Miércoles, 21 de Enero de 2026

Eugenio de Ávila
Martes, 22 de Diciembre de 2020
COSAS MÍAS

El Gordo "casi" no existe en Zamora

[Img #47363]Esta Zamora mía y también suya se halla tan fracturada, quebrada, olvidada, que cae el “Gordo”, por segunda vez en la historia, y solo un décimo y de… máquina. Un décimo que no se toca, que no se palpa, que no se acaricia, que no se besa. Solo un zamorano disfrutará de ese premio, 400.000 euros.  Ni familias, ni amigos, ni clubes deportivos, ni asociaciones culturales, ni ancianos, ni bares, ni nada. Solo una persona. Todo para uno y nada para la inmensa mayoría. Como las dictaduras totalitarias. También décimos del quinto premio y otra vez a través de la máquina, algo tan impersonal, tan frío, tan distante. Es como si el décimo no existiera. Como si solo fuéramos un número, lo que somos en realidad para los gobiernos, para los políticos. Nada. Llevamos el último número en el sorteo del progreso en esta España, una caricatura de nación, un Estado en estado, preñado de ideología, vacío de futuro, sin esperanza, sin fe, sin nada. Y, en la ciudad de Doña Elvira, toca una aproximación del “gordo” y se vende en una gasolinera, donde muchos clientes paran para llenar el depósito de su vehículo y poner tierra de por medio. Todo se va. En esta tierra nada permanece.

 

Eso sí, se ha vuelto a romper el aserto de que en Zamora nunca había caído el “gordo” de Navidad. Ahora no podemos ni quejarnos, ni adoptar el papel de víctima de la lotería, de desheredados de la fortuna. Tampoco nos quejamos, nunca, a este Gobierno, ni al anterior, ni al todo el que manda. Transigimos. Los políticos se vienen mofando de nosotros desde que Doña Urraca paseaba por la Torre del Homenaje del Castillo. La suerte se ríe a carcajada limpia, sin Profidén, y se cuentan chistes en el Cielo sobre Zamora y los zamoranos, que estamos tan acostumbrados a perder que ganar nos ofende.

 

Y, si gana alguien, consigue su triunfo a escondidas, del revés. Porque, además, el zamorano festeja con más euforia el fracaso del prójimo que la gloria propia. En nuestra tierra nació Caín. No hay nada qué hacer. Nos han robado hasta la cantinela del mal fario lotero. Cualquier día nos levantamos y se han llevado el Duero, las nieblas y el nombre de nuestra ciudad, nombre que se inicia por la última letra del abecedario y se cierra con la última, y cobija la palabra amor. Hechos inexplicables que escapan a la razón. En fin, que ya no nos queda ni desearnos salud.

 

Tocó el “gordo”, pero seguimos famélicos. No hay provincia tan enjuta y hambrienta como la nuestra. Si ya nos han comido el alma, la personalidad, las ideas unos cuantos malandrines de esos que alimenta el poder con sus prebendas. Zamora ya casi no existe.

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