REPÚBLICO
España: una metáfora política, el tropo de un misántropo
La política en España es como una metáfora. La realidad se transforma. La verdad es mentira y el embuste se convierte en palabra de Dios. ¡Te alabamos, Señor! Me explico: Los grandes capitalistas de esta nación en quiebra moral, que siempre antecede a la económica, la Banca, las empresas de Energía, las de Infraestructuras, apoyan a un gobierno social-comunista y mantienen con vida a la prensa, periódicos, emisoras y televisiones que defienden, hago lo que haga, al ejecutivo de Pedro Sánchez.
Traduzco, los ricos alimentan a un Gobierno que, desde dentro del sistema, aspira a cambiarlo, a demolerlo, a deconstruirlo: acabar con la Monarquía Parlamentaria e instaurar una República socialista, bolivariana, caballerista, soviética. Y los que el vulgo cree que son los adalides del gran capital nacional e internacional, las formaciones conservadoras, defienden la democracia liberal, la inaugurada, tras pactarse, en las elecciones de la primavera de 1977, y refrendada con la aprobación de la Constitución. Por cierto, la ultraizquierda, loa el discurso de Casado –Del enemigo, el consejo-, líder del mayor partido, por militancia y votos, de la oposición. Mientras, Abascal, la derecha fetén, la que no se avergüenza de serlo, insulta a Europa, el único poder que detendría, en principio, una deriva hacia el chavismo de España.
Fuerzas que odian a España, marxistas-estalinistas como Bildu, hermanos, hijos, parentela de la ETA; republicanos de orígenes fascistas, golpistas desde 1926, con invasión de Cataluña desde Francia; después el 6 de octubre de 1934, aprovechando el golpe izquierdista contra la II República, y hace un par de años en la Generalidad, con los gravísimos incidentes que conocemos todos los españoles; racistas, más que los nazis, como PNV, hijos de Sabino Arana, ultracatólico de la peor especie; JxCAT, más de lo mismo, pero hablando en catalán, que cuenta entre su militancia con golpistas, una formación de extrema derecha; y otros grupúsculos izquierdosos, marxistas burgueses e independentistas como el BNG, Más País, Compromís y CUP, que no representan al proletariado, firmaron, aprovechando que Vox pasaba por el Congreso de los Diputados con una Moción de Censura anacrónica, tanto como el comunismo o el fascismo, ramas del mismo árbol del totalitarismo, para firmar un compromiso sobre derechos y libertades.
Por supuesto, el PSOE caballerista y Unidas Podemos, comunistas burgueses, como fueron los dirigentes bolcheviques, excepción hecha de Stalin, unieron a todas esas fuerzas que representan a ETA, al racismo más retrógrado, al separatismo más decimonónico; unos admiradores de Lenin, Stalin, Mao y demás liberticidas que el mundo conociese en los siglos XIX y XX, y otros del etnicismo más rancio quieren libertad para acabar con la libertad, para finiquitar el régimen, con todos sus inmensos defectos, falta de calidad, que más contribuyó a la paz y al desarrollo de la nación más antigua de Europa. Paradojas de esta España éter, de esta España humo, de esta España líquida.
Un par de frases de Largo Caballero, un demócrata de libro, de homenaje, al que tanto admiran los sanchistas, para saber con quién nos estamos jugando los cuartos. Esto es historia. Nunca memoria, jamás opinión.
“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución, tendremos que conquistarlo de otra manera”. Febrero de 1933.
“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”. En 1934, Ginebra. Faltaba poco para el golpe que él acaudillo contra la II República.
“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Largo Caballero en un mitin en Linares, el 20 de enero de 1936.
Así entendía el PSOE, excepción hecha del sector del inolvidable Besteiro, la democracia durante la II República. Ahora, ocho décadas después, los partidos que forman el Gobierno y las fuerzas que los apoyan parecen dispuestos a emular a Largo Caballero, revolucionario que no entendía nada de metáforas.
Porque un marxista, en esencia, siempre será un revolucionario en potencia, y, de vez en cuando, según el correspondiente análisis, según convenga, demócrata. A estas gentes de ultraizquierda les gusta más la dictadura del proletariado que la democracia liberal. Así son. Y se sienten orgullosos de su pasado, de los Lenin y Stalin. A la diestra, por el contrario, sus líderes se esconden del inmenso patrimonio democrático del liberalismo doceañista de Cádiz, el decimonónico; de filósofos liberales como Ortega y Gasset, de intelectuales como Gregorio Marañón; de García-Argüelles, médico, ministro en 1935, asesinado en marzo de 1936 a la puerta de su casa; de Melquiades Álvarez, asesinado junto a otros presos por militantes anarquistas…Ninguno de los citados aprobó nunca dictadura alguna. Todos fueron republicanos.
España es como el tropo de un misántropo. Los revolucionarios, merced a la traición de Rajoy, y la guerra entre PP y Vox, están muy cerca de tomar el palacio de invierno de la democracia española, la de 1978, y después asaltar los cielos del Olimpo. Se lo han puesto a huevos.
Eugenio-Jesús de Ávila
La política en España es como una metáfora. La realidad se transforma. La verdad es mentira y el embuste se convierte en palabra de Dios. ¡Te alabamos, Señor! Me explico: Los grandes capitalistas de esta nación en quiebra moral, que siempre antecede a la económica, la Banca, las empresas de Energía, las de Infraestructuras, apoyan a un gobierno social-comunista y mantienen con vida a la prensa, periódicos, emisoras y televisiones que defienden, hago lo que haga, al ejecutivo de Pedro Sánchez.
Traduzco, los ricos alimentan a un Gobierno que, desde dentro del sistema, aspira a cambiarlo, a demolerlo, a deconstruirlo: acabar con la Monarquía Parlamentaria e instaurar una República socialista, bolivariana, caballerista, soviética. Y los que el vulgo cree que son los adalides del gran capital nacional e internacional, las formaciones conservadoras, defienden la democracia liberal, la inaugurada, tras pactarse, en las elecciones de la primavera de 1977, y refrendada con la aprobación de la Constitución. Por cierto, la ultraizquierda, loa el discurso de Casado –Del enemigo, el consejo-, líder del mayor partido, por militancia y votos, de la oposición. Mientras, Abascal, la derecha fetén, la que no se avergüenza de serlo, insulta a Europa, el único poder que detendría, en principio, una deriva hacia el chavismo de España.
Fuerzas que odian a España, marxistas-estalinistas como Bildu, hermanos, hijos, parentela de la ETA; republicanos de orígenes fascistas, golpistas desde 1926, con invasión de Cataluña desde Francia; después el 6 de octubre de 1934, aprovechando el golpe izquierdista contra la II República, y hace un par de años en la Generalidad, con los gravísimos incidentes que conocemos todos los españoles; racistas, más que los nazis, como PNV, hijos de Sabino Arana, ultracatólico de la peor especie; JxCAT, más de lo mismo, pero hablando en catalán, que cuenta entre su militancia con golpistas, una formación de extrema derecha; y otros grupúsculos izquierdosos, marxistas burgueses e independentistas como el BNG, Más País, Compromís y CUP, que no representan al proletariado, firmaron, aprovechando que Vox pasaba por el Congreso de los Diputados con una Moción de Censura anacrónica, tanto como el comunismo o el fascismo, ramas del mismo árbol del totalitarismo, para firmar un compromiso sobre derechos y libertades.
Por supuesto, el PSOE caballerista y Unidas Podemos, comunistas burgueses, como fueron los dirigentes bolcheviques, excepción hecha de Stalin, unieron a todas esas fuerzas que representan a ETA, al racismo más retrógrado, al separatismo más decimonónico; unos admiradores de Lenin, Stalin, Mao y demás liberticidas que el mundo conociese en los siglos XIX y XX, y otros del etnicismo más rancio quieren libertad para acabar con la libertad, para finiquitar el régimen, con todos sus inmensos defectos, falta de calidad, que más contribuyó a la paz y al desarrollo de la nación más antigua de Europa. Paradojas de esta España éter, de esta España humo, de esta España líquida.
Un par de frases de Largo Caballero, un demócrata de libro, de homenaje, al que tanto admiran los sanchistas, para saber con quién nos estamos jugando los cuartos. Esto es historia. Nunca memoria, jamás opinión.
“Si no nos permiten conquistar el poder con arreglo a la Constitución, tendremos que conquistarlo de otra manera”. Febrero de 1933.
“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”. En 1934, Ginebra. Faltaba poco para el golpe que él acaudillo contra la II República.
“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Largo Caballero en un mitin en Linares, el 20 de enero de 1936.
Así entendía el PSOE, excepción hecha del sector del inolvidable Besteiro, la democracia durante la II República. Ahora, ocho décadas después, los partidos que forman el Gobierno y las fuerzas que los apoyan parecen dispuestos a emular a Largo Caballero, revolucionario que no entendía nada de metáforas.
Porque un marxista, en esencia, siempre será un revolucionario en potencia, y, de vez en cuando, según el correspondiente análisis, según convenga, demócrata. A estas gentes de ultraizquierda les gusta más la dictadura del proletariado que la democracia liberal. Así son. Y se sienten orgullosos de su pasado, de los Lenin y Stalin. A la diestra, por el contrario, sus líderes se esconden del inmenso patrimonio democrático del liberalismo doceañista de Cádiz, el decimonónico; de filósofos liberales como Ortega y Gasset, de intelectuales como Gregorio Marañón; de García-Argüelles, médico, ministro en 1935, asesinado en marzo de 1936 a la puerta de su casa; de Melquiades Álvarez, asesinado junto a otros presos por militantes anarquistas…Ninguno de los citados aprobó nunca dictadura alguna. Todos fueron republicanos.
España es como el tropo de un misántropo. Los revolucionarios, merced a la traición de Rajoy, y la guerra entre PP y Vox, están muy cerca de tomar el palacio de invierno de la democracia española, la de 1978, y después asaltar los cielos del Olimpo. Se lo han puesto a huevos.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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