Sábado, 29 de Noviembre de 2025

Mª Soledad Martín Turiño
Domingo, 07 de Marzo de 2021
ZAMORANA

8 de marzo...por poner una fecha

[Img #50466]Todos los ocho de marzo me gusta conmemorar y recordar el papel de aquellas mujeres que, concretamente en España, abrieron camino en una lucha difícil cuando eran invisibles, cuando no tenían más papel que ser amas de casa y paridoras de hijos, no podían abrir una cuenta corriente a su nombre, algunas empresas las contrataban para trabajar solo si estaban solteras o viudas, pero no si su estado civil era casadas; vivían bajo la tutela primero del padre y luego del marido, no podían desarrollar su capacidad ni su talento; algunas escribieron, pintaron, crearon… y muchas de esas obras fueron atribuidas a sus maridos permaneciendo ellas en la más absoluta oscuridad; por eso el ocho de marzo, por poner una fecha, es para mí importante; porque es una forma de visibilizarlas, de homenajearlas y de que situaciones así no vuelvan a repetirse.

 

Quiero recordar también a esas otras féminas que aparecen a diario en los medios de información, cuando las fuerzas de seguridad descubren alguna red de trata de seres humanos, y se comprueba como las mantienen malviviendo en condiciones atroces bajo amenazas de muerte tanto para ellas como para sus familias si hablan o denuncian; y no puedo olvidar en una fecha como hoy a esas mujeres de escasos recursos económicos, muchas de ellas maltratadas por sus maridos en el seno del hogar, que habitan un silencio oscuro, temerosas de denunciar porque se ven amenazadas y porque carecen de recursos económicos propios para salir adelante sin la presencia constante de su opresor; y me repugna cuando mueren a manos de sus parejas generando una cifra cruel y lamentable que no cesa cada año.

 

Pienso, igualmente en las mujeres de colectivos como el rural que ¡por fin! están saliendo a la luz, pero que durante siglos han vivido en la sombra, sin considerarlas asalariadas ni constar como trabajadoras cuando ejercían la misma labor que los hombres en el campo, además de las tareas que desarrollaban en el seno de la familia; ellas están ahí al lado, nos las encontramos en pueblos a pocos kilómetros de nuestras casas y todos hemos visto alguna vez. Afortunadamente las asociaciones rurales están dando visibilidad a estas mujeres que conducen tractores, labran las tierras, cuidan del ganado y, además, se ocupan de la casa y los hijos.

 

Esta fecha, por extensión, sirve asimismo de recuerdo a mujeres más lejanas geográficamente, que viven en condiciones muy difíciles, que se encuentran supeditadas a la condición de esclavas sexuales, consideradas mercancía, con las que se comercia como arma de guerra, mujeres a las que violan físicamente y también a sus derechos más elementales, mujeres a las que se tapa la cara para borrarles la identidad, a las que lapidan por considerar sospechosas de adulterio -solamente la sospecha es suficiente-, aunque no haya pruebas; mujeres a las que su familia o su tribu repudia negándoles el techo, la palabra o el abrigo y dejándolas al margen cuando grupos terroristas como Boko Haram las secuestran siendo niñas y algunas consiguen sobrevivir regresando a la aldea, a veces sujetando un bebé entre sus brazos fruto de las sucesivas violaciones, porque las consideran manchadas, están sucias.

 

Hoy recuerdo también a las niñas cuya religión todavía permite que se les practique la ablación genital en ritos a veces clandestinos, sin mínimas condiciones de seguridad y que están condenadas por ello a un futuro en el que nunca tendrán satisfacción en sus relaciones sexuales; y esto me trae a la mente otra aberración: los matrimonios forzosos de niñas, que se extienden por amplias zonas de África, Asia y América latina.

 

En este día ocho de marzo, por poner una fecha en el calendario, me gusta recordar todos esos grupos de mujeres, hermanas nuestras y, sin embargo, con vidas muy diferentes tan solo por el hecho de nacer en un lugar más desfavorecido. Quienes vivimos en este primer mundo hemos conseguido acceder a unos estudios, ejercer una profesión, ser independientes económicamente, y tener a nuestro alcance todas las ventajas que ofrece la sociedad de un mundo desarrollado.

 

Para finalizar, no quisiera que se equivocara el mensaje de la fecha del ocho de marzo; es cierto que a través de la visibilización mediante manifestaciones se hacen palpables situaciones que, de otro modo, seguirían estando en la sombra; no obstante, este año es diferente y debemos ser consecuentes con ello. Mi primer mensaje va en esta dirección y me gustaría que llegara a aquellas mujeres que confunden la falta de libertad con las restricciones sanitarias derivadas de la pandemia que llevamos más de un año sufriendo; y mi segundo mensaje es que pongamos en valor algo importante: los hombres no son enemigos, no están al otro lado; son nuestros compañeros de vida: padres, hermanos, hijos, esposos… todos ellos forman parte de nosotras y de nuestra existencia femenina, y sin ellos nosotras tampoco tendríamos razón de ser; así pues, no les banalicemos porque forman parte del mismo mundo que nosotras, y no son culpables de que durante siglos, debido a un entorno inmovilista y retrógrado, hayan disfrutado de más prerrogativas que las mujeres. Todos: hombres y mujeres formamos parte de una sociedad que es necesario cambiar en algunos de sus puntos; en un caso beneficiarán al sexo femenino, en otros habrá que luchar para que sea el masculino quien consiga algunas prebendas de las que ahora carecen. 

 

En este ocho de marzo, por poner una fecha, viene bien que meditemos sobre igualdad, pero convendría también expandir la reflexión y luchar para que cada vez menos mujeres se vean obligadas a carecer de los derechos más básicos, vivan donde vivan, y darles voz porque es muy difícil que ellas puedan hacerlo sin ayuda. 

 

Mª Soledad Martín Turiño

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