CON LOS CINCO SENTIDOS
Miro y escucho
Es que no es lo mismo, no lo es, puedo mirarte pero no verte, quedarme con tu apariencia exterior pero no adentrarme en tus vísceras para conocer cómo eres en realidad, fuera de la imagen que exportas al exterior, valga la redundancia, esa imagen que no quieres dar por temor a que te dañen si se adentran demasiado en tu yo más íntimo y personal. Da miedo, lo sé. Da mucho miedo, es como quedarse desnudo, en pelotas, frente a demasiado público deseoso de atropellarte y bailar sobre tu persona. Y pisotearte.
Puedo oír lo que me dices, pero no escucharte, porque escucharte es poner los cinco sentidos que traemos de serie en el otro, en la persona que nos está confesando que su mundo no es sencillo, no es fácil, aunque cada cual tenga sus problemas en casa…Que lo pasa mal y la vida está siendo esquiva con su persona y la fortuna no le ha tocado en ninguna de las partes de su cuerpo, haciéndole sentir un desgraciado.
Pero si eres buena persona y tienes un fondo claro, cristalino y diáfano, escucharás antes que oír, verás el fondo antes que sólo quedarte en la simple mirada esquiva y obligada de un “por encima”. Serás profundo, amable, sincero, serás persona. No un producto de la espontaneidad y el “bien queda”. Pero claro, eso cuesta un esfuerzo mental, una implicación y una empatía que quizá no poseas aún. Todo se aprende, amigo, todo se aprende. Y, tarde o temprano, necesitarás de alguien que te mire y que te escuche, pero de verdad, para sofocar tu llanto o tu desdicha. Será terapéutico para ti y valorarás que hay personas que son así de serie, sin que nada ni nadie las haya obligado a ser bondadosas y empáticas de por sí.
Porque amigo sí, amigo una vez más, hay gente así en el mundo y gracias a ellos, no nos hemos muerto de asco y de desesperación. No hemos pensado que la vida no tiene sentido más allá del hedonismo, o el placer inmediato, sino que hemos madurado para que juntos podamos hacer de este mundo un lugar mejor para vivir y convivir. Unos con otros, tú y yo, por muy diferentes que seamos y aunque nuestros intereses difieran diametralmente de la conjunción de ideas del uno y del otro. Todos somos importantes y tenemos el derecho y el deber de ser escuchados y mirados. Porque nos amamos, aunque, a veces, creamos que nos odiamos o estorbamos al otro. Nos necesitamos los unos a los otros. Eso es así. Es la ley natural.
Nélida L. del Estal Sastre
Es que no es lo mismo, no lo es, puedo mirarte pero no verte, quedarme con tu apariencia exterior pero no adentrarme en tus vísceras para conocer cómo eres en realidad, fuera de la imagen que exportas al exterior, valga la redundancia, esa imagen que no quieres dar por temor a que te dañen si se adentran demasiado en tu yo más íntimo y personal. Da miedo, lo sé. Da mucho miedo, es como quedarse desnudo, en pelotas, frente a demasiado público deseoso de atropellarte y bailar sobre tu persona. Y pisotearte.
Puedo oír lo que me dices, pero no escucharte, porque escucharte es poner los cinco sentidos que traemos de serie en el otro, en la persona que nos está confesando que su mundo no es sencillo, no es fácil, aunque cada cual tenga sus problemas en casa…Que lo pasa mal y la vida está siendo esquiva con su persona y la fortuna no le ha tocado en ninguna de las partes de su cuerpo, haciéndole sentir un desgraciado.
Pero si eres buena persona y tienes un fondo claro, cristalino y diáfano, escucharás antes que oír, verás el fondo antes que sólo quedarte en la simple mirada esquiva y obligada de un “por encima”. Serás profundo, amable, sincero, serás persona. No un producto de la espontaneidad y el “bien queda”. Pero claro, eso cuesta un esfuerzo mental, una implicación y una empatía que quizá no poseas aún. Todo se aprende, amigo, todo se aprende. Y, tarde o temprano, necesitarás de alguien que te mire y que te escuche, pero de verdad, para sofocar tu llanto o tu desdicha. Será terapéutico para ti y valorarás que hay personas que son así de serie, sin que nada ni nadie las haya obligado a ser bondadosas y empáticas de por sí.
Porque amigo sí, amigo una vez más, hay gente así en el mundo y gracias a ellos, no nos hemos muerto de asco y de desesperación. No hemos pensado que la vida no tiene sentido más allá del hedonismo, o el placer inmediato, sino que hemos madurado para que juntos podamos hacer de este mundo un lugar mejor para vivir y convivir. Unos con otros, tú y yo, por muy diferentes que seamos y aunque nuestros intereses difieran diametralmente de la conjunción de ideas del uno y del otro. Todos somos importantes y tenemos el derecho y el deber de ser escuchados y mirados. Porque nos amamos, aunque, a veces, creamos que nos odiamos o estorbamos al otro. Nos necesitamos los unos a los otros. Eso es así. Es la ley natural.
Nélida L. del Estal Sastre


















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