Eugenio de Ávila
Jueves, 15 de Octubre de 2020
POESÍA

En recuerdo duradero de Philip Silver, hispanista y amigo de Claudio Rodríguez

[Img #44819]Corto se nos ha hecho el día del río duradero en que se ha convertido la vida rica en humanidad y experiencia literaria de Philip Silver. Nos ha transmitido un sentido crítico para ver la poesía de Claudio Rodríguez, que es inigualable en originalidad, como lo era la visión de la vida cotidiana del propio Claudio. Philip nos descubrió ese carácter surrealista de la poesía claudiana que abre la evocación de una palabra a otras palabras, como danzantes saltarinas en busca de otros modos cercanos de sentir y entender lo que dejaba el rumoroso cauce -en expresión de Silver- de los versos del poeta zamorano. Y siempre con palabras sencillas, haciendo fácil la comprensión.

Lo primero que conoce de la poesía de Claudio Philip Silver, en 2015, es Alianza y Condena, en la Universidad de Princeton; siendo un empeño para él, desde ese momento, conocer a Claudio. Lo consiguió en 1976 recién publicado El vuelo de la celebración, y la amistad ya no hizo más que crecer. Y precisamente ha sido la traducción de Alianza y condena el último reconocimiento importante que ha tenido a principios de este año: el Premio de traducción Queen Sofia Spanish Institute.

 El premio de traducción fue una satisfacción para el Seminario Permanente Claudio Rodríguez, a la que se unió la generosidad de Silver con la entrega de documentos relacionados con Claudio, que permitirá a los estudiosos futuros acercarse a la visión de la vida y la poesía que tenían ambos, a su modo de compartir y vivir la amistad.

En las últimas Jornadas que dedicó el Seminario Permanente a Claudio, hace un año, estuvo presente Philip Silver con su mirada luminosa y su palabra tranquila, que no ocultaban, cuando surgía la oportunidad de intervenir, la pasión por los descubrimientos del lenguaje poético de los versos del zamorano.

Su peculiar visión de Claudio Rodríguez es ya nuestra, como nuestra es la primavera que ambos anuncian en ese humilde “Ya no sé qué decir / Me voy alegre”, al final de Casi una leyenda. Ahora nos llega un poco más de claridad del cielo, como un don. Gracias Philip Silver por tu presencia en la poesía de esta rumorosa ciudad.

                                                                

 

 

 

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