NOCTURNOS
La mujer que leía a Neruda
Una mujer que lee y se emociona con Neruda me podría enamorar. Si la conociera, intentaría seducirla. Me suliveya una dama que me hable de Safo, de Aspasia, la hetera de Pericles; de Bruneleschi, de la existencia de Dios, de Nietzsche, de política, de cine, de todo y…un poco de amor. Porque el amor se hace. Primero se escribe, después se pone en práctica. El amor, como el marxismo, nunca puede quedarse en la teoría. Después acontece la frustración.
Si yo fuese mujer me enamoraría de un hombre que leyese a Neruda. Si yo fuese mujer quizá despreciaría a un hombre como yo que, además de leer a Neruda, escribe palabras que son besos y versos que son trozos de mi esencia que transformó en poesía. Leo porque me da la gana, por mi obsesión de saber más y más de todo, porque, cuando leo, me olvido de quién soy, para convertirme en frase, en metáfora, en estrofa.
Si yo fuera tú, dama del Esla, intentaría conocer a un hombre como yo. No para amarlo, más bien para odiarlo, porque nunca jamás sabrías porque te adoro, te deseo, te pienso. Yo no podría escribir los versos más tristes esta noche, porque estoy enamorado, y el amor es hermano del arte, un Tenorio de la muerte. Yo solo escribo, mujer, para amarte con palabras, ya que no me permitiste quererte desde dentro, desde el espacio que ocupa tu alma dentro de tu cuerpo.
Eugenio-Jesús de Ávila
Una mujer que lee y se emociona con Neruda me podría enamorar. Si la conociera, intentaría seducirla. Me suliveya una dama que me hable de Safo, de Aspasia, la hetera de Pericles; de Bruneleschi, de la existencia de Dios, de Nietzsche, de política, de cine, de todo y…un poco de amor. Porque el amor se hace. Primero se escribe, después se pone en práctica. El amor, como el marxismo, nunca puede quedarse en la teoría. Después acontece la frustración.
Si yo fuese mujer me enamoraría de un hombre que leyese a Neruda. Si yo fuese mujer quizá despreciaría a un hombre como yo que, además de leer a Neruda, escribe palabras que son besos y versos que son trozos de mi esencia que transformó en poesía. Leo porque me da la gana, por mi obsesión de saber más y más de todo, porque, cuando leo, me olvido de quién soy, para convertirme en frase, en metáfora, en estrofa.
Si yo fuera tú, dama del Esla, intentaría conocer a un hombre como yo. No para amarlo, más bien para odiarlo, porque nunca jamás sabrías porque te adoro, te deseo, te pienso. Yo no podría escribir los versos más tristes esta noche, porque estoy enamorado, y el amor es hermano del arte, un Tenorio de la muerte. Yo solo escribo, mujer, para amarte con palabras, ya que no me permitiste quererte desde dentro, desde el espacio que ocupa tu alma dentro de tu cuerpo.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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