Eugenio de Ávila
Jueves, 14 de Enero de 2021
REPÚBLICO

Acabar con la Hostelería para acallar las críticas políticas

«Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio.» Duro aserto de Antonio Machado. El poeta andaluz tenía razón. Pero al español le gusta hablar, platicar, que se diría en México, de todo. Cree saber de fútbol, de toros y…de política. En Zamora, que, día de hoy, 14 de enero de 2021, sigue siendo España, la España sin gente, la España convertida en desierto demográfico, donde reír supone ya un esfuerzo, se habla mucho en restaurantes, cafeterías y bares. ¿De qué se habla? Me temo que poco de Schopenhauer y Nietzsche; nada de Brunelleschi ni tampoco de Buonarotti, menos de Bach y Mahler, ni de Cézanne ni Kandinsky. Gusta más abordar asuntos del cotilleo provinciano, verbigracia: ¿Quién le pone cuernos a la señora o que señora adorna la frente del señor? También el fútbol protagoniza cañas, vinos y viandas. Y, por supuesto, la política. Y dentro de la res pública, se criticará, ante todo, al que manda aquí y allá, en Zamora y Madrid. Y el poder sabe que no es bueno que el pueblo llano hable de las cosas públicas y de sus administradores, los políticos.

Desde el 14 de marzo de 2020, la gente ha tenido escasas oportunidades de hablar de política y de políticos. Los gobiernos así lo han procurado. De tal manera, han aprovechado los confinamientos para aislarnos, para silenciarnos, para que hablemos más de la muerte que de la vida, del presente que del futuro. De alguna manera, se han salido con lo que pretendían: convertirnos en rebaño, llevarnos del pasto al pesebre público, sancionar nuestra rebeldía. En esta misión zoológica, izquierdas y derechas mantienen idénticos criterios. A través de las televisiones hipnotizan a los espectadores, que se creen a los voceros del poder hasta creerse,  como almas pías, sus sermones. Resulta sencillo alimentar al pueblo en el abrevadero del embuste.

Y, cuando el poder intuye que el ciudadano se enoja, se enfada mucho, incluso se encabrona, con el pretexto del aumento de contagiados, cierra los espacios públicos donde el pueblo intercambia opiniones, debate, critica. Si el PP de Castilla y León, una autonomía ahistórica, cierra la Hostelería, consigue que la gente de esta tierra deje de hablar de política, de la gestión de la pandemia, de las vacunaciones con los amigos, y tampoco se hable de amor con la amante, la novia o la querida. Y un pueblo, al que se le roba la palabra y se le quita la pasión, pierde fuerza, gana cobardía, se divide, se individualiza y se convierte en nada con uniforme, en polvo en el tiempo, preparado para vivir en el redil, construido por los políticos, eses seres con aspecto humano que secuestraron la política.

Ha tiempo, antes de la pandemia vírica y la pandemia económica que se anuncia, comentaba a mis amigos que, cuando el español deje de ir a bares y cafeterías y  cenar o comer en restaurantes,  España se hallará en el umbral del apocalipsis. Entonces. ¡Sálvese quien pueda!   Los políticos, porque así lo hemos consentido, se han convertido en el mayor enemigo del pueblo. Sin duda el 666, la Bestia, administra la res pública. Toca balar. Ya nos ordeñaron y esquilaron. Mientras ellos mienten, nosotros nos morimos. Y no me pidan que deje de escribir. Me muero sin esculpir palabras. No se vivir si no escribo de amor y de política. Dejo de ser yo para transformarme en una excrecencia política.

Ahora se ha hecho el silencio, no porque los españoles sepan de lo que hablan, sino porque nos han expropiado como personas, nos han robado la palabra.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

 

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