CONFESIONES ÍNTIMAS
El misterio de mi vida
Hay personas, como es mi caso, a los que la vida les pasó por delante, a toda velocidad; tan deprisa que no aprendieron, aprendimos, a saber qué es vivir, qué es amar, qué es sufrir, qué es…nada.
Ahora, cuando ya he andado más de la mitad del camino, me detengo a reflexionar todos los días, al alba, frente al espejo, donde intento encontrar a ese Eugenio-Jesús de Ávila que fui, pero me busco y no me hallo, porque ahora soy otro, física e intelectualmente, muy distinto. Y también, cuando la madrugada juega con el búho, pienso en mí, me juzgo, miro hacia mis adentros. Casi siempre me condeno, y se pregunta el juez que hay en mí: ¿ por qué no fui bueno, por qué no fui mejor amigo, amante, hijo, padre..? En verdad, no he sido malo del todo.
Ahora bien, he concitado la compañía de bellas personas, de mujeres hermosas, de varones inteligentes, de damas cultas y con clase, de caballeros bondadosos. ¡Qué vieron en mí para amarme, unas; para darme su amistad, ellos! No me lo explico. ¡Qué extraño poder guardo en mi interior, en mi voz, en mi forma de andar, en mi manera de vestir, hablar, gesticular, para que se me estime y se me quiera y…se me odie con intensidad!
Y mientras el tren de mi vida se acerca a su última estación, todavía no he resuelto cuál es el misterio de la vida y la realidad de la muerte.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay personas, como es mi caso, a los que la vida les pasó por delante, a toda velocidad; tan deprisa que no aprendieron, aprendimos, a saber qué es vivir, qué es amar, qué es sufrir, qué es…nada.
Ahora, cuando ya he andado más de la mitad del camino, me detengo a reflexionar todos los días, al alba, frente al espejo, donde intento encontrar a ese Eugenio-Jesús de Ávila que fui, pero me busco y no me hallo, porque ahora soy otro, física e intelectualmente, muy distinto. Y también, cuando la madrugada juega con el búho, pienso en mí, me juzgo, miro hacia mis adentros. Casi siempre me condeno, y se pregunta el juez que hay en mí: ¿ por qué no fui bueno, por qué no fui mejor amigo, amante, hijo, padre..? En verdad, no he sido malo del todo.
Ahora bien, he concitado la compañía de bellas personas, de mujeres hermosas, de varones inteligentes, de damas cultas y con clase, de caballeros bondadosos. ¡Qué vieron en mí para amarme, unas; para darme su amistad, ellos! No me lo explico. ¡Qué extraño poder guardo en mi interior, en mi voz, en mi forma de andar, en mi manera de vestir, hablar, gesticular, para que se me estime y se me quiera y…se me odie con intensidad!
Y mientras el tren de mi vida se acerca a su última estación, todavía no he resuelto cuál es el misterio de la vida y la realidad de la muerte.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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