DESDE ESTADOS UNIDOS
Dos peligros que acechan
A una semana de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, el panorama no puede ser más incierto. Y no tanto con relación a cuál será el resultado de estas elecciones, sino al día después. Si los sondeos preliminares no están muy errados, el ganador sería Joe Biden, candidato por el Partido Demócrata. Pero los sondeos, ya se sabe, pueden no reflejar la verdadera intención de voto, tal y como ocurrió hace cuatro años, cuando todo apuntaba a que Hillary Clinton ganaría los comicios de 2016. En aquella ocasión, el republicano Donald Trump resultó ganador, aunque el voto popular le fue favorable a Clinton.
En sus eventos en estos últimos días, el presidente Trump se empeña en presentar una realidad ilusoria: una donde no existe el coronavirus, o donde al menos se tiene control sobre la pandemia. Incluso, ha estado circulando un documento supuestamente emitido por el gobierno en el que se habla del fin de la pandemia y de los logros de la administración en este sentido. Sin embargo, las estadísticas muestran otra cosa: tan solo en la última semana se han sumado más de medio millón de nuevos casos en el país, y todo indica que el invierno será incluso peor en términos de contagios y muertes. El doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para el control de enfermedades infecciosas y alergias (NAIAD, por sus siglas en inglés), ha afirmado este martes que el regreso a la “normalidad” (lo que sea que eso fuere después del Covid) podría no ocurrir por lo menos hasta el año 2022. Esto contradice el mensaje optimista del presidente de que la vacuna ya está casi lista y de que una vez que se comience a producir, podría ser administrada a toda la población en fecha tan temprana como antes de fin de este año. Otros escollos en esta imagen optimista son los hechos de que al menos el 30% de la población podría optar por no vacunarse debido al movimiento tan fuerte que existe en contra de las inmunizaciones en el país, y, por otra parte, que el uso o no de máscaras se ha convertido en una declaración política: muchas personas a favor de Trump creen que usar las mascarillas es un atentado contra su libertad individual, y por tanto, no las usan.
De salir una vacuna pronto, no sería sino hasta fines del 2021 cuando todas las personas dispuestas a vacunarse podrían hacerlo.
A esta incertidumbre y peligro que representan el coronavirus y el futuro de la nación en términos económicos y de salud pública, se suma otra preocupación no menor: el resultado de las elecciones.
Como comentaba antes, las encuestas dan a Biden como ganador. Pero esto puede no ocurrir. Existen dos posibilidades respecto a los resultados: que la victoria de Biden sea tan aplastante, tan rotunda, que no deje margen a la más mínima duda. En este escenario, lo más lógico sería pensar que Trump aceptaría estos resultados. Sí, ya sé: Trump y lógica no son dos palabras que se puedan usar en la misma oración de forma coherente. El otro posible panorama sería que el margen fuera estrecho -dada la profunda división política que existe actualmente, esto es lo más probable-, y que Trump decidiera impugnar el resultado alegando fraude, malos manejos electorales o cualquier otra excusa que se le ocurriese en ese minuto. Desde hace meses, Trump ha venido preparando el terreno para lidiar con este resultado: constantemente alude a un posible fraude electoral que resultaría en la victoria de Biden. Si este fuera el caso, Trump tendría todas las de ganar y hacerse con el poder por otros cuatro años. Hay que recordar que apenas dos días atrás la jueza Amy Coney Barrett fue ratificada como nuevo miembro de la Corte Suprema de Justicia del país. La Corte es, posiblemente, la entidad con más poder en toda la nación. Con la nominación y ratificación de Barrett, la Corte ofrece una sólida mayoría a cualquier propuesta impulsada por Trump: seis de sus nueve miembros son ultraconservadores que favorecerían al actual presidente.
A día de hoy, más de 65.5 millones de personas han emitido su voto, ya sea mediante la opción de votaciones tempranas en persona o enviando su boleta electoral por correo postal. Como punto de referencia valga recordar que en el 2016 un total de 58.3 millones de personas votó antes del día de los comicios, y que en esta ocasión todavía nos queda una semana más hasta el 3 de noviembre. En las últimas elecciones, de los 250 millones de ciudadanos en edad de votar, el 55.5% ejerció su derecho al voto. Este porcentaje se ha mantenido más o menos estable desde 1932, cuando comenzó a contabilizarse la cantidad de votos emitidos con relación a la cantidad de votantes potenciales: entre el 50 y 60 % ha salido a votar cada cuatro años. Debido al cisma político tan grande que se vive, se espera que para estos comicios este porcentaje aumente significativamente, pese a la pandemia que asola a la nación. Esto, sin embargo, no tiene que traducirse necesariamente en una ventaja mayor para ninguno de los dos contendientes.
Un problema adicional en estos comicios será la contabilización de todos los votos que se emitan por correo o en las urnas antes del 3 de noviembre. Cada estado tiene reglas diferentes sobre cuándo puede oficialmente comenzar a contar la cantidad de votos recibidos: en la mayoría de los estados, las boletas pueden comenzar a contarse incluso antes del 3 de noviembre, pero en otros, como en Pennsylvania, Wisconsin y Michigan, que podrían ser decisivos en los resultados electorales, no pueden contarse los votos tempranos hasta después del día de las elecciones. Esto podría añadir otra incertidumbre en estos comicios, cuyo ganador no se daría a conocer sino hasta varios días después del 3 de noviembre. Adicionalmente, 23 estados pueden aceptar todas las boletas que lleguen con matasellos del día de las elecciones, y puede que algunas no arriben a tiempo y esto alargue más la contabilidad de los votos recibidos. En algunos casos, las boletas podrían llegar tan tarde como hasta una semana después de los comicios. Estos 23 estados suman 317 de los 538 votos del Colegio Electoral, por lo que su contabilidad es decisiva para elegir al ganador. En todos los estados, por otra parte, los votos emitidos en persona de manera adelantada no serán contados hasta que se cuenten todos los votos del día de las elecciones. Dado que se trata de números elevados, se prevé que esto retrasará también los resultados. La duda sobre quién será el próximo presidente de los Estados Unidos pudiera extenderse incluso por semanas.
Independientemente de cuál sea el desenlace final de estas elecciones, lo que sí es casi seguro es que serán las más votadas de toda la historia.
Damaris Puñales-Alpízar
A una semana de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, el panorama no puede ser más incierto. Y no tanto con relación a cuál será el resultado de estas elecciones, sino al día después. Si los sondeos preliminares no están muy errados, el ganador sería Joe Biden, candidato por el Partido Demócrata. Pero los sondeos, ya se sabe, pueden no reflejar la verdadera intención de voto, tal y como ocurrió hace cuatro años, cuando todo apuntaba a que Hillary Clinton ganaría los comicios de 2016. En aquella ocasión, el republicano Donald Trump resultó ganador, aunque el voto popular le fue favorable a Clinton.
En sus eventos en estos últimos días, el presidente Trump se empeña en presentar una realidad ilusoria: una donde no existe el coronavirus, o donde al menos se tiene control sobre la pandemia. Incluso, ha estado circulando un documento supuestamente emitido por el gobierno en el que se habla del fin de la pandemia y de los logros de la administración en este sentido. Sin embargo, las estadísticas muestran otra cosa: tan solo en la última semana se han sumado más de medio millón de nuevos casos en el país, y todo indica que el invierno será incluso peor en términos de contagios y muertes. El doctor Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para el control de enfermedades infecciosas y alergias (NAIAD, por sus siglas en inglés), ha afirmado este martes que el regreso a la “normalidad” (lo que sea que eso fuere después del Covid) podría no ocurrir por lo menos hasta el año 2022. Esto contradice el mensaje optimista del presidente de que la vacuna ya está casi lista y de que una vez que se comience a producir, podría ser administrada a toda la población en fecha tan temprana como antes de fin de este año. Otros escollos en esta imagen optimista son los hechos de que al menos el 30% de la población podría optar por no vacunarse debido al movimiento tan fuerte que existe en contra de las inmunizaciones en el país, y, por otra parte, que el uso o no de máscaras se ha convertido en una declaración política: muchas personas a favor de Trump creen que usar las mascarillas es un atentado contra su libertad individual, y por tanto, no las usan.
De salir una vacuna pronto, no sería sino hasta fines del 2021 cuando todas las personas dispuestas a vacunarse podrían hacerlo.
A esta incertidumbre y peligro que representan el coronavirus y el futuro de la nación en términos económicos y de salud pública, se suma otra preocupación no menor: el resultado de las elecciones.
Como comentaba antes, las encuestas dan a Biden como ganador. Pero esto puede no ocurrir. Existen dos posibilidades respecto a los resultados: que la victoria de Biden sea tan aplastante, tan rotunda, que no deje margen a la más mínima duda. En este escenario, lo más lógico sería pensar que Trump aceptaría estos resultados. Sí, ya sé: Trump y lógica no son dos palabras que se puedan usar en la misma oración de forma coherente. El otro posible panorama sería que el margen fuera estrecho -dada la profunda división política que existe actualmente, esto es lo más probable-, y que Trump decidiera impugnar el resultado alegando fraude, malos manejos electorales o cualquier otra excusa que se le ocurriese en ese minuto. Desde hace meses, Trump ha venido preparando el terreno para lidiar con este resultado: constantemente alude a un posible fraude electoral que resultaría en la victoria de Biden. Si este fuera el caso, Trump tendría todas las de ganar y hacerse con el poder por otros cuatro años. Hay que recordar que apenas dos días atrás la jueza Amy Coney Barrett fue ratificada como nuevo miembro de la Corte Suprema de Justicia del país. La Corte es, posiblemente, la entidad con más poder en toda la nación. Con la nominación y ratificación de Barrett, la Corte ofrece una sólida mayoría a cualquier propuesta impulsada por Trump: seis de sus nueve miembros son ultraconservadores que favorecerían al actual presidente.
A día de hoy, más de 65.5 millones de personas han emitido su voto, ya sea mediante la opción de votaciones tempranas en persona o enviando su boleta electoral por correo postal. Como punto de referencia valga recordar que en el 2016 un total de 58.3 millones de personas votó antes del día de los comicios, y que en esta ocasión todavía nos queda una semana más hasta el 3 de noviembre. En las últimas elecciones, de los 250 millones de ciudadanos en edad de votar, el 55.5% ejerció su derecho al voto. Este porcentaje se ha mantenido más o menos estable desde 1932, cuando comenzó a contabilizarse la cantidad de votos emitidos con relación a la cantidad de votantes potenciales: entre el 50 y 60 % ha salido a votar cada cuatro años. Debido al cisma político tan grande que se vive, se espera que para estos comicios este porcentaje aumente significativamente, pese a la pandemia que asola a la nación. Esto, sin embargo, no tiene que traducirse necesariamente en una ventaja mayor para ninguno de los dos contendientes.
Un problema adicional en estos comicios será la contabilización de todos los votos que se emitan por correo o en las urnas antes del 3 de noviembre. Cada estado tiene reglas diferentes sobre cuándo puede oficialmente comenzar a contar la cantidad de votos recibidos: en la mayoría de los estados, las boletas pueden comenzar a contarse incluso antes del 3 de noviembre, pero en otros, como en Pennsylvania, Wisconsin y Michigan, que podrían ser decisivos en los resultados electorales, no pueden contarse los votos tempranos hasta después del día de las elecciones. Esto podría añadir otra incertidumbre en estos comicios, cuyo ganador no se daría a conocer sino hasta varios días después del 3 de noviembre. Adicionalmente, 23 estados pueden aceptar todas las boletas que lleguen con matasellos del día de las elecciones, y puede que algunas no arriben a tiempo y esto alargue más la contabilidad de los votos recibidos. En algunos casos, las boletas podrían llegar tan tarde como hasta una semana después de los comicios. Estos 23 estados suman 317 de los 538 votos del Colegio Electoral, por lo que su contabilidad es decisiva para elegir al ganador. En todos los estados, por otra parte, los votos emitidos en persona de manera adelantada no serán contados hasta que se cuenten todos los votos del día de las elecciones. Dado que se trata de números elevados, se prevé que esto retrasará también los resultados. La duda sobre quién será el próximo presidente de los Estados Unidos pudiera extenderse incluso por semanas.
Independientemente de cuál sea el desenlace final de estas elecciones, lo que sí es casi seguro es que serán las más votadas de toda la historia.
Damaris Puñales-Alpízar




















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