NOCTURNOS
La mujer que se perfumaba el alma
Te hubiera amado con el mismo mimo que traté a las palabras que escribí para formar frases que expresaran mi pasión por tu persona, por tu cuerpo y por tu alma. No te gusté. Preferiste otro tipo de hombre, con otro físico o con otro talento superior al mío. Una mujer tan bella como tú siempre elige.
Siempre me pareciste un sueño imposible, más incluso que viajar cerca de los anillos de Saturno o plantar un árbol en la cara oculta de la luna. Los sueños utópicos nunca te quiebran el alma, porque jamás piensas que un día se cumplirán. Los sueños posibles, los que puedes asir con tus manos, los que esperan un instante en el tiempo para hacerse realidad, engendran frustración si no se cumplen.
No estoy triste, amor. Me habría gustado que me hubieses correspondido, amado, querido, elegido. Pero comprendo que me considerases poca cosa para tu inmensa valía como mujer y persona. Sucede que, desde niño, siempre tuve querencia por lo mejor, por la excelencia. E intenté atraer el talento, la inteligencia, la belleza y la bonhomía de damas como tú, Carlota.
No me castigues por haber querido amarte, por considerarte una diosa, por no comportarme contigo como fui con otras mujeres: altivo, orgulloso, seductor, conquistador, un tanto chulo. Soy otro hombre gracias a ti. Hay ya un Eu, el de antes y el después de conocerte. Me avergüenzo de mi yo anterior, aunque me concedió extensos y mágicos instantes de hedonismo. Después de tu paso por mi vida, carece de sentido amar a otra mujer. A partir de ahora y hasta que me seduzca la dama negra, amaré tu recuerdo. Te besaré y entraré en tu divino cuerpo sin hacerte daño, como si solo te poseyera mi alma.
Adiós, mi bien, mi ucronía lírica, la dama que al andar, levitaba; la señora que perfumaba su alma.
Eugenio-Jesús de Ávila
Te hubiera amado con el mismo mimo que traté a las palabras que escribí para formar frases que expresaran mi pasión por tu persona, por tu cuerpo y por tu alma. No te gusté. Preferiste otro tipo de hombre, con otro físico o con otro talento superior al mío. Una mujer tan bella como tú siempre elige.
Siempre me pareciste un sueño imposible, más incluso que viajar cerca de los anillos de Saturno o plantar un árbol en la cara oculta de la luna. Los sueños utópicos nunca te quiebran el alma, porque jamás piensas que un día se cumplirán. Los sueños posibles, los que puedes asir con tus manos, los que esperan un instante en el tiempo para hacerse realidad, engendran frustración si no se cumplen.
No estoy triste, amor. Me habría gustado que me hubieses correspondido, amado, querido, elegido. Pero comprendo que me considerases poca cosa para tu inmensa valía como mujer y persona. Sucede que, desde niño, siempre tuve querencia por lo mejor, por la excelencia. E intenté atraer el talento, la inteligencia, la belleza y la bonhomía de damas como tú, Carlota.
No me castigues por haber querido amarte, por considerarte una diosa, por no comportarme contigo como fui con otras mujeres: altivo, orgulloso, seductor, conquistador, un tanto chulo. Soy otro hombre gracias a ti. Hay ya un Eu, el de antes y el después de conocerte. Me avergüenzo de mi yo anterior, aunque me concedió extensos y mágicos instantes de hedonismo. Después de tu paso por mi vida, carece de sentido amar a otra mujer. A partir de ahora y hasta que me seduzca la dama negra, amaré tu recuerdo. Te besaré y entraré en tu divino cuerpo sin hacerte daño, como si solo te poseyera mi alma.
Adiós, mi bien, mi ucronía lírica, la dama que al andar, levitaba; la señora que perfumaba su alma.
Eugenio-Jesús de Ávila

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.122