Damaris Puñales-Alpízar
Sábado, 17 de Octubre de 2020
DESDE LOS ESTADOS UNIDOS

Libros como vestidura

[Img #44912]Colecciono libros: algunos para leer, otros para investigar, pero la mayoría por el placer de tenerlos. He perdido muchos libros, muchas bibliotecas en mi vida: he cruzado fronteras tan solo con una mochila; muchas veces he dejado todo atrás. También he dejado mis libros. Algunos los he podido recuperar, o comprar de nuevo. Puedo reconstruir parte de mi vida con solo abrir las páginas de cualquiera de esos libros. Puedo volver a lo que ha sido mi vida en diferentes momentos. Puedo encontrar a mi familia perdida, mi hogar perdido, amigos cuyos nombres ya he olvidado. Puedo reencontrarme a mí misma en notas escritas al margen de las páginas, como un mensaje lanzado desde el pasado que ha esperado pacientemente por mí; puedo reencontrarme en los marcadores que quedaron atrapados en algún pasaje; en recortes de periódicos, flores secas, fotos que han descansado por años dentro de las páginas de mis libros

He perdido mi propio nombre dos veces. Fui Damaris Ken por un tiempo; ahora soy Damaris Punales-Alpizar: con guión intermedio, sin ñ, sin tildes. Pero siempre puedo recuperar todas las mujeres que he sido abriendo un libro y hojeando sus páginas: ahora puedo volver a mis años de estudiante en la Universidad de La Habana y al verano de 1990 cuando teníamos que ir a trabajar en un campamento agrícola ubicado en las afueras de la ciudad. Me recuerdo escribiendo la dirección para mis padres en la contraportada de un libro titulado Hogueras sobre la infancia, de Vladimir Ilich Lenin. Puedo volver a mi propia infancia y ver la escritura de mi abuelo en un libro también de Lenin: A los pobres del campo (muchos libros de Lenin poblaban entonces nuestra biblioteca: eran los tiempos socialistas en Cuba). Mis padres solían dejarse notas entre ellos, también mi hermana y yo teníamos esa misma práctica. Esas notas terminaban en las páginas de diferentes libros y vuelan en el tiempo: mi padre va ahora a visitar a mi abuela; mi madre ha salido a comprar comida; yo misma voy a la biblioteca para investigar para un trabajo de curso...

Fue en una época en la que los teléfonos móviles no existían; ni siquiera teníamos un teléfono regular. Aquellas notas escritas a prisa en cualquier libro eran la única forma de comunicarnos, de que los demás supieran adónde íbamos, qué estábamos haciendo y a qué hora regresaríamos a casa para cenar.

Puedo juntar muchas piezas de mi vida que se han dispersado, perdido, roto, tan solo con tocar uno de esos libros que me han acompañado y sobrevivido a tanta travesía transfronteriza. Mi vida es un rompecabezas que nunca terminará de completarse, desperdigada en tantas ciudades, en tantos idiomas. Pero puedo asomarme a ella, a sus fragmentos, en los libros que me han acompañado.

Mi casa, perdida, decomisada por el gobierno cubano, fue construida con libros. Las paredes estaban hechas de libros que crecieron dentro de mi casa para vestirnos a mi hermana y a mí. Mi primer libro es un libro perdido ahora, como mi casa, como parte de mi familia, como parte del primer país que me hizo.

Ahora ordenando los libros en mi nueva oficina. Han llegado a mí por diferentes medios: algunos fueron rescatados antes de que perdiéramos la casa de mi infancia en Cuba, mantenidos bajo custodia, con amor y cuidado, por mi familia; otros los he reemplazado porque los originales se fueron para siempre, perdidos en cualquiera de las fronteras que he cruzado; dejado atrás cuando eran demasiado pesados ??para continuar el viaje.

Mi memoria es mala: lo tengo que anotar todo. Mis libros, sus cicatrices, sus notas, me permiten recuperar un tiempo anterior. Me ofrecen una forma de volver en cualquier momento y desde cualquier lugar. Continúan vistiéndome, para mantener a mi hermana, a mi padre, que ya no están, cerca de mí, conmigo. Ellos me hablan desde las páginas de los libros que compartimos no porque hayamos siempre compartido las mismas lecturas sino porque esos libros se convirtieron en depositarios de nuestros recuerdos.

Damaris Puñales-Alpízar

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