Nélida L. Del Estal Sastre
Martes, 27 de Octubre de 2020
CON LOS CINCO SENTIDOS
El escritor que se quedó sin palabras
Se sentó a la máquina de escribir. A la izquierda, pliegos garabateados, a la derecha, folios en blanco, inmaculados. Una hora, una hora y media, dos horas. Un cigarrillo, una copa. Nada.
Un día tras otro, la nada más absoluta. No la busques querido amigo, hoy la musa emigró hacia tierras más cálidas y floridas. Estaba cansada. En tu cabeza y en tu pluma sólo hay invierno y helada estepa, ni un color, ni un guiño. Estaba cansada.
Nélida L. Del Estal Sastre
Se sentó a la máquina de escribir. A la izquierda, pliegos garabateados, a la derecha, folios en blanco, inmaculados. Una hora, una hora y media, dos horas. Un cigarrillo, una copa. Nada.
Un día tras otro, la nada más absoluta. No la busques querido amigo, hoy la musa emigró hacia tierras más cálidas y floridas. Estaba cansada. En tu cabeza y en tu pluma sólo hay invierno y helada estepa, ni un color, ni un guiño. Estaba cansada.
Nélida L. Del Estal Sastre





















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