nos saben gobernar, ni se sabe mandar, ni se sabe obedecer. Ni hay un ejecutivo racional ni una oposición preparada. Majaderos en La Moncloa y cretinos en la oposición. Nadie piensa. Duele. Nadie piensa en el prójimo, en el ciudadano. El político solo piense en permanecer en el cargo. Alimenta al pueblo, estabulado, con las algarrobas de la demagogia y la paja de la mentira. Se odia al que es distinto, al que no piensa como tú. Se odia desde hace muchos años. El odio es un sentimiento superior al amor. Ahora se odia más. Se provoca. Se busca la confrontación.
Mientras, la gente se muere de infartos, tumores, septicemias y coronavirus. Ya no nos reímos con ganas, a mandíbula batiente, con todo lo que dé la dentadura postiza. Y se llora poco, porque se ignora por qué hay que echarse unas lágrimas. Y también se ama menos. Nadie promete amor eterno. Besos para pasar el rato, como las películas sin argumento. Cópulas sin poesía, porque nos aburrimos de no hacer nada. Yo creo que ya se vive por inercia, porque la muerte se ha cansado de tantos muertos sin ninguna razón.
España se halla en quiebra moral, postrada, aguardando, silente, deshilvanada, anémica, la pandemia económica. La nación bala. Los políticos juegan con la sociedad como el niño con la plastilina. Los periodistas practican el arte de la coba con los políticos que reparten el maná público. Los cristianos rezan, pero no saben si les hará más caso la Virgen, que se ha debido hacer feminista, o Dios, que siempre fue un monarca absolutista. Y yo escribo para evitar las náuseas que me provocan tantos ineptos, botarates y malandrines ocupando la res pública.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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