COPA DEL REY
El Zamora CF, apeado de la Copa del Rey, demostró orgullo y fe ante un gran Villarreal: 1-4
Hasta el minuto 72, cuando el cuadro amarillo marcó el tercer gol, los rojiblancos creyeron en sus posibilidades

No me sorprendió, en absoluto, que el Villarreal, uno de los mejores equipos de la Liga, llamado a jugar la próxima Liga de Campeones, apease al Zamora C.F. de la Copa del Rey; pero sí me sorprendió la parcialidad de un árbitro pacato, abusón con el pequeño y condescendiente con el grande, y un línea que concedió el cuarto tanto del conjunto castellonense en flagrante fuera de juego. También me sorprendió Movilla, que planteó una defensa con tres centrales, dando entrada a Rocha, y situando a Piña -¡qué gran partido el suyo!- casi de libero, mientras que Crespo se encargó de la zona izquierda de la defensa.
El planteamiento del técnico vasco resultó extraordinario, con una defensa adelantadísima hasta casi la línea divisoria del terreno de juego, tanto bien le fueron las cosas al Zamora en esa primera media hora del partido, que Emery no supo resolver el problema que le planteó el rival. Pero cuando Bacca adelantó al Villarreal, en el minuto 30, cogiendo muy adelantada a la cobertura rojiblanca, hasta ese instante, perfecta, la eliminatoria pareció decidirse. Para colmo de males, Yeremy, otro gran futbolista, marca el segundo tanto visitante en el minuto 42. Antes un colosal Mapisa mantuvo en equilibrio el partido, con cinco intervenciones asombrosas. El conjunto castellonense demostró que tiene dos plantillas, con jugadores de una calidad técnica extraordinaria y un físico imponente.

Pero, cuando iba a concluir la primera mitad, Carlos Ramos agarraba un disparo poderosísimo desde 25 metros, que se coló por la escuadra de Rulli, que poco pudo hacer por detener ese misil en forma de balón. El Zamora se iba a los vestuarios con vida.
De acuerdo que la escuadra amarilla había sido superior a la rojiblanca en esa primera entrega del partido, pero el Zamora demostró empaque, saber hacer y jugarle a un equipo de la elite del fútbol nacional.
A Movilla no le gustó la defensa de tres centrales, porque Rocha, por la zona derecha, carece de velocidad para frenar a jugadores de extrema rapidez como los castellonenses. Por lo que el técnico vasco volvió a la defensa clásica al comienzo de la segunda parte, al cambiar al central brasileño por David Hernández. Diré que el técnico vasco dejó a cuatro titulares en el banquillo en el once inicial y dio entrada a futbolistas no habituales como el ya citado Mapisa, en portería; a Rocha, como central; Abel Conejo, en la medular, y Adri Herrera que se situó como hombres más avanzado de la escuadra zamorana.
Salió con ganas el cuadro rojiblanco tras el paso por vestuarios, más cuando Juanan saltó al campo para sustituir a Conejo, con lo que se vivieron minutos de cierto equilibrio en el juego. El Zamora creyó en el empate, aunque no tuvo oportunidades diáfanas para marcar.

El Villarreal siguió a lo suyo, a trenzar buen fútbol, pero sin poner, por enésima vez, a prueba a Mapisa, hasta que en un saque de esquina, una mala salida del portero rojiblanco, ocasionó el tercer gol amarillo. Después cambios por doquier en ambos equipos.

El Zamora, en el tramo final, demostró su orgullo: incordió al rival, jugó bien en algunos instantes y no bajó los brazos, aunque espere el Deportivo el próximo domingo en el mismo escenario. Solo la parcialidad descarada del trencilla madrileño protagonizó ese tramo final del partido, que conoció el cuarto tanto visitante, gestado en un fuera de juego de un par de metros. Ni el línea se enteró ni el colegiado desautorizó a su colega.
Si se quiere, resultado muy abultado para los merecimientos del Zamora C.F. que demostró ante un superequipo como el Villarreal agresividad, saber hacer y fuerza. No intimidó a los rojiblancos la calidad técnica y potencial físico de jugadores como Capoué, Estupiñán, Chukwueze, Bacca, Yeremy, etc, sino que les motivó aún más, jugándoles de tú a tú en algunos momentos del partido, más en la segunda entrega.
Ahora hay que pensar en la Liga y ese próximo partidazo ante un equipo histórico como el Deportivo de La Coruña.

No me sorprendió, en absoluto, que el Villarreal, uno de los mejores equipos de la Liga, llamado a jugar la próxima Liga de Campeones, apease al Zamora C.F. de la Copa del Rey; pero sí me sorprendió la parcialidad de un árbitro pacato, abusón con el pequeño y condescendiente con el grande, y un línea que concedió el cuarto tanto del conjunto castellonense en flagrante fuera de juego. También me sorprendió Movilla, que planteó una defensa con tres centrales, dando entrada a Rocha, y situando a Piña -¡qué gran partido el suyo!- casi de libero, mientras que Crespo se encargó de la zona izquierda de la defensa.
El planteamiento del técnico vasco resultó extraordinario, con una defensa adelantadísima hasta casi la línea divisoria del terreno de juego, tanto bien le fueron las cosas al Zamora en esa primera media hora del partido, que Emery no supo resolver el problema que le planteó el rival. Pero cuando Bacca adelantó al Villarreal, en el minuto 30, cogiendo muy adelantada a la cobertura rojiblanca, hasta ese instante, perfecta, la eliminatoria pareció decidirse. Para colmo de males, Yeremy, otro gran futbolista, marca el segundo tanto visitante en el minuto 42. Antes un colosal Mapisa mantuvo en equilibrio el partido, con cinco intervenciones asombrosas. El conjunto castellonense demostró que tiene dos plantillas, con jugadores de una calidad técnica extraordinaria y un físico imponente.

Pero, cuando iba a concluir la primera mitad, Carlos Ramos agarraba un disparo poderosísimo desde 25 metros, que se coló por la escuadra de Rulli, que poco pudo hacer por detener ese misil en forma de balón. El Zamora se iba a los vestuarios con vida.
De acuerdo que la escuadra amarilla había sido superior a la rojiblanca en esa primera entrega del partido, pero el Zamora demostró empaque, saber hacer y jugarle a un equipo de la elite del fútbol nacional.
A Movilla no le gustó la defensa de tres centrales, porque Rocha, por la zona derecha, carece de velocidad para frenar a jugadores de extrema rapidez como los castellonenses. Por lo que el técnico vasco volvió a la defensa clásica al comienzo de la segunda parte, al cambiar al central brasileño por David Hernández. Diré que el técnico vasco dejó a cuatro titulares en el banquillo en el once inicial y dio entrada a futbolistas no habituales como el ya citado Mapisa, en portería; a Rocha, como central; Abel Conejo, en la medular, y Adri Herrera que se situó como hombres más avanzado de la escuadra zamorana.
Salió con ganas el cuadro rojiblanco tras el paso por vestuarios, más cuando Juanan saltó al campo para sustituir a Conejo, con lo que se vivieron minutos de cierto equilibrio en el juego. El Zamora creyó en el empate, aunque no tuvo oportunidades diáfanas para marcar.

El Villarreal siguió a lo suyo, a trenzar buen fútbol, pero sin poner, por enésima vez, a prueba a Mapisa, hasta que en un saque de esquina, una mala salida del portero rojiblanco, ocasionó el tercer gol amarillo. Después cambios por doquier en ambos equipos.

El Zamora, en el tramo final, demostró su orgullo: incordió al rival, jugó bien en algunos instantes y no bajó los brazos, aunque espere el Deportivo el próximo domingo en el mismo escenario. Solo la parcialidad descarada del trencilla madrileño protagonizó ese tramo final del partido, que conoció el cuarto tanto visitante, gestado en un fuera de juego de un par de metros. Ni el línea se enteró ni el colegiado desautorizó a su colega.
Si se quiere, resultado muy abultado para los merecimientos del Zamora C.F. que demostró ante un superequipo como el Villarreal agresividad, saber hacer y fuerza. No intimidó a los rojiblancos la calidad técnica y potencial físico de jugadores como Capoué, Estupiñán, Chukwueze, Bacca, Yeremy, etc, sino que les motivó aún más, jugándoles de tú a tú en algunos momentos del partido, más en la segunda entrega.
Ahora hay que pensar en la Liga y ese próximo partidazo ante un equipo histórico como el Deportivo de La Coruña.


















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