Mª Soledad Martín
Jueves, 22 de Octubre de 2020
ZAMORANA

El conocimiento al alcance de la tecla

[Img #45078]“Solo sé que no sé nada”, decía el filósofo; hermosas palabras que uno comprende cuanto más estudia, cuanta más gente sabia conoce, cuanto mayor es la capacidad de absorber erudición ajena, de formarse, de conocer, porque la peor incertidumbre es el desconocimiento.

 

Alguien un día me dijo que por mucho que viajes, siempre querrás ver más, no te conformas, porque se ha conectado un cable en la mente o en el espíritu que nos prende a la curiosidad de explorar otras culturas, gentes o lugares. Las facilidades que proporcionan las nuevas tecnologías permiten desde la comodidad del sillón de casa vivir aventuras, viajar, estudiar, conectarse con gente, aprender otras lenguas e investigar sin acudir a la Biblioteca ni cargar con un montón de libros a consultar. Hemos ganado en tiempo, en facilidad y en recursos y ya nadie puede tener excusa para no integrarse en la sociedad, para saber cómo es la Capilla Sixtina aunque nunca haya estado en Roma, o conocer el museo de Louvre sin pisar París.

 

Disponemos de visitas virtuales a ciudades, museos o monumentos, con las que escudriñar hasta el último detalle, se puede visualizar un documental o una película en el idioma que se desee, documentarse e investigar sin salir de casa… un tesoro, en fin, para el ermitaño, para aquel que no necesite de la gente y ese es el gran inconveniente de las tecnologías, que, si bien son prodigiosas para el aprendizaje, nos seducen con falsas amistades que circulan en la red y así miles de personas entran en el juego siniestro de los amigos virtuales que por cientos o miles les siguen a diario, cuando en la vida real pueden ser personas solitarias y asociales; una gran paradoja.

 

¡Qué interesante resulta disponer de los medios necesarios para estar al día de los acontecimientos, para superarse, para ser dueño de opiniones propias, para conocer las ajenas y aprender de los que saben, y me pregunto cuánto hubieran dado tantas mentes prodigiosas de la antigüedad: ¡Leonardo, Pascal, Ramón y Cajal…etc. por haber tenido la fortuna de contar con la ayuda de los actuales avances tecnológicos!,

 

Ya no existen pueblos aislados si tienen posibilidad de conectarse a Internet; cárceles, monacatos o instituciones cerradas que antes permanecían relegadas a una inevitable postergación, se abren ahora a la oportunidad de estudiar a distancia o de entretener sus horas delante de una pantalla de ordenador, paliando la soledad impuesta o aceptada.  Desconocer o excluirse de la realidad ya no es una opción, a menos que se haga de forma deliberada; pero quien tenga empeño en cultivarse dispone de todos los medios a su alcance para informarse, investigar y, en definitiva, aprender porque como decía Descartes: “Lo poco que he aprendido carece de valor, comparado con lo que ignoro y no desespero en aprender”.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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