COSAS MÍAS
Nochebuena, Navidad, las fiestas y la responsabilidad de cada cual
El pasado 22 de diciembre de 2020, cuando el “gordo” se tomó a cachondeo Zamora, leería la última edición de este año de “El Día de Zamora”; año en el que respiramos el aroma del apocalipsis. Desde el 14 de marzo, solo se nos dio la solución de un confinamiento total, sin importar lugar ni circunstancias. Nunca los políticos usaron tanto a los ciudadanos, las desgracias o el miedo. Desde entonces, con una serie de medidas, todas políticas, el mundo, Europa, el ejecutivo de la nación, de las 17 autonomías, nos estabularon, nos condujeron al redil. Hemos “tragado” con todo.
¿“Hemos salido más fuertes”?, Pedro Sánchez dixit. Ahora toca celebrar hoy la Nochebuena, y mañana la Navidad, pero a la manera diferenciada que han decidido los políticos. Nunca me gustaron estas fiestas. Desde que tuve uso de razón, me desencanté. No me va la hipocresía.
Auguro, no obstante, sin ser la Pitia, que, hacia el ecuador del primer mes de 2021, el virus se habrá enseñoreado de hospitales y centros de salud, si cada uno de nosotros no se hace responsable de las consecuencias que su frivolidad en cenas, fiestas y tertulias podría causar a la colectividad, a la sociedad, a nuestra ciudad y provincia. Ojalá me equivoque. Pero hay mucho descerebrado en todos los sectores sociales; ricos y pobres, jóvenes y adultos, hombres y mujeres. No existe distinción de sexo, ni de patrimonio, ni de edad cuando se trata de convertirse en un gilipollas.
Quizá este maldito 2020 solo nos dio un motivo para asir el futuro: el comienzo de las obras de la Biorrefinería en Barcial. La conjunción de dos personalidades como Vicente Merino y Francisco J. Requejo, fundamental para la inversión más descomunal de la historia en nuestra provincia.
Eugenio-Jesús de Ávila
El pasado 22 de diciembre de 2020, cuando el “gordo” se tomó a cachondeo Zamora, leería la última edición de este año de “El Día de Zamora”; año en el que respiramos el aroma del apocalipsis. Desde el 14 de marzo, solo se nos dio la solución de un confinamiento total, sin importar lugar ni circunstancias. Nunca los políticos usaron tanto a los ciudadanos, las desgracias o el miedo. Desde entonces, con una serie de medidas, todas políticas, el mundo, Europa, el ejecutivo de la nación, de las 17 autonomías, nos estabularon, nos condujeron al redil. Hemos “tragado” con todo.
¿“Hemos salido más fuertes”?, Pedro Sánchez dixit. Ahora toca celebrar hoy la Nochebuena, y mañana la Navidad, pero a la manera diferenciada que han decidido los políticos. Nunca me gustaron estas fiestas. Desde que tuve uso de razón, me desencanté. No me va la hipocresía.
Auguro, no obstante, sin ser la Pitia, que, hacia el ecuador del primer mes de 2021, el virus se habrá enseñoreado de hospitales y centros de salud, si cada uno de nosotros no se hace responsable de las consecuencias que su frivolidad en cenas, fiestas y tertulias podría causar a la colectividad, a la sociedad, a nuestra ciudad y provincia. Ojalá me equivoque. Pero hay mucho descerebrado en todos los sectores sociales; ricos y pobres, jóvenes y adultos, hombres y mujeres. No existe distinción de sexo, ni de patrimonio, ni de edad cuando se trata de convertirse en un gilipollas.
Quizá este maldito 2020 solo nos dio un motivo para asir el futuro: el comienzo de las obras de la Biorrefinería en Barcial. La conjunción de dos personalidades como Vicente Merino y Francisco J. Requejo, fundamental para la inversión más descomunal de la historia en nuestra provincia.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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